Barcelona está llena de rincones magníficos. Plazas, calles, esculturas, edificios, patios o fachadas llenas de talento artístico y una belleza asombrosa. A pesar de ello, muchos de estos espacios son desconocidos para los habitantes de la ciudad. Incluso tienen una historia que ni siquiera sus vecinos conocen. 

Inma Santos Herrera, periodista barcelonesa especializada en la capital catalana, desvela cada semana a los lectores de Metrópoli Abierta algunos de los espacios más escondidos e interesantes de la urbe, a los que no se les presta demasiada atención.

RECOPILACIÓN DE LOS MEJORES RINCONES

En sus artículos describe a la perfección los detalles más peculiares de cada uno de los lugares que escoge. Aparte, la autora de La Barcelona invisible publica más curiosidades y rincones de Barcelona en su cuenta de Instagram @inmasantosherrera [link directo

En esta fotogalería, Metrópoli recopila todos y cada uno de los singulares espacios que analiza Santos para terminar conformando una guía estructurada y fidedigna de los mejores rincones de Barcelona

La fuente que cayó durante los ataques de la Guerra Civil
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La fuente que cayó durante los ataques de la Guerra Civil

Érase una vez una Jirafa coqueta y un Toro pensador...
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Érase una vez una Jirafa coqueta y un Toro pensador...

Es innegable que la Rambla de Catalunya desprende un encanto especial y señorial, además de sentido del humor y cierta ironía... con mucho arte. Basta con fijarse en las dos estatuas de animales humanizados que delimitan este magnífico paseo. Al principio, junto a la Gran Via, tenemos al Toro pensador y en la avenida Diagonal nos sorprende la Jirafa coqueta. Ambas estatuas son de Josep Granyer y están inspiradas en obras maestras como el pensador de Rodin y Paulina Bonaparte de Antonio Cánova, respectivamente.

En 1970, el Ayuntamiento de Barcelona estaba a punto de aprobar un proyecto urbanístico que convertiría la Rambla de Catalunya en una arteria de circulación. Y entonces, entró en acción la asociación Amics de la Rambla de Catalunya para impedir que el proyecto se hiciera realidad, recurrieron al arte y contraatacaron con una propuesta artística que consistía en la creación de un paseo de diez esculturas de Josep Granyer cuya seña de identidad era crear animales en actitudes humanas desde una perspectiva satírica. La estrategia salió bien y este segundo proyecto fue aceptado, aunque no se llevó a cabo en su totalidad: solo se hicieron la primera y la última. Así fue como Granyer dio forma al Toro pensador y a la Jirafa coqueta¿En qué piensa él? ¿Para quién posa ella?

Los 38 animales del zoo de la calle Verdi
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Los 38 animales del zoo de la calle Verdi

En 1893, Gràcia aún no formaba parte de Barcelona, era un pueblo independiente, y Miquel Call i Millàs, contratista de obras, decidió edificar un inmueble en el actual número 7 de la calle Verdi, en la esquina con Vallfogona. Ese año causaba furor el modernismo en Barcelona: se terminaba el vecino mercado de la Llibertat y el palacio Montaner, de Lluís Domènech i Montaner; Josep Vilaseca iniciaba la casa Enric Batlló del paseo de Gràcia...

Para llevar a cabo su ambicioso proyecto, Call i Millàs le hizo el encargo a un desconocido arquitecto, Joan Marsant Sola, al que se le fue la mano y edificó un cuarto piso, una ilegalidad que le valió una seria advertencia del Ayuntamiento. Pero no es su altura lo que llama la atención en este edificio, sino su exuberante decoración de piedra y sus balcones de hierro forjado, un trabajo artístico excepcional.

La fachada en la calle Vallfogona tiene una composición de aperturas de seis ejes verticales mientras que la de la calle Verdi dispone de tan solo dos. Es de estucado liso y se completa con unas pinturas que recorren como un friso cada una de las plantas. Estas presentan motivos florales en la planta superior, y diferentes animales en el resto. En total, se pueden contar 38 medallones esgrafiados en su doble fachada, todos con representaciones animalescas. Un pequeño y particular zoo.

Una plaza a la sombra de la chimenea de Can Gili Vell
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Una plaza a la sombra de la chimenea de Can Gili Vell

Entre las calles Ciudad de GranadaDoctor TruetaRoc Boronat y el pasaje Mas de Roda, en el barrio de la Plata del Poblenou, se extendía la fábrica de harina Can Gili Vell. Un molino de grano, una torre de fabricación de harina, una chimenea y varias naves anejas dedicadas al almacenamiento del grano integraban esta antigua fábrica propiedad de Andreu Gil i Guardiola cuyos orígenes se remontan a antes de 1877. El conjunto estaba rodeado de un muro cuya puerta de entrada daba a la calle Ciudad de Granada

Una inmobiliaria compró el conjunto fabril con el fin de crear pisos de lujo y edificios de oficinas. No se respetó el perímetro original, se derribaron todas las naves y el patio de entrada quedó reducido a una plaza abierta en las calles Ciudad de Granada y Doctor bautizada como plaza de Mercè Sala. En los terrenos donde estaban las naves, en la calle Roc Boronat, se construyó un gran edificio de oficinas, en el resto, viviendas. Y el resultado, a pesar de que pueda parecer una historia de destrucción, es un acogedor y tranquilo rincón donde modernidad y patrimonio combinan perfectamente.

