Barcelona está llena de rincones magníficos. Plazas, calles, esculturas, edificios, patios o fachadas llenas de talento artístico y una belleza asombrosa. A pesar de ello, muchos de estos espacios son desconocidos para los habitantes de la ciudad. Incluso tienen una historia que ni siquiera sus vecinos conocen. 

Inma Santos Herrera, periodista barcelonesa especializada en la capital catalana, desvela cada semana a los lectores de Metrópoli Abierta algunos de los espacios más escondidos e interesantes de la urbe, a los que no se les presta demasiada atención.

RECOPILACIÓN DE LOS MEJORES RINCONES

En sus artículos describe a la perfección los detalles más peculiares de cada uno de los lugares que escoge. Aparte, la autora de La Barcelona invisible publica más curiosidades y rincones de Barcelona en su cuenta de Instagram @inmasantosherrera [link directo

En esta fotogalería, Metrópoli recopila todos y cada uno de los singulares espacios que analiza Santos para terminar conformando una guía estructurada y fidedigna de los mejores rincones de Barcelona

El toro o la silla de Horta
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El toro o la silla de Horta

En la calle dels Cortada, en el cruce de Coll i Alentorn con la avenida de Martí Codolar de Horta, se dibuja la silueta de… ¿Una silla enorme? ¿una versión moderna del famoso toro de Osborne pero sin atributos? “El toro” o “la silla”​ son los nombres populares con los que se conoce esta escultura titulada en realidad Forma i espai. Esta obra de arte público monumental, realizada en acero por el veterano escultor vanguardista y barcelonés Eudald Serra, fue un proyecto de 1966 que el artista materializó en 1992, con motivo de los Juegos OlímpicosForma i espai, formada por dos arcos de acero en forma de pórtico, daba la bienvenida a los atletas, visitantes y curiosos que asistían a las pruebas olímpicas celebradas en la zona del Vall d’Hebron, totalmente transformada para la ocasión.

Actualmente, parece más un animal extraviado o desubicado que una hospitalaria puerta de entrada. Rodeada de coches y solitaria, en un cruce de caminos, mira desde la distancia hacia el parque del Vall d’Hebron. Desde allí, apostada junto a la parada del autobús, como perdida en los recuerdos, parece esperar la llegada de una Barcelona que se fue. ¿Quién sabe?

El último pasaje de la Colonia Castells
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El último pasaje de la Colonia Castells

El pasaje de Piera es el último recuerdo que queda de la Colonia Castells, la última huella de una isla de 280 casas baratas, situada en pleno barrio de Les Corts y levantada en la década de 1920 para los obreros de la fábrica de barnices Castells, hoy desaparecida. Casi 100 años después, y en situación de desalojo y derribo inminente, este pellizco del pasado obrero agoniza desde 2017, preparado para desaparecer en cualquier momento y dar paso a una zona verde de 10.000 metros cuadrados prevista por el plan urbanístico desde el 2000.

Tras la verja pintada de verde se abre este último superviviente de la antigua colonia fabril. A derecha e izquierda se suceden, una tras otra, dos hileras de modestas casas bajas de apenas unos 50 metros cuadrados, con un minúsculo jardín con espacio para unas pocas macetas. Según cuentan algunos testimonios recogidos en artículos de diferentes diarios, en algunas de estas casas llegaron a vivir hasta dos familias. Las paredes eran tan finas que era inevitable no escuchar todo lo que pasaba en casa del vecino. Así que no es de extrañar que la vida se hiciera prácticamente en la calle.

Actualmente, la mitad de las casas de este paseo están vacías y tapiadas, pero en las ubicadas en el lado de la calle Ecuador, la vida aún continúa. Después de años y años con la amenaza de demolición inminente sobre sus tejados, el Ayuntamiento decidió indultar una decena de estas viviendas y las fachadas de las de enfrente para evitar que parte de la historia del barrio caiga en el pozo del olvido.    

‘Amb les nostres mans’, orgullo de barrio
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‘Amb les nostres mans’, orgullo de barrio

Un mural. Un enorme mural saluda a quienes salen del metro en la parada de Coll - La Teixonera por la calle de Arenys, desde la medianera de un edificio que da a la plaza del Doctor Matias Guiu. Sobre la pared, una familia pintada en colores terrosos construye su propia casa, ajena al ir y venir de la gente.

Amb les nostres mans es el título de esta obra de arte urbano. ¿Su autor? Roc Blackblokc. Sí, el artista urbano barcelonés que el pasado 21 de febrero pintó en el parque de Les Tres Xemeneies su segundo mural de apoyo al rapero Pablo Hasél, dos semanas después de que una brigada municipal de limpieza eliminase el grafiti. Pero esa es otra historia.

El mural que nos ocupa, inaugurado el 25 de septiembre de 2019, reivindica el fenómeno de la autoconstrucción, clave en el crecimiento de la Teixonera. Este barrio de Horta vivió un enorme crecimiento en los años 60, cuando personas llegadas de todos los puntos de la geografía española decidieron instalarse en la zona construyéndose ellos mismos sus propias casas.

Un tesoro tras la puerta de la Casa Francesc Farreras
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Un tesoro tras la puerta de la Casa Francesc Farreras

Un ave protectora, tallada en piedra y con una enorme llave entre los dedos palmeados de su pata derecha, observa desafiante en la entrada de la Casa Francesc Farreras, en la esquina de la Rambla de Catalunya con Mallorca, en El Eixample​. ¿Qué guarda celosamente desde el dintel? Un pequeño tesoro: el vestíbulo, con su señorial escalera de mármol y su magnífico pilar. Un espacio profusamente decorado con puertas de madera, paredes esgrafiadas, yesería en el techo, cristaleras con motivos florales y farolas de metal y cristal.

El edificio, otro ejemplo de arquitectura modernista en esta vía principal barcelonesa, es obra de Josep Pérez i Terraza y fue construido en 1899. Cuenta con un cuerpo central, tribunas laterales en las esquinas flanqueadas por columnas largas y semicilíndricas, de capitales ricamente decorados con motivos florales. Toda la fachada está salpicada de trabajos de escultura y de hierro forjado, aunque en el exterior, lo que más llama la atención es el piso superior, a modo de galería, y, sobre todo, el coronamiento sobre la terraza, con su cúpula piramidal cubierta de escamas de cerámica vidriada.

Una obra de Ellsworth Kelly en La Sagrera
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Una obra de Ellsworth Kelly en La Sagrera

En 1985 el pintor y escultor norteamericano Ellsworth Kelly visitó Barcelona para inspeccionar sobre el terreno el emplazamiento de las dos esculturas que le había encargado el Ayuntamiento para el parque de La Pegaso, entonces en construcción. El artista había ideado un imponente monolito de 20 metros​, que tiene una réplica de menores dimensiones en el parque de La Creueta del Coll, y un sinuoso cubículo en acero corten de ángulo diedro (lo masculino y lo femenino).

Cosas de la vida, el conjunto escultórico, que se completó con un talud curvo de ladrillo, quedó instalado dos años después, a sugerencia del artista, en la plaza del general Moragues, en el barrio de La Sagrera (Sant Andreu).

Diseñada por Olga Tarrassó en 1987 y situada junto al puente de Bac de Roda, esta plaza triangular está dedicada, como su nombre indica, al general catalán al servicio del rey archiduque Carlos III, que fue hecho prisionero y ejecutado después de 1714 por los felipistas. Un dato curioso, pues, el monumento dedicado a este héroe de la Guerra de Sucesión se encuentra lejos de aquí, en La Barceloneta, cerca del Portal de Mar, donde quedó expuesta su cabeza, después de la ejecución y hasta el año 1727, como ejemplo de escarmiento a la traición.

Una torre de agua para la burguesía de Horta
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Una torre de agua para la burguesía de Horta

Durante la segunda mitad del siglo XIX el municipio de Horta vivió un aumento de las colonias de veraneo que empezó con la construcción de varias casas en la rambla de Can Cortada, rebautizada en 1907, tras la anexión del municipio a Barcelona, como calle de Campoamor. Esa tendencia de la burguesía barcelonesa acomodada de establecer su segunda residencia en esta calle se vio aún más azuzada en 1870 por la epidemia de fiebre amarilla. El caso es que las ostentosas casas modernistas fueron alineándose en esta vía y la flor y nata barcelonesa fue fijando su residencia. Primero, solo en verano, pero tras la Guerra Civil, en 1939, de manera permanente. Así fue como Campoamor se convirtió en la calle más distinguida de Horta durante buena parte del siglo XX.

Quien tuvo, retuvo, y basta un tranquilo paseo para revivir ese pasado dorado de Campoamor, con sus fantásticas torres modernistas como Can Sala (número 9) o la torre José Garreta (número 5), las farolas de época, la parroquia de Sant Joan, los patios... Y su fuente. Sí, en el número 35, aún se conserva la fuente que dio de beber a lo "mejorcito" de la burguesía barcelonesa. Y justo detrás, una pequeña joya: el pozo de agua con abrevadero que surtía esa fuente hoy inutilizada, la Torre Campoamor

Fue construida para almacenar el agua procedente de la mina de Can Cortada, hoy fuera de servicio, pero que suministraba agua a casi toda la calle de Campoamor, algunas casas de la calle de Chapí y de Sant Gaudenci. La canalización bajaba por el torrente de la Font del Gos, pasaba por la antigua carretera donde antes estaba el campo de tiro, en los terrenos de Can Cortada, atravesaba la parte izquierda de esta masía hasta el paseo de la Esperança y, desde allí, entraba al convento de las Dominicas, donde estaba el primer pilar de agua, para continuar hasta el segundo pilar, el de la calle de Campoamor. 

 

Edificios porticados para un Paral·lel ‘a medida’
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Edificios porticados para un Paral·lel ‘a medida’

En la avenida Paral·lel se alzan dos edificios porticados, edificados entre 1902 y 1909, que al parecer eran propiedad de Francisco del Villar Carmona. Son solo dos de las 16 casas que se construyeron en la popular avenida entre 1892 y 1929 y que tenían un rasgo común: todas presentan entre la planta baja y el piso principal un espacio porticado, presidido por una hilera de monumentales columnas.

Esta particularidad responde a las exigencias marcadas por la aprobación del plan urbanístico de Ildefons Cerdà, según el cual el Paral·lel debía tener 50 metros de ancho. Cuenta Ricard Fernández Velentí que “los propietarios de los terrenos afectados consideraron excesiva la amplitud y que perjudicaba sus intereses, por lo que propusieron una reducción del espacio dedicado a peatones y vehículos”. Los propietarios afectados crearon una asociación y solicitaron que la avenida tuviera 40 metros. 

Y como ni el ingeniero y arquitecto ni los propietarios cedían, las autoridades acordaron una solución intermedia: levantar edificaciones porticadas a ambos lados de la avenida separadas por 40 metros (punto para los propietarios). Pero la zona porticada que quedaba entre las columnas y la puerta de acceso a los edificios formaba una galería peatonal de cinco metros de ancho, de manera que de portería a portería, de un lado de la calle al otro, sumaban los 50 metros fijados por el plan urbanístico (punto para Cerdà). Empate técnico; “ni pa’ ti, ni pa’ mí”, y todos contentos... o más o menos. El resultado fue una serie de edificios de estilo neoclásico con fachadas sin decoración, con la planta baja y el piso principal integrados en la galería que formaban los pórticos. 

Una obra modernista para abastecer de agua a Barcelona
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Una obra modernista para abastecer de agua a Barcelona

La Casa de l’Aigua no fue un capricho arquitectónico sino una necesidad azuzada por la epidemia de tifus de 1914 en Barcelona, que se saldó con una elevada cifra de muertos como consecuencia de la contaminación del agua. Entonces, la compañía renovó de urgencia el sistema de suministro. El reto era mejorar la capacidad de caudal y el abastecimiento de agua a la ciudad. Y la Casa de l’Aigua fue la solución.

Fue un encargo de la compañía municipal barcelonesa Aguas de Montcada, proyectado por el arquitecto municipal Pere Falqués i Arpí con la colaboración con los ingenieros industriales Felip Esteva y Joan Sitges, a cargo de la constructora Fomento de Obras y Construcciones SA entre 1915 y 1917. El resultado fue un conjunto patrimonial de estilo modernista formado por la estación de bombeo, situada en el barrio de Trinitat Vella; la galería subterránea que atraviesa la Meridiana, por donde transcurre la tubería, y la estación receptora y planta de tratamiento, con un depósito con capacidad para 10.000 metros cúbicos de agua, en el barrio de la Trinitat Nova.