La Unión Metalúrgica: un ejemplo de la diversificación industrial en Poblenou
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La Unión Metalúrgica: un ejemplo de la diversificación industrial en Poblenou

“La Unión Metalúrgica”, puede leerse en la fachada que preside la esquina de la calle de Pamplona con Almogàvers. Es lo único que queda de este edificio tras su derribo en 2004. Por encima de la antigua fachada sobresalen los edificios de oficinas, llamados Verde y Azul, unos 15.700 metros cuadrados para un complejo que incluye un apartahotel de siete plantas. Un ejemplo más de este barrio de contrastes donde el pasado industrial se funde con la modernidad del presente.

La Unión Metalúrgica fue creada en 1889 por Dionisio Bobina, aunque no se constituyó como sociedad anónima hasta 1903 con la asociación de cinco inversores más. Al principio se dedicaba a la compra, venta y fundición de materiales y objetos de hierro y otros metales, pero a principios del siglo XX fue denunciada porque algunas construcciones eran ilegales. Esto se resolvió con la remodelación del edificio entre 1908 y 1914. A esta última fecha corresponde este pabellón de entrada, obra de Josep Maria Plantada. A partir de entonces, la sociedad incluyó entre sus actividades la construcción de naves, cubiertas y nuevos edificios. El 31 de diciembre de 1936, con motivo de la Guerra Civil, La Unión Metalúrgica se constituye como colectividad obrera destinada para la industria de guerra.

 

 

Nueve ángeles revoltosos en la Rambla Catalunya
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Nueve ángeles revoltosos en la Rambla Catalunya

Rambla Catalunya, 118. Nueve angelotes rosados y asexuados juguetean entre el follaje. De pelo rubio y castaño, cada uno con algún objeto entre las manos, en grupo o individualmente, mueven sus alitas blancas enredándose entre telas azules en el llamativo esgrafiado central que decora la fachada de la casa Marfà (cuidado, no confundir con la Casa Viuda Marfà, en el paseo de Gràcia 66, y construida algunos años después por el mismo arquitecto y para la misma familia). El edificio entre medianeras, de estilo ecléctico, fue construido en 1899 por el arquitecto Manuel Comas i Thos.

Consta de planta baja y cinco pisos, con balcón corrido en el primero, segundo y quinto piso. Esta estructura delimita el panel central donde destaca con sus tonos verdes, rosados y marrones, el citado esgrafiado. No es el único detalle a destacar en esta construcción proyectada para uso residencial: las barandillas de hierro de todo el edificio están decoradas con delicadas figuras de mariposas.

Pasen y vean... ¡una típica casa gótica!
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Pasen y vean... ¡una típica casa gótica!

“Galerías Sant Jordi”​, anuncia un pequeño cartel con letras góticas en azul sobre cerámica blanca, en el número 9 de la calle del Veguer, en Ciutat Vella. No es el único cartel que obliga a detenerse, en otras dos placas puede leerse: “Pozo Medieval” y “Cripta Romana”. Aunque es cierto, que uno solo repara en ellos, después de dejarse embrujar por la particular tribuna de hierro del primer piso y el portón de madera que invita a entrar. En su interior aguardan pequeños tesoros: obras de arte de temática religiosa, iconografías de Santos, obras de madera esculpida, pinturas antiguas y modernas e incluso recuerdos a modo de souvenir para quienes están de paso por la ciudad.

Pero Galerías Sant Jordi es mucho más que una tienda de arte y reliquias. Sus paredes atesoran siglos de historia, y aunque no puede contar todo cuanto ha visto pasar ante sus puertas y ventanas, al menos sí permite descubrir una típica casa gótica de este antiguo barrio. Una curiosidad arquitectónica más de las que atesora esta corta calle que debe su nombre precisamente a la figura del veguer. En la Edad Media era la autoridad delegada de la Corona, con jurisdicción gubernativa, administrativa y judicial, y tenía su palacio al final de la calle, en la entrada de la plaza del Rei.