Tenía funciones de estación de almacenamiento, depuración y cloración del agua captada en pozos construidos en Montcada i Reixac. El agua se impulsaba desde la Trinitat Vella hasta el depósito, en la Trinitat Nova, donde se cloraba. Y, desde allí, iba al casco antiguo de la ciudad. En 1989 dejó de funcionar y cayó en el olvido. Durante algún tiempo albergó pequeños huertos urbanos, hasta que el Ayuntamiento llevo a cabo su mejora y rehabilitación, entre el 2007 y el 2013. Actualmente funciona como espacio de educación ambiental y punto de encuentro del tejido asociativo de la Trinitat Vella y la Trinitat Nova y ofrece actividades lúdicas y culturales. También tiene un uso museístico vinculado al Museu d’Història de Barcelona.

La cárcel de la vergüenza
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La cárcel de la vergüenza

En la calle del Pare Manjón se encuentra el Centre Penitenciari Obert 2 de Barcelona, la antigua prisión de mujeres, inaugurada en 1963. Hasta su entrada en funcionamiento y, después de que la prisión de mujeres de Les Corts cerrara, en 1955, las reclusas ocuparon un departamento especial habilitado dentro de la Modelo.

La cárcel de mujeres de la Trinitat estaba dirigida por Las Cruzadas. Estas formaban parte de una institución secular creada por el padre Doroteo Hernández Vera, quién fue un preso del ejército republicano en 1937. Tras ser liberado ese mismo año, creó la orden con el objetivo de encarcelar a las mujeres rojas y someterlas, sobre todo a las presas políticas con el pretexto de ayudarlas a encaminar sus vidas. 

La praxis adoctrinadora que Las Cruzadas ejercían sobre las presas era un calvario de control y represión que incluía castigos, vejaciones y abusos continuos. Al final de la dictadura, diversas movilizaciones de apoyo a las presas desembocaron en 1978 en la visita del nuevo director general de Instituciones Penitenciarias al centro. Ese mismo año, Las Cruzadas dejaron la cárcel, que pasó a ser dirigida solo por funcionarios. Siguió funcionando como prisión de mujeres hasta finales de 1983 cuando se habilitó el antiguo reformatorio de Wad-Ras como nueva prisión provincial de mujeres. La prisión de la Trinitat pasó a acoger a presos jóvenes procedentes de la Modelo desde 1984 a 2009, cuando se procedió a su derribo parcial.

Viaje al origen rural de la Verneda
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Viaje al origen rural de la Verneda

Es una masía de planta baja, un piso y buhardilla, en la esquina de la calle Agricultura con Menorca; una casa sencilla de estilo rural catalán, con cubierta a dos aguas, dos portales sencillos y cuatro ventanas en la fachada principal. De Can Cadena hay noticias de su existencia desde el siglo XVIII y formó parte del núcleo antiguo de la Verneda. Hoy es un pequeño reducto del pasado entre edificios altos y relativamente modernos, en el distrito de Sant Martí, donde el tiempo parece haberse detenido. Una pequeña muestra de lo que fue ya desde el siglo XVI un núcleo o pueblo que no pertenecía a Barcelona y que estaba formado por la parroquia de Sant Martí de Provençals, la rectoría, un hostal y varias masías desperdigadas que vivían de la agricultura y la ganadería entre campos regados por el Rec Comtal. Al parecer, en sus inicios fue el establo donde se guardaban los carros y los animales de los carreteros que se hospedaban en un hostal situado junto a la rectoría, ya que el lugar era entonces zona de paso para ir a Barcelona y a otras poblaciones.

Can Cadena fue restaurada en 1991 y, cuatro años después, se inauguró el Centre Experimental dAgricultura Biològica de Can Cadena. En el 2004 se instaló en un lateral de la casa un huerto urbano con 26 parcelas y una minigranja con ovejas, cabras, patos, ocas, gallinas y conejos. En la masía se realizan actividades de educación ambiental. Entre semana, recibe visitas escolares y los fines de semana está abierta al público en general. Un lugar ideal para familias con niños.

Una torre espía en la cima de Montjuïc
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Una torre espía en la cima de Montjuïc

La Torre del Vigía del Castillo de Montjuïc, a la que se accede desde la azotea superior, es una posición privilegiada que permitió durante siglos observar todos los barcos que entraban y salían de Barcelona. La primera fortificación en Montjuïc se realizó en 1640, pero lo cierto es que la primera construcción que ocupó la cima fue una atalaya de la que se tiene constancia desde el siglo XI. Y todavía sufrió alguna reconstrucción antes de que se construyera el castillo.

Más tarde, en el siglo XVI, se seguía informando desde la torre mediante un código de banderas que permitía anunciar todos los movimientos que se producían en el puerto. De hecho, desde la Ciutadella –fortaleza militar construida por mandato de Felipe V para dominar la ciudad después de la guerra de sucesión española– hasta el extremo del casco antiguo había una perfecta visión de la torre del castillo y, por tanto, del mástil y de las banderas. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando se oficializó un sistema de señalización perfeccionado y totalmente efectivo. Sobre la torre se colocó un mástil parecido al de un barco que tenía dos travesaños con diferente orientación. Mediante un sistema de bolas y banderas diferentes que se izaban en los cables, el vigía podía transmitir un mensaje codificado que informaba del tipo de barco que llegaba a puerto, su nacionalidad y procedencia. Los receptores, desde diferentes puntos de la ciudad, identificaban cualquier posible amenaza que entrara por mar. El sistema también permitía comunicar emergencias e incluso rectificar la comunicación en caso de error, algo así como la tecla delete en versión bandera.

Este llamado Plan de señales para el Telégrafo Marítimo del Castillo de Montjuïc fue aprobado por Real orden del 28 de abril de 1858 y se utilizó hasta que la torre dejó de cumplir su función.

Una iglesia viajera que se instaló en el Eixample
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Una iglesia viajera que se instaló en el Eixample

Me explico: la iglesia gótica original del convento agustiniano de la Mare de Déu de Montsió, construida entre los siglos XIV y XV, estaba situada originalmente en Ciutat Vella, en la calle que aún conserva su nombre, hasta que, en 1882, el edificio se trasladó a su emplazamiento actual. Hoy, aunque es conocida como la iglesia de Santa Maria de Montsió, es sede de la parroquia de Sant Ramon de Penyafort.

Su cambio de ubicación se hizo siguiendo un proyecto llamado “de reconstrucción”, aunque tal vez sería más apropiado decir “de reformulación”, pues resulta muy complicado averiguar qué elementos pertenecen a la obra original y cuáles son fruto de la recreación historicista de Joan Martorell Montells, autor del proyecto. A él se le adjudicando los contrafuertes, el pórtico y prácticamente toda la fachada, por ejemplo. Vamos, que nuestro viajero en el tiempo tendría problemas para identificarla.

El templo (actual) es de una sola nave con ábside poligonal y vueltas de crucería en cinco tramos. La portada, neogótica, está presidida por una imagen de la Virgen de Roser, obra de Maximí Sala. ¿Y el claustro? Pues... el claustro del antiguo convento, que desde el siglo XV estuvo regentado por monjas dominicas, también fue trasladado. Pero no echó raíces: después de la guerra civil, aún cambió de ubicación una vez más. Así fue como acabo en Esplugues del Llobregat, donde se reubicaron las monjas.

Un faro en mitad de una reserva natural
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Un faro en mitad de una reserva natural

Cae la noche en la colina de Montjuïc, entre el castillo y la Ronda Litoral, en la zona conocida como el Morrot –una de las principales reservas naturales y de biodiversidad de Barcelona. Una enorme linterna se activa y gira y gira sobre sí misma, en un guiño perpetuo al mar, para guiar a los barcos que entran en el puerto.

Es el faro del Morrot. Entró en servicio en 1906 con una lámpara de petróleo sobre una estructura provisional y con el objetivo de sustituir al faro del Llobregat y al viejo faro de Barcelona. La construcción del nuevo edificio, que se encargó al ingeniero José Cabestany, no se aprobó hasta 1917, aunque las obras no empezaron hasta cinco años más tarde porque no había nadie a quien adjudicar el proyecto. El acceso al faro es algo complicado. Solo se puede llegar por un estrecho tramo restringido al personal autorizado del puerto que parte de debajo de la ronda del Litoral, a los pies del cementerio, en lo que en otro tiempo fue el supermercado de la droga de Can Tunis.

Un puente ‘verde’ para unir dos barrios ‘cañeros’
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Un puente ‘verde’ para unir dos barrios ‘cañeros’

Es una pasarela elevada que se vislumbra a lo lejos, justo a la entrada de Barcelona, flanqueada por dos ascensores, uno a cada lado. Una visión agradable, que pone unas pinceladas de verdor entre tanto asfalto gris. El Pont de Sarajevo pasa por encima la Meridiana para unir dos barrios cañeros, la Trinitat Nova y la Trinitat Vella y, de hecho, dos distritos, Sant Andreu y Nou Barris. También unió para siempre Barcelona con la capital bosnia durante las matanzas de la guerra en la antigua Yugoslavia. Fue en aquellos años, con los Juegos Olímpicos del 92 como telón de fondo y durante la alcaldía de Pasqual Maragall (PSC), cuando el barrio logró nuevas mejoras, como el pulmón verde que es hoy el Parc de la Trinitat.

En 2015 fue remodelado con el fin de convertir un puente para coches en un puente para peatones. Proyectado por BCQ Arquitectes (David Bena, Toni Casamor, Maria Taltavull, Manel Peribáñez), se concibió entonces como un puente verde de plataforma única que incorporó además otros conceptos y criterios de sostenibilidad. Así fue como el icónico puente se convirtió en una construcción ecológica pionera.

La casa del Doctor Genovés es una pero vale por tres
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La casa del Doctor Genovés es una pero vale por tres

Uno se detiene frente al número 77 de La Rambla y no puede evitar preguntarse: ¿quién sería capaz de meter con calzador un edificio en un espacio tan estrecho? Y la respuesta es... ¡Enric Sagnier! El arquitecto superó el reto de la estrechez entre dos medianeras y construyó por encargo, en 1911, la casa del Doctor Genovés. Se trata de un edificio modernista de cuatro pisos pensado para establecer una farmacia, vivienda y un laboratorio químico.

En la fachada destacan los mosaicos vegetales, de Lluís Bru, donde domina el color azul, así como el trabajo escultórico. Los arcos apuntados de la entrada y del tercer piso, los conopiales y el escudo que preside la entrada son típicos de la corriente neogoticista tan de moda durante aquellos años. Los tres primeros pisos se abren con grandes ventanales concebidos como una única gran vidriera catedralicia. El piso superior, en cambio, muestra una galería de tres ventanas, bajo un alero pronunciado. La casa del Doctor Genovés es una pequeña obra de arte de un Sagnier experimentado y de renombre, que ya había levantado bastantes edificios en la ciudad, la mayoría por encargo y para las clases acomodadas

La mariposa que se instaló junto a las Arenas
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La mariposa que se instaló junto a las Arenas

No es la primera vez que, en Barcelona, las mariposas revolotean cerca de donde antes corrieron los toros. En el antiguo Torín de la Barceloneta, la primera de las tres plazas de toros que llegó a tener en activo esta ciudad hoy antitaurina, la mariposa de Naturgy (antes Gas Natural) decora el edificio de la empresa. Y, mira por donde, también muy cerca de otra plaza de toros, la de las Arenas, convertida en centro comercial, se posó el siglo pasado un magnífico ejemplar de mariposa. Concretamente, en el número 20 de la calle de Llançà, en la Casa Fajol, un edificio modernista del Eixample, realizado en 1912 por el arquitecto Josep Graner i Prat. El edificio era propiedad de Fabio Fajol, a quien debe su nombre original. Está construido entre medianeras, es estrecho y tiene seis plantas con largos balcones de barandillas de hierro forjado y decoradas con motivos florales. 

Con las alas totalmente abiertas, en un despliegue de policromía espectacular, este enorme papilionem realizado con la técnica del trencadís —tan característica del modernismo catalán— corona la fachada de este edificio. 

 

La chimenea de la leche… “¡Ram, Ram, Rampataplán!"
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La chimenea de la leche… “¡Ram, Ram, Rampataplán!"