Can Picó: un almacén industrial de 1905 para un proyecto sostenible del siglo XXI
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Can Picó: un almacén industrial de 1905 para un proyecto sostenible del siglo XXI

Can Picó es un edificio del patrimonio arquitectónico industrial del Poblenou. Era una vivienda almacén formada por dos edificaciones, propiedad de Miguel Picó i Jou. Heredó el negocio de su padre, Ramón Picó, que se dedicó a diferentes actividades industriales: molino de sal, depósito de tierras refractarias, carbón mineral y vegetal, ladrillos refractarios y fabricación de colores, pinturas y barnices. Le sucedió y obtuvo su mayor éxito y fortuna como armador en el transporte de la sal y como promotor urbanístico.

La nave estaba a menos de 100 metros de la vivienda familiar, situada en la calle Pallars 105-107 y formaba parte del mismo edificio, aunque se construyó más tarde, en 1905, cuando Miguel Picó compró los terrenos. El maestro de obras fue Josep Masdéu. Años después de levantar la vivienda, el edificio contiguo fue ocupado, primero, por la Hispano Olivetti, y posteriormente, por Permanyer SA., fabricante de las motocicletas Montesa. Las dos edificaciones forman un conjunto catalogado como Bien de Interés Urbanístico (Nivel C) y actualmente acogen el BiciHub.

Leche recién ordeñada en la vaquería Benosa-Pau
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Leche recién ordeñada en la vaquería Benosa-Pau

Una pequeña espadaña vacía preside el perfil ondulante que corona el edificio ubicado en el número 141 de la calle de Sants, en el distrito de Sants-Montjuïc. Ese hueco lo ocupó en su día una campana que posiblemente se utilizaba para avisar que la leche ya estaba ordeñada y lista para pasar a recoger. Pertenecía a la vaquería Benosa-Pau.

El edificio, de estilo modernista, fue proyectado por Francesc Ferriol Carreras, y se construyó, bajo la dirección de Modest Feu Estrada, en 1902. Se trata de una vivienda unifamiliar con la vaquería en la planta baja y vivienda en la primera.​ En la planta baja destaca el acabado en piedra, imitando sillares, con trabajados relieves florales. A lado y lado de la puerta principal, que hoy da acceso a una tienda ecológica, dos cabezas de vaca miran la vida pasar, cada una sobre un adorno floral de piedra que corona las dos aberturas laterales de tipo ojival. Son una clara referencia a la actividad que se llevaba a cabo en la casa.

Una fachada gótica construida sobre la muralla romana
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Una fachada gótica construida sobre la muralla romana

En el número 5-7 de la calle del Call, se alza un edificio residencial de estilo gótico, del siglo XIV-XV, restaurado posteriormente añadiendo una segunda hilera de ventanas coronellas, altas y estrechas, partidas por una delgada columna de piedra, sobre las que se apoyan arcos de medio punto. Aunque lo más destacado de esta casa no está en sus ventanas sino en la fachada, construida sobre la muralla romana de Barcelona.

Las irregularidades de piedra en la fachada del actual edificio son parte del paso de ronda de la antigua muralla romana del siglo IV d.C. Esta tenía una altura de unos 10 metros y un foso de entre 5 y 10 metros de profundidad donde desembocaban las alcantarillas de la ciudad. Entre el foso y la muralla discurría el citado paso de ronda.

Una joya medieval oculta en Sant Genís dels Agudells
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Una joya medieval oculta en Sant Genís dels Agudells

La Iglesia de Sant Genís dels Agudells, en el barrio barcelonés del mismo nombre, es una de las diez parroquias más antiguas de Barcelona. El edificio actual es de 1571, pero fue fundada en el año 931, dedicada al mártir romano Genís el Comediante, y al mártir provenzal Genís El Escribano (un caso de duplicación de personalidad hagiográfica). El año 1359 pasó a depender del monasterio de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron, y, en 1867, a la parroquia de Sant Joan d’Horta.

El conjunto medieval de Sant Genís dels Agudells está formado por la iglesia, la rectoría, el cementerio parroquial y la masía de Can Safont, del siglo XIII. El templo tiene una sola nave con crucero, varias capillas y una puerta adintelada. Buena parte de los ornamentos, mobiliario e imágenes originales se perdieron en un incendio, al inicio de la guerra civil, en 1936. Pero en su interior guarda una imagen del padre Francesc Palau, fundador de los Penitentes, y en la fachada se conserva, esculpida, una cruz gótica.

La Pineda, un rincón con ‘caliu’ y auténtico sabor barcelonés
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La Pineda, un rincón con ‘caliu’ y auténtico sabor barcelonés

Un letrero amarillo con letras azules anuncia su nombre, La Pineda, y una carpa que en otro tiempo fue blanca anuncia también su año de origen. La fachada pintada de gris enmarca la puerta de entrada a un mundo de colores y olores que se despliega en su interior. El Bar-Charcutería La Pineda ofrece “un servicio insuperable de toda clase de fiambres, conservas, embutidos, selectos, rotisseria (asador), platos fríos, etc. Además de una sección de Granja-Bar para degustación de todos sus artículos”. Desde entonces, apenas ha cambiado estéticamente.