En la calle Pujades, 292-300, arropada por unos modernos edificios, descansa un gigante que recuerda el pasado industrial, no tan lejano, de Poblenou. Se trata de la chimenea troncocónica de ladrillo visto, que formaba parte de la antigua planta embotelladora de la leche RAM (Lactaria Española), único vestigio que se decidió preservar de las antiguas naves, situadas en un solar delimitado por las calles de Subidas, Bac de Roda, Llull y Fluvià, hoy conquistado por modernas viviendas.

Esta fábrica se construyó en 1963 y dio trabajo a más de 600 personas, hasta su cierre en 1991 o 1992. Pero los orígenes de la RAM se remontan a 1934, cuando Jaume Serra Noy y Francesc Casanovas Garrigues fundaron RAM Sociedad Anónima, dedicada a la elaboración, industrialización y comercio de sustancias alimenticias y sus derivados. En 1959, la producción diaria era de 18.000 litros, y, en 1965, dos años después de la entrada en funcionamiento de la fábrica de Barcelona, alcanzó los cerca de 85.000. “Ram, Ram, Rampataplán” era el estribillo que popularizaron las cuñas radiofónicas de la época que anunciaban la marca mientras su consumo se extendía por toda España. Tras numerosas adquisiciones y fusiones, en el año 2000, la empresa fue adquirida por el grupo Puleva.

El guerrero que saludó a Franco en el metro
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El guerrero que saludó a Franco en el metro

Un divertido guerrero de tres metros custodia el acceso a la parada de metro de Universitat desde ronda de Sant Antoni. Se trata de una obra del escultor Pedro Delso, un divertimento del artista elaborado a partir de un collage con piezas de hierro. El cuerpo de la figura está hecho con tuercas, engranajes, rodetes, tubos, muelles, rejas, etc. De maquinaria vieja. Fue elaborado en los talleres de los hermanos Vicent y Antonio Lloret Iborra, en los astilleros de Villajoyosa.

Lo cierto es que se le ve cómodo en su rincón, viendo el ir y venir de la gente. Sin embargo, no siempre ocupó este lugar, pues llegó hasta aquí desde otra estación. Guerrer es una de las tres esculturas que Delso, autor también de la decoración de las estaciones de Diagonal Sagrada Familia con murales cerámicos monumentales, proporcionó al Ayuntamiento de Barcelona. Dos de las esculturas representaban a Don Quijote y la tercera, el Guerrer, representa a un obrero que trabajó en las obras de construcción de la L-5 del metro. Las dos primeras obras se colocaron en la estación de Diagonal, y la tercera, en Camp de l’Arpa, antes de que Franco viniera a Barcelona, en junio de 1970, para inaugurar la línea 5 del metro, la primera que se hacía en la ciudad desde la Guerra Civil. El dictador cogió el metro inaugural en la estación de Diagonal y bajó en la de Camp de l’Arpa, desde donde el Guerrer que hoy habita en Universitat lo vio pasar por el vestíbulo que da al paseo de Maragall y salir al exterior.

Un templete modernista en General Mitre
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Un templete modernista en General Mitre

En la esquina de General Mitre con la calle Montroig, como una curiosa seta mágica, sale al paso esta pequeña torre con un puntiagudo coronamiento recubierto de cerámica. El templete forma parte del muro del jardín posterior de las Casas Ramos que, a pesar de ser tres fincas diferentes, forman un único edificio con una fachada común y entrada por la plaza de Lesseps, 31, 32 y 33. El edificio, uno de los más emblemáticos del distrito de Gràcia, fue construido en 1906 por el arquitecto modernista Jaume Torres, influenciado por Domènech i Muntaner y Puig i Cadafalch.

La casa, de cinco plantas y tres cuerpos, se proyectó como vivienda de Ricard Ramos Cordero, consejero-fundador de Fomento de Obras y Construcciones. La fachada está realizada con fondos de esgrafiados amarillos y rojos con adornos chapados, la tribuna es de piedra arenisca de Montjuïc y los balcones están decorados con barandillas de forja con abejas como motivo principal. El coronamiento es escalonado y de regusto medieval, concretamente, gótico. En este edificio se rodó parte de la película Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar.

Una chimenea entre telas y rumba catalana
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Una chimenea entre telas y rumba catalana

En la plaza del Poble Romaní, en Gràcia, se alza solemne la única chimenea del siglo XIX que aún se mantiene en pie en el distrito, la de la fábrica textil Vapor Puigmartí. Esta se inauguró en 1841 en la zona de Travessera de Gràcia y adoptó el sobrenombre de Vapor Nou. Fue la segunda planta fabril que se instaló en la zona.

En la base cuadrada de su chimenea de obra vista, única superviviente de la fábrica, destacan dos inscripciones: una dedicada al fundador de la fábrica, y otra a Gato Pérez, una de las figuras más relevantes junto con Antonio González, El Pescaílla, de la rumba catalana. Nació en este barrio, estrechamente relacionado con el pueblo romaní y al que rinde homenaje la plaza donde se alza la Puigmartí.

En 1852, durante su estancia en Barcelona, la reina Isabel II visitó la fábrica Vapor Puigmartí. Este hecho remarcó la importancia de la fábrica dentro de la industria textil que se estaba desarrollando en esos años.

Can Trilla y la curiosa historia de la monja bilocada
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Can Trilla y la curiosa historia de la monja bilocada

¡Una masía en Gran de Gràcia! Sí, en el número 177, encajonada entre edificios de nueva construcción, sigue en pie Can Trilla, conocida anteriormente como Can Simó, una masía de planta rectangular, formada por dos cuerpos bastante simétricos, con planta baja, dos pisos y buhardilla.

El origen de Can Trilla se remonta al siglo XVII. La planta noble era la residencia de los dueños, que pasaban largas temporadas. En la planta baja vivían los masovers. Adosada a la casa, hay una pequeña capilla del siglo XVIII, de estilo barroco, que conserva unas interesantes pinturas en el techo, y a la que se accede por una pequeña puerta lateral de madera. La capilla actual ocupa el espacio de la antigua bodega.

El año 1803 Marià Simó, su primer propietario, vendió la masía y el terreno anexo al abogado barcelonés Antoni Trilla. Fue a partir de 1825 cuando se empezaron a urbanizar las tierras de la casa. A principios del siglo XX, la casa fue habilitada como escuela y, después, se convirtió en un cine y en la sede de algunas entidades sociales. Desde 1940 es la residencia de las Hermanas de Jesús Paciente, una congregación fundada por la madre Ramona Llimargas, cuyos restos reposan desde su muerte, a finales del siglo XX, en la capilla de Can Trilla. La superiora, nacida en Vic, a finales del siglo XIX, tiene una curiosa hagiografía. Desde muy niña fue testigo de apariciones. Y, sin embargo, no es este hecho paranormal el que la hizo famosa.

La iglesia que resurgió de las cenizas
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La iglesia que resurgió de las cenizas

Encajada entre la Escola Voramar y un edificio de oficinas y rodeada de antiguas naves industriales, en el barrio del Poblenou, se encuentra la Iglesia de Sant Francesc d’Assís. No es ni mucho menos la edificación religiosa original. La primera iglesia fue financiada por Dionisio Cabot Rovira, se empezó a construir en 1916 y se inauguró un año después. En1933, fue elevada a la categoría de parroquia, pero tres años después, al principio de la Guerra Civil, fue pasto de las llamas y su rector, el padre Josep Romeu, asesinado.

La reconstrucción del templo se inició en 1944 y se terminó en 1951, siguiendo el estilo neorománico, según el proyecto de Enric Sagnier Vidal. El edificio consta de tres naves, con transepto y cimborio octogonal en el crucero. Cuenta con un ábside con girola en la nave central y ábsides semicirculares en los extremos de los brazos del crucero. En la entrada, destaca el porche, con tres arcos de medio punto de piedra blanca sobre columnas aparejadas.​

La fuente que cayó durante los ataques de la Guerra Civil
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La fuente que cayó durante los ataques de la Guerra Civil

En la plaza de Joan Amades, casi en la esquina de calle Agustí Duran i Sanpere, se encuentra la Font del Carme, adosada a la pared de la escuela Milà i Fontanals, levantada por Josep Goday en el solar que ocupaba el viejo convento de las Mínimas de la calle del Carme. Las obras duraron cerca de doce años, y la escuela y la fuente, de estilo noucentista, se inauguraron el 29 de marzo de 1931.

A diferencia de otras creaciones de Goday, en las que predominaban los azulejos, esta fuente original estaba elaborada con piedra de Montjuïc y enmarcada en una pared decorada con la representación de la Mare de Déu del Carme. Pero la fuente quedó destrozada en la Guerra Civil, durante el bombardeo de las tropas de Mussolini del 17 de marzo de 1938. Las pocas piezas que quedaron intactas se conservaron en un almacén municipal que se utilizaron para su reconstrucción posterior. La apertura de la calle dedicada al historiador Agustí Duran i Sanpere obligó a desmontar la instalación, que se volvió a reponer en el año 2003, integrada en la estructura del colegio y con una placa conmemorativa del bombardeo.​

Érase una vez una Jirafa coqueta y un Toro pensador...
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Érase una vez una Jirafa coqueta y un Toro pensador...

Es innegable que la Rambla de Catalunya desprende un encanto especial y señorial, además de sentido del humor y cierta ironía... con mucho arte. Basta con fijarse en las dos estatuas de animales humanizados que delimitan este magnífico paseo. Al principio, junto a la Gran Via, tenemos al Toro pensador y en la avenida Diagonal nos sorprende la Jirafa coqueta. Ambas estatuas son de Josep Granyer y están inspiradas en obras maestras como el pensador de Rodin y Paulina Bonaparte de Antonio Cánova, respectivamente.

En 1970, el Ayuntamiento de Barcelona estaba a punto de aprobar un proyecto urbanístico que convertiría la Rambla de Catalunya en una arteria de circulación. Y entonces, entró en acción la asociación Amics de la Rambla de Catalunya para impedir que el proyecto se hiciera realidad, recurrieron al arte y contraatacaron con una propuesta artística que consistía en la creación de un paseo de diez esculturas de Josep Granyer cuya seña de identidad era crear animales en actitudes humanas desde una perspectiva satírica. La estrategia salió bien y este segundo proyecto fue aceptado, aunque no se llevó a cabo en su totalidad: solo se hicieron la primera y la última. Así fue como Granyer dio forma al Toro pensador y a la Jirafa coqueta¿En qué piensa él? ¿Para quién posa ella?

Los 38 animales del zoo de la calle Verdi
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Los 38 animales del zoo de la calle Verdi

En 1893, Gràcia aún no formaba parte de Barcelona, era un pueblo independiente, y Miquel Call i Millàs, contratista de obras, decidió edificar un inmueble en el actual número 7 de la calle Verdi, en la esquina con Vallfogona. Ese año causaba furor el modernismo en Barcelona: se terminaba el vecino mercado de la Llibertat y el palacio Montaner, de Lluís Domènech i Montaner; Josep Vilaseca iniciaba la casa Enric Batlló del paseo de Gràcia...

Para llevar a cabo su ambicioso proyecto, Call i Millàs le hizo el encargo a un desconocido arquitecto, Joan Marsant Sola, al que se le fue la mano y edificó un cuarto piso, una ilegalidad que le valió una seria advertencia del Ayuntamiento. Pero no es su altura lo que llama la atención en este edificio, sino su exuberante decoración de piedra y sus balcones de hierro forjado, un trabajo artístico excepcional.

La fachada en la calle Vallfogona tiene una composición de aperturas de seis ejes verticales mientras que la de la calle Verdi dispone de tan solo dos. Es de estucado liso y se completa con unas pinturas que recorren como un friso cada una de las plantas. Estas presentan motivos florales en la planta superior, y diferentes animales en el resto. En total, se pueden contar 38 medallones esgrafiados en su doble fachada, todos con representaciones animalescas. Un pequeño y particular zoo.

Una plaza a la sombra de la chimenea de Can Gili Vell
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Una plaza a la sombra de la chimenea de Can Gili Vell

Entre las calles Ciudad de GranadaDoctor TruetaRoc Boronat y el pasaje Mas de Roda, en el barrio de la Plata del Poblenou, se extendía la fábrica de harina Can Gili Vell. Un molino de grano, una torre de fabricación de harina, una chimenea y varias naves anejas dedicadas al almacenamiento del grano integraban esta antigua fábrica propiedad de Andreu Gil i Guardiola cuyos orígenes se remontan a antes de 1877. El conjunto estaba rodeado de un muro cuya puerta de entrada daba a la calle Ciudad de Granada

Una inmobiliaria compró el conjunto fabril con el fin de crear pisos de lujo y edificios de oficinas. No se respetó el perímetro original, se derribaron todas las naves y el patio de entrada quedó reducido a una plaza abierta en las calles Ciudad de Granada y Doctor bautizada como plaza de Mercè Sala. En los terrenos donde estaban las naves, en la calle Roc Boronat, se construyó un gran edificio de oficinas, en el resto, viviendas. Y el resultado, a pesar de que pueda parecer una historia de destrucción, es un acogedor y tranquilo rincón donde modernidad y patrimonio combinan perfectamente.