Situada en la calle del Pi número 16, La Pineda es uno de los clásicos de Barcelona para disfrutar de platillos de calidad. Allí sigue desde 1930 atrayendo a una clientela que se deja seducir por la excelente calidad de sus quesos, embutidos y conservas y, sobre todo, por ese ambiente único, ese caliu con solera, que la hace especial y auténtica.

Fabra & Coats, de fábrica de hiladuras... a fábrica de creación
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Fabra & Coats, de fábrica de hiladuras... a fábrica de creación

En 1837, Ferran Puig i Gibert fundó El Vapor de Hilo. En 1903, los "Sucesores de Fabra y Portabella" se unieron con la empresa escocesa de la familia Coats y dieron lugar a la "Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats", conocida desde entonces como Fabra & Coats, que fue ampliando sus instalaciones hasta convertirse en un gran complejo industrial, activo hasta principios del siglo XXI. La construcción sigue la tradición inglesa de edificación industrial de mediados del siglo XIX, con estructura de fábrica de ladrillo macizo y pilares de fundición que soportan jácenas y vueltas atirantadas creando espacios diáfanos. En 1890 se levantó el pabellón longitudinal de una sola planta y obra vista, anexo al muro de cierre del recinto industrial por la calle de Sant Adrià (edificio A). 

El Ayuntamiento de Barcelona adquirió el recinto y una parte del complejo industrial en un centro cultural que acoge un laboratorio de creación artística, la Fabra i Coats-Fábrica de Creación, el Centro de Arte Contemporáneo, el Centro Cultural Can Fabra, la Biblioteca Ignasi Iglésias, el Casal de Barrio de Sant Andreu, el espacio social y cultural Josep Bota y la plaza de Can Fabra.

Una joya temprana de Puig i Cadafalch en la calle de Boqueria
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Una joya temprana de Puig i Cadafalch en la calle de Boqueria

Es imposible no detenerse frente al número 12 de la calle de la Boqueria. La casa Francesc Martí i Puig atrae inevitablemente las miradas de turistas y no turistas. Existían algunas dudas acerca de su autoría, que quedaron despejadas en 2010: efectivamente, es una obra temprana de Josep Puig i Cadafalch. El arquitecto recibió el encargo en 1898 de reformar la fachada y tiró de la inspiración historicista y las soluciones estéticas que acababa de ensayar un año antes, en Mataró, en la casa de Joaquim Coll i Regàs, como el remate almenado o el soberbio esgrafiado que cubre toda la fachada.

El estilo modernista de carácter neogótico se manifiesta sobre todo en el portal de la planta baja de perfil interior lobulado, exteriormente rodeado de follaje como su pináculo y con dos curiosas impostas que representan la cabeza de un caballero (derecha) y una dama (izquierda) –posiblemente los señores Martí– y parecen dar la bienvenida al visitante. Una moldura escalonada rodea la puerta de entrada, que contiene en su interior un relieve cerámico que reproduce flores. La reforma emprendida por Puig i Cadafalch afectó las aberturas de las dos primeras plantas y recubrió el edificio con un esgrafiado de temática floral. Se conservaron los marcos de piedra de las plantas superiores, los sillares también de piedra de la esquina y el arco rebajado moldurado y con varios relieves geométricos, así como la fachada de la calle de Quintana.

Un ‘castell’ imaginado en honor de los ‘Borinots’ de Sants
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Un ‘castell’ imaginado en honor de los ‘Borinots’ de Sants

Un gato de Botero para una bruja llamada Barcelona
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Un gato de Botero para una bruja llamada Barcelona

Si Barcelona fuera una mujer de la Edad Media, seguro que acabaría en la hoguera condenada por bruja por la Santa Inquisición, porque esta ciudad también tiene su propio gato negro: el Gato de Botero. Este enorme felino de bronce, obra del escultor colombiano, fue adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona, en 1987. Estuvo algún tiempo en la Ciutadella y de allí se lo llevaron al Estadi Olímpic durante los JJOO de 1992. Más tarde, fue a parar a la plaza de Blanquerna, detrás de las Drassanes. Colocado sobre una peana, vigilaba la entrada de uno de los jardines más desconocidos de la ciudad, los jardines Baluard. Hasta que un día, después de 15 años de vida errática, empezó una nueva etapa en su emplazamiento actual: la Rambla del Raval.

Casualidades del destino –o no–, resulta que sus cuatro patas se posan sobre un lugar peculiar. Y es que en la intersección que forman la Rambla del Raval y la calle de Sant Pacià, al final de la calle de la Cadena, rodeada en los siglos XIV-XVIII por campos, estaba la tercera fuente más famosa de Barcelona, después de la de Canaletes y la Font del Gat: La fuente de las Brujas. Según Joan Amades, esta fuente “proveía de agua a los saludadores, brujas y gente que vive de las malas artes, para hacer remedios y pócimas de carácter mágico y encantador”.