La Unión Metalúrgica: un ejemplo de la diversificación industrial en Poblenou
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La Unión Metalúrgica: un ejemplo de la diversificación industrial en Poblenou

“La Unión Metalúrgica”, puede leerse en la fachada que preside la esquina de la calle de Pamplona con Almogàvers. Es lo único que queda de este edificio tras su derribo en 2004. Por encima de la antigua fachada sobresalen los edificios de oficinas, llamados Verde y Azul, unos 15.700 metros cuadrados para un complejo que incluye un apartahotel de siete plantas. Un ejemplo más de este barrio de contrastes donde el pasado industrial se funde con la modernidad del presente.

La Unión Metalúrgica fue creada en 1889 por Dionisio Bobina, aunque no se constituyó como sociedad anónima hasta 1903 con la asociación de cinco inversores más. Al principio se dedicaba a la compra, venta y fundición de materiales y objetos de hierro y otros metales, pero a principios del siglo XX fue denunciada porque algunas construcciones eran ilegales. Esto se resolvió con la remodelación del edificio entre 1908 y 1914. A esta última fecha corresponde este pabellón de entrada, obra de Josep Maria Plantada. A partir de entonces, la sociedad incluyó entre sus actividades la construcción de naves, cubiertas y nuevos edificios. El 31 de diciembre de 1936, con motivo de la Guerra Civil, La Unión Metalúrgica se constituye como colectividad obrera destinada para la industria de guerra.

 

 

Nueve ángeles revoltosos en la Rambla Catalunya
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Nueve ángeles revoltosos en la Rambla Catalunya

Rambla Catalunya, 118. Nueve angelotes rosados y asexuados juguetean entre el follaje. De pelo rubio y castaño, cada uno con algún objeto entre las manos, en grupo o individualmente, mueven sus alitas blancas enredándose entre telas azules en el llamativo esgrafiado central que decora la fachada de la casa Marfà (cuidado, no confundir con la Casa Viuda Marfà, en el paseo de Gràcia 66, y construida algunos años después por el mismo arquitecto y para la misma familia). El edificio entre medianeras, de estilo ecléctico, fue construido en 1899 por el arquitecto Manuel Comas i Thos.

Consta de planta baja y cinco pisos, con balcón corrido en el primero, segundo y quinto piso. Esta estructura delimita el panel central donde destaca con sus tonos verdes, rosados y marrones, el citado esgrafiado. No es el único detalle a destacar en esta construcción proyectada para uso residencial: las barandillas de hierro de todo el edificio están decoradas con delicadas figuras de mariposas.

Pasen y vean... ¡una típica casa gótica!
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Pasen y vean... ¡una típica casa gótica!

“Galerías Sant Jordi”​, anuncia un pequeño cartel con letras góticas en azul sobre cerámica blanca, en el número 9 de la calle del Veguer, en Ciutat Vella. No es el único cartel que obliga a detenerse, en otras dos placas puede leerse: “Pozo Medieval” y “Cripta Romana”. Aunque es cierto, que uno solo repara en ellos, después de dejarse embrujar por la particular tribuna de hierro del primer piso y el portón de madera que invita a entrar. En su interior aguardan pequeños tesoros: obras de arte de temática religiosa, iconografías de Santos, obras de madera esculpida, pinturas antiguas y modernas e incluso recuerdos a modo de souvenir para quienes están de paso por la ciudad.

Pero Galerías Sant Jordi es mucho más que una tienda de arte y reliquias. Sus paredes atesoran siglos de historia, y aunque no puede contar todo cuanto ha visto pasar ante sus puertas y ventanas, al menos sí permite descubrir una típica casa gótica de este antiguo barrio. Una curiosidad arquitectónica más de las que atesora esta corta calle que debe su nombre precisamente a la figura del veguer. En la Edad Media era la autoridad delegada de la Corona, con jurisdicción gubernativa, administrativa y judicial, y tenía su palacio al final de la calle, en la entrada de la plaza del Rei.

Can Picó: un almacén industrial de 1905 para un proyecto sostenible del siglo XXI
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Can Picó: un almacén industrial de 1905 para un proyecto sostenible del siglo XXI

Can Picó es un edificio del patrimonio arquitectónico industrial del Poblenou. Era una vivienda almacén formada por dos edificaciones, propiedad de Miguel Picó i Jou. Heredó el negocio de su padre, Ramón Picó, que se dedicó a diferentes actividades industriales: molino de sal, depósito de tierras refractarias, carbón mineral y vegetal, ladrillos refractarios y fabricación de colores, pinturas y barnices. Le sucedió y obtuvo su mayor éxito y fortuna como armador en el transporte de la sal y como promotor urbanístico.

La nave estaba a menos de 100 metros de la vivienda familiar, situada en la calle Pallars 105-107 y formaba parte del mismo edificio, aunque se construyó más tarde, en 1905, cuando Miguel Picó compró los terrenos. El maestro de obras fue Josep Masdéu. Años después de levantar la vivienda, el edificio contiguo fue ocupado, primero, por la Hispano Olivetti, y posteriormente, por Permanyer SA., fabricante de las motocicletas Montesa. Las dos edificaciones forman un conjunto catalogado como Bien de Interés Urbanístico (Nivel C) y actualmente acogen el BiciHub.

Leche recién ordeñada en la vaquería Benosa-Pau
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Leche recién ordeñada en la vaquería Benosa-Pau

Una pequeña espadaña vacía preside el perfil ondulante que corona el edificio ubicado en el número 141 de la calle de Sants, en el distrito de Sants-Montjuïc. Ese hueco lo ocupó en su día una campana que posiblemente se utilizaba para avisar que la leche ya estaba ordeñada y lista para pasar a recoger. Pertenecía a la vaquería Benosa-Pau.

El edificio, de estilo modernista, fue proyectado por Francesc Ferriol Carreras, y se construyó, bajo la dirección de Modest Feu Estrada, en 1902. Se trata de una vivienda unifamiliar con la vaquería en la planta baja y vivienda en la primera.​ En la planta baja destaca el acabado en piedra, imitando sillares, con trabajados relieves florales. A lado y lado de la puerta principal, que hoy da acceso a una tienda ecológica, dos cabezas de vaca miran la vida pasar, cada una sobre un adorno floral de piedra que corona las dos aberturas laterales de tipo ojival. Son una clara referencia a la actividad que se llevaba a cabo en la casa.

Una fachada gótica construida sobre la muralla romana
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Una fachada gótica construida sobre la muralla romana

En el número 5-7 de la calle del Call, se alza un edificio residencial de estilo gótico, del siglo XIV-XV, restaurado posteriormente añadiendo una segunda hilera de ventanas coronellas, altas y estrechas, partidas por una delgada columna de piedra, sobre las que se apoyan arcos de medio punto. Aunque lo más destacado de esta casa no está en sus ventanas sino en la fachada, construida sobre la muralla romana de Barcelona.

Las irregularidades de piedra en la fachada del actual edificio son parte del paso de ronda de la antigua muralla romana del siglo IV d.C. Esta tenía una altura de unos 10 metros y un foso de entre 5 y 10 metros de profundidad donde desembocaban las alcantarillas de la ciudad. Entre el foso y la muralla discurría el citado paso de ronda.

Una joya medieval oculta en Sant Genís dels Agudells
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Una joya medieval oculta en Sant Genís dels Agudells

La Iglesia de Sant Genís dels Agudells, en el barrio barcelonés del mismo nombre, es una de las diez parroquias más antiguas de Barcelona. El edificio actual es de 1571, pero fue fundada en el año 931, dedicada al mártir romano Genís el Comediante, y al mártir provenzal Genís El Escribano (un caso de duplicación de personalidad hagiográfica). El año 1359 pasó a depender del monasterio de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron, y, en 1867, a la parroquia de Sant Joan d’Horta.

El conjunto medieval de Sant Genís dels Agudells está formado por la iglesia, la rectoría, el cementerio parroquial y la masía de Can Safont, del siglo XIII. El templo tiene una sola nave con crucero, varias capillas y una puerta adintelada. Buena parte de los ornamentos, mobiliario e imágenes originales se perdieron en un incendio, al inicio de la guerra civil, en 1936. Pero en su interior guarda una imagen del padre Francesc Palau, fundador de los Penitentes, y en la fachada se conserva, esculpida, una cruz gótica.

La Pineda, un rincón con ‘caliu’ y auténtico sabor barcelonés
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La Pineda, un rincón con ‘caliu’ y auténtico sabor barcelonés

Un letrero amarillo con letras azules anuncia su nombre, La Pineda, y una carpa que en otro tiempo fue blanca anuncia también su año de origen. La fachada pintada de gris enmarca la puerta de entrada a un mundo de colores y olores que se despliega en su interior. El Bar-Charcutería La Pineda ofrece “un servicio insuperable de toda clase de fiambres, conservas, embutidos, selectos, rotisseria (asador), platos fríos, etc. Además de una sección de Granja-Bar para degustación de todos sus artículos”. Desde entonces, apenas ha cambiado estéticamente.

Situada en la calle del Pi número 16, La Pineda es uno de los clásicos de Barcelona para disfrutar de platillos de calidad. Allí sigue desde 1930 atrayendo a una clientela que se deja seducir por la excelente calidad de sus quesos, embutidos y conservas y, sobre todo, por ese ambiente único, ese caliu con solera, que la hace especial y auténtica.

Fabra & Coats, de fábrica de hiladuras... a fábrica de creación
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Fabra & Coats, de fábrica de hiladuras... a fábrica de creación

En 1837, Ferran Puig i Gibert fundó El Vapor de Hilo. En 1903, los "Sucesores de Fabra y Portabella" se unieron con la empresa escocesa de la familia Coats y dieron lugar a la "Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats", conocida desde entonces como Fabra & Coats, que fue ampliando sus instalaciones hasta convertirse en un gran complejo industrial, activo hasta principios del siglo XXI. La construcción sigue la tradición inglesa de edificación industrial de mediados del siglo XIX, con estructura de fábrica de ladrillo macizo y pilares de fundición que soportan jácenas y vueltas atirantadas creando espacios diáfanos. En 1890 se levantó el pabellón longitudinal de una sola planta y obra vista, anexo al muro de cierre del recinto industrial por la calle de Sant Adrià (edificio A). 

El Ayuntamiento de Barcelona adquirió el recinto y una parte del complejo industrial en un centro cultural que acoge un laboratorio de creación artística, la Fabra i Coats-Fábrica de Creación, el Centro de Arte Contemporáneo, el Centro Cultural Can Fabra, la Biblioteca Ignasi Iglésias, el Casal de Barrio de Sant Andreu, el espacio social y cultural Josep Bota y la plaza de Can Fabra.

Una joya temprana de Puig i Cadafalch en la calle de Boqueria
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Una joya temprana de Puig i Cadafalch en la calle de Boqueria

Es imposible no detenerse frente al número 12 de la calle de la Boqueria. La casa Francesc Martí i Puig atrae inevitablemente las miradas de turistas y no turistas. Existían algunas dudas acerca de su autoría, que quedaron despejadas en 2010: efectivamente, es una obra temprana de Josep Puig i Cadafalch. El arquitecto recibió el encargo en 1898 de reformar la fachada y tiró de la inspiración historicista y las soluciones estéticas que acababa de ensayar un año antes, en Mataró, en la casa de Joaquim Coll i Regàs, como el remate almenado o el soberbio esgrafiado que cubre toda la fachada.

El estilo modernista de carácter neogótico se manifiesta sobre todo en el portal de la planta baja de perfil interior lobulado, exteriormente rodeado de follaje como su pináculo y con dos curiosas impostas que representan la cabeza de un caballero (derecha) y una dama (izquierda) –posiblemente los señores Martí– y parecen dar la bienvenida al visitante. Una moldura escalonada rodea la puerta de entrada, que contiene en su interior un relieve cerámico que reproduce