 

 

El Patronat Ribas, de orfanato a instituto
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El Patronat Ribas, de orfanato a instituto

El actual instituto Vall d'Hebron está ubicado en la antigua finca de Can Besora, situada entre el paseo de la Vall d’Hebron, el antiguo camino de Sant Genís y el torrente de Collserola. A principios del siglo XX, los hermanos RossendFrederic y Lluís Ribas Regordosa, miembros de una familia de Rubí enriquecida con la industria textil, decidieron emprender acciones destinadas a favorecer a los hijos de sus obreros, entre ellas, la creación de un orfanato en Barcelona. Su deseo se hizo realidad en 1919 cuando el Patronat Ribas –creado por los hermanos para gestionar su patrimonio– adquirió la finca de Can Basora.

El arquitecto elegido para realizar el proyecto fue Enric Sagnier, que diseñó el orfanato escuela siguiendo el método Montessori: creó un edificio adelantado a su época, con salas de estudio amplias y luminosas, laboratorios, sala de cine sonoro, enfermería e incluso aparatos de rayos X. Tenía capacidad para acoger a 800 niños, aunque nunca hubo más de 200, y estuvo en activo hasta principios de los años setenta, cuando salió a subasta. Gracias al movimiento vecinal, que pedía destinar el edificio a centro educativo, el Ayuntamiento lo compró y lo convirtió en un instituto.

Una farola ignorada al principio de La Rambla
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Una farola ignorada al principio de La Rambla

En el extremo superior de la Rambla se erige una monumental farola art déco. Es la única superviviente de las ocho que Puig i Cadafalch proyectó en su propuesta para urbanizar la plaza Catalunya y que fue descartada tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, en 1923. Francesc de Paula Nebot ganó el nuevo concurso para urbanizar este espacio y decidió mantener la distribución de faroles prevista por Puig i Cadafalch. El nuevo arquitecto encargó a Féliz de Azúa el diseño de las farolas. El resultado fue una columna de granito rodeada por cuatro luces de bronce custodiadas por cuatro ángeles y coronada por una linterna esférica.

La idea era que el rey Alfonso XIII inaugurara la plaza, pero las prisas por terminarla y los recortes de presupuesto provocaron la dimisión de Nebot y que las farolas proyectadas fueran descartadas. Todas, excepto una, porque ya habían fabricado la primera y la había entregado al ayuntamiento. Nadie sabía muy bien qué hacer con aquella enorme farola, hasta que alguien se aprovechó y la colocó al principio de la Rambla coincidiendo con el inicio de la Exposición Universal de 1929. En los años 30 del siglo pasado se la conocía como “el culé solitario”, porque quedaba apartada de las tertulias sobre el fútbol y el Barça que se entablaban en esta parte de la Rambla alrededor del desaparecido quiosco de bebidas de Canaletas.

Un mercado para Sants diseñado por Falqués
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Un mercado para Sants diseñado por Falqués

El Mercado de Sants nació como un mercado al aire libre en la calle de Sant Crist, a mediados del siglo XIX,  pero vivió dos traslados posteriores, primero a unos terrenos cedidos por la familia Salat –donde hoy está la plaza de Osca– y después a su ubicación actual, que eran los terrenos de un antiguo huerto, conocido como Hort Nou. De ahí que se conociera con el nombre de Mercat Nou, que después tomó también la parada de metro cercana. Aquí se levantó el edificio, proyectado por el arquitecto municipal Pere Falqués, entre 1898 y 1913, poco después de la agregación de Sants al municipio de Barcelona.

El edificio, de obra vista, está compuesto por tres cuerpos con la fachada también en tres partes que corresponden a cada uno de ellos. Cada una de estas partes presenta una estructura piramidal coronada por pilares decorativos. En esta fachada destacan una serie de ventanas estrechas con piezas de cerámica verde y unas cenefas de cerámica que se repiten en las fachadas laterales. Pese al modernismo imperante en la época, Falqués optó por alejarse del movimiento arquitectónico y acercarse más a un estilo que recuerda a las construcciones de la Exposición Universal de 1888, periodo en que el arquitecto se estaba aún formando.

La Casa Jaume Estrada, una joya modernista en Sants
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La Casa Jaume Estrada, una joya modernista en Sants

En la calle de Sants número 54, en la esquina con la calle Salou, se encuentra uno de los edificios más interesantes de esta vía comercial: la Casa Jaume Estrada. Esta pequeña joya modernista es obra del arquitecto Modest Feu i Estrada y fue construida entre 1906 y 1908

Las dos fachadas se unen en la esquina, que actúa como rótula entre ambas. En ella se proyecta una tribuna semicircular con cristaleras policromadas y dos columnas salomónicas con ornamentación floral y unos medallones de piedra con relieves vegetales entre los que emerge un rostro de mujer. Es peculiar la estructura del piso superior, donde destacan pequeños balcones con barandillas de forja, separados por columnas emparejadas. En esta parte del edificio llaman la atención unos mosaicos cuadrangulares policromados realizados con teselas de cerámica esmaltada y vidrio. Cada uno de ellos representa a una mujer en la naturaleza. 

Horta, la pequeña lavandería de Barcelona
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Horta, la pequeña lavandería de Barcelona

La calle Aiguafreda conserva parte de la esencia de Horta. Por su riqueza en aguas subterráneas se convirtió, desde el siglo XVIII y hasta principios del XIX, en el lavadero de la burguesía barcelonesa. En esta zona vivían hombres que trabajaban como jornaleros en las fábricas de la ciudad. Las mujeres, desde el siglo XVIII, se dedicaban a hacer de lavanderas para los burgueses. Recogían la ropa sucia de los señores todos los lunes y la devolvían limpia los sábados.

El tiempo y las reformas han borrado todos los vestigios, solo resisten las casas de la calle Aiguafreda. Su nombre se debe a la enorme cantidad de agua que recorría el subsuelo y que salía de los pozos a baja temperatura. Entrar en este pequeño callejón es viajar al pasado.

Casa Beethoven, la última tienda centenaria de música de La Rambla
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Casa Beethoven, la última tienda centenaria de música de La Rambla

Casa Beethoven levantó su persiana en el número 29 de esta famosa vía en 1880 y, desde entonces, ofrece como su rótulo indica, música y partituras. Aparentemente es solo un pequeño negocio, pero guarda grandes tesoros. Sus estanterías y cajones de madera guardan 30.000 partituras. Es el único negocio histórico especializado en música que queda en La Rambla. 

Nació con el nombre de Casa Guardia, pero, en 1910, Lluis Gonzaga Gordá (1869-1951) compró el negocio, le cambió de nombre cinco años después y lo convirtió en el referente musical que es actualmente. Gonzaga, tío abuelo del actual propietario, Jaume Doncos, se convirtió en un compositor especializado en zarzuela en México, aunque su carrera se vio truncada por la Revolución de Emilio Zapata en 1910, el mismo año que adquirió la tienda.

Un poblado de casitas blancas, en la ladera de Montbau
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Un poblado de casitas blancas, en la ladera de Montbau

Antes de introducirse por las calles arboladas de Montbau, vale la pena desviarse y subir por la calle de la Cerámica. En la ladera boscosa, destaca un conjunto de viviendas de color blanco y escalonadas, que forman terrazas con maravillosas vistas al mar.

La urbanización “Las casitas Blancas” fue diseñada por el arquitecto Joan Bosch i Agustí en 1963, en el marco de la intervención urbanística. Construidas por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, forman un curioso poblado de 58 viviendas en dúplex concebidas, en realidad, como un solo edificio. Esta intervención fue galardonada con Premio FAD en 1984.

Para adaptarse al terreno de la ladera, las viviendas están dispuestas en forma de abanico y trepan sobre el terreno por medio de escaleras que ayudan a salvar la pendiente. Con todo, el interior constituye un curioso entramado de pasajes escalonados con zonas ajardinadas que discurren bajo las viviendas.

Un monumento al vino para un rincón de Sant Andreu
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Un monumento al vino para un rincón de Sant Andreu

Junto a la Meridiana, al final de la calle Sant Hipòlit hay una antigua prensa de vino del siglo XVIII. La pieza, que conserva parte de sus elementos originales, fue hallada en la antigua la masía que dio nombre a la plaza, mientras se llevaban a cabo los trabajos de derribo de la casa en el terreno donde actualmente se alza un bloque de pisos. La masía pertenecía a la familia Bogunyà, establecida en Sant Andreu del Palomar desde el siglo XIV, que se dedicaba a la producción de vino y al transporte de mercancías mediante galeras. La masía, sin embargo, está datada en el siglo XIX, cuando los Bogunyà decidieron convertir las tres casas que ocupaban el terreno, en una única masía.

La antigua masía de Can Xandri había sido declarada por el ayuntamiento de Sant Andreu del Palomar casa del sargento. Eso significaba que los propietarios tenían la obligación de alojar a un sargento en el caso de que unidades militares se instalaran en el antiguo municipio.

Un jabalí en los jardines de la calle Tir
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Un jabalí en los jardines de la calle Tir

Este porc senglar de Barcelona es un ejemplar de bronce de 300 kilos.  La obra del artista Jorge Egea, que rinde homenaje a este animal que le ha ganado terreno poco a poco a la ciudad, posa sobre su peana. Lo hace en una postura forzada y más propia de un humano que de su especie, e incluso sonríe, listo para ser fotografiado.

Se sitúa en Sant Genís dels Agudells, en los jardines de la calle Tir, que abrieron al público en el 2019.

Un castillo de piedra blanca para un ‘thriller’ apocalíptico
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Un castillo de piedra blanca para un ‘thriller’ apocalíptico

En el número 2 de la calle Jonqueres se alza el Casal de la Previsió, un edificio monumental construido por Enric Sagnier en 1920. De estilo modernista goticista, presenta un cuerpo central flanqueado por dos torres cuadradas almenadas con las esquinas redondeadas y coronadas con pináculos. Esta estructura le confieren un aire de castillo medieval construido en piedra blanca. La ornamentación escultórica ha sido atribuida a Eusebi Arnau i Mascort.

Este singular edificio fue uno de las localizaciones del rodaje de la película Los últimos días, de Álex y David Pastor. Un thriller de ciencia-ficción, sobre un futuro próximo apocalíptico, en el que un extraño virus se expande, provocando que la población sienta pánico por los espacios abiertos (agorafobia) o por salir a la calle.

Saturno y Urania dialogan sobre la obra alquímica en la Casa Xifré
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Saturno y Urania dialogan sobre la obra alquímica en la Casa Xifré

Urania coeli motus scrutatur et astra (El movimiento del cielo y las estrellas es observado por Urania), dice el verso de Ausonio, escrito bajo el relieve que corona la fachada central de la Casa Xifré. En él habitan dos dioses: Saturno-Cronos (el Tiempo) y Urania (la Ciencia). El conjunto forma un original reloj de sol en donde la Ciencia dialoga con el Tiempo, a través de los dos relojes: el de arena, y el de esfera, que marca las horas solares. 

El propietario de este singular edificio, Josep Xifré, fue un famoso indiano catalán que amasó su fortuna en Cuba gracias al curtido de pieles y el comercio de azúcar y café. En 1831, decidió instalarse definitivamente en Barcelona. Adquirió gran parte de los terrenos del actual Paseo de Isabel II y edificó la casa Xifré. Al margen de los arcos en la planta baja, destaca por la cantidad de relieves en la fachada. Unos hacen referencia a las ‘indias’, como los rostros esculpidos de los conquistadores y navegantes o los indígenas; otros tienen un significado particular claramente vinculado a la masonería y se unen a otros elementos de la fachada, con un objetivo claro por parte de Xifré, del que se sospecha que estaba relacionado, directa o indirectamente, con la masonería: transmitir la obra alquímica. El día 10 de noviembre de 1839 este edificio fue el primero en ser fotografiado en España junto a la Lonja, sin embargo no se conserva el daguerrotipo original.

Caperucita Roja y el Lobo Feroz reescriben su cuento en el paseo de Sant Joan
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Caperucita Roja y el Lobo Feroz reescriben su cuento en el paseo de Sant Joan

En el paseo de Sant Joan, entre la calle Còrsega y Rosselló, sale al paso una Caperucita Roja con su Lobo Feroz, que refleja una imagen muy diferente a la que narran la mayoría de los cuentos populares. En actitud cariñosa y entrañable, con una sonrisa en la cara, la niña, con su caperuza puesta y la cesta en el brazo izquierdo, deja caer su mano derecha sobre la cabeza un lobo que aparenta más ser un perro fiel que una bestia salvaje capaz de comerse a nadie.

Es una de las pocas obras públicas del escultor catalán Josep Tenas. Realizada en 1921 y fundida en bronce por Gabriel Bechini, fue diseñada originalmente para otra fuente que había en los jardines de Víctor Pradera, pero se acabó utilizando para vestir y enriquecer el paseo de Sant Joan. 

Una Venus clásica, en el jardín novecentista del Mas Revetllat-Pla
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Una Venus clásica, en el jardín novecentista del Mas Revetllat-Pla

Adolf Florensa diseñó en 1930 La Fuente de la Venus de Fréjus, de estilo novecentista, para decorar el jardín de la antigua finca del Instituto Ravetllat-Pla, un terreno actualmente abierto al público con el nombre de Jardines del Doctor Pla i Armengol, como homenaje al propietario. 

Sobre un pequeño estanque polilobulado se alza un edículo con un nicho central rematado con un frontón presidido por una concha esculpida en piedra. En el centro del nicho, emerge Venus o Afrodita, con gesto tranquilo y sereno. Su pecho Izquierdo está al descubierto y el manto, que aguanta entre los dedos de la mano derecha, le cae sobre el hombro. En la mano izquierda sostiene la famosa manzana de la discordia que se disputaron las diosas Atenea, Hera y Afrodita para ver cuál de las tres era la más hermosa. Separadas del cuerpo central por columnas fajadas, dos alas laterales de forma cóncava y rematadas con volutas y jarrones de piedra completan el conjunto.

Esta estatua de Florensa es una copia de la Venus Fréjus del siglo IV a.C, de un estilo derivado de Fidias y actualmente a buen recaudo, en el Museo del Louvre, en París.

Un homenaje ochentero a Gaudí en el Turó de la Rovira
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Un homenaje ochentero a Gaudí en el Turó de la Rovira

En el número 7 de la calle de Marià Labèrnia, que lleva hasta la cima del Turó de la Rovira, destaca un edificio curioso, construido según los datos del catastro en 1989, que imita claramente el estilo y las técnicas gaudininanas.

El zócalo de la fachada tiene una forma ondulada y está decorado con un trencadís a base de piezas de cerámica esmaltada de forma irregular, en colores gris claro y oscuro, azul y marrón. El perímetro del tejado está decorado con una faja que alterna tramos de color azul y amarillo y el centro es blanco con una faja ondulada reseguida de rojo. Aunque lo que más llama la atención ya a lo lejos es la cruz que corona la casa, revestida con piezas de color blanco. Sin duda, un homenaje particular a Gaudí de autor desconocido.

El Instituto Ferran, de oasis de la ciencia a isla de la educación
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El Instituto Ferran, de oasis de la ciencia a isla de la educación

En la esquina de la calle Garcilaso con Acàcies sobrevive lo que un día fue el Instituto Ferran, conocido así popularmente por su fundador, el Doctor Jaume Ferran i Clau. Especializado en bacteriología y microbiología, consiguió las vacunas contra el cólera, la tuberculosis, mejoró la antirrábica de Pasteur y desarrolló otras para animales. El Dr. Ferran adquirió unos terrenos en 1903 junto a la antigua carretera de Horta a La Sagrera, que hoy conocemos con la calle Garcilaso. Allí, después de su destitución como director del Laboratorio Microbiológico Municipal, en 1905, se encerró para seguir investigando.

Aquel espacio era una especie de oasis de la ciencia en el distrito de Sant Andreu. Tras la muerte del Doctor Ferran el 22 de noviembre de 1929, los doctores Roux, J. Vila Ferran y Roque Martín continuaron su labor investigadora, pero centrada en la hidrofobia. Hasta que, en 1973, el Ayuntamiento adquirió la finca para construir años más tarde una escuela pública Dr. Ferran y el instituto de enseñanza L’Alzina. Actualmente, el terreno acoge también una escuela de primaria y una guardería, una escuela y una guardería.

La Antiga Cereria Lluís Codina, una historia de cirios, alpargatas… y turrones
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La Antiga Cereria Lluís Codina, una historia de cirios, alpargatas… y turrones

Una tienda de Virginias, la marca de chocolates y turrones, ha aparecido como por arte de magia en el corazón del Gòtic. Se ha instalado en la calle del Bisbe, en la Antiga Cereria Lluís Codina, un comercio emblemático de Barcelona, que se dedicó a la venta de velas de cera desde el 1825 hasta su cierre en 2016 y que reconvertido en la alpargatería Dos Espadrilles, en 2017.

El establecimiento tiene dos escaparates en los laterales con una estructura de madera perimetral montada sobre una reja de hierro fundido con pequeñas balaustradas. La puerta de la entrada está formada por una estructura de tres hojas de madera que crean una zona de vestíbulo con la puerta vidriera grabada al ácido. El rótulo, al nivel de los dinteles, ocupa los tres portales de fachada y es de vidrio pintado con pan de oro. En la parte superior central del rótulo hay un panel decorativo con un escudo rodeado por el texto "cera verde de abeja", sujeto por una filigrana de talla de madera. En el interior del local, se conserva el suelo de cuadros blancos y negros

Un dragón de acero custodia el parque de la España Industrial
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Un dragón de acero custodia el parque de la España Industrial

Un inmenso dragón con las alas extendidas y las fauces bien abiertas custodia el parque de la España Industrial desde 1987. La obra del artista vasco Andrés Nagel está realizada con placas de acero recortadas con perfiles abstractos. Mide siete metros de altura y pesa unas 150 toneladas.

Pero este es solo uno de los muchos ejemplares que custodian Barcelona, no en vano es conocida como “la ciudad de los mil dragones”. Los dragones y saurios que custodian Barcelona pueden encontrarse en todos los tamaños y colores, trepando fachadas con sus garras afiladas, bajo cornisas y balcones, o tomando el sol como las lagartijas. 

La plaza Milans, el capricho pentadecagonal del barrio Gótico
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La plaza Milans, el capricho pentadecagonal del barrio Gótico

La calle de Milans es única y especial, una anomalía que contribuye a lo laberíntico del barrio Gótico con su sinuosidad. Es una pequeña calle excepcional que guarda en su interior una perla, una placeta del mismo nombre que destaca por su forma circular o, para ser más precisos, pentadecagonal (quince lados).

La placeta de Milans fue construida en este escenario urbanístico, en 1853, por Francesc Daniel Molina, arquitecto de Vic nacido en 1812, nombrado arquitecto municipal en 1855 y responsable también de la urbanización de la plaza del Duc de Medinacelli y de la plaza Reial.

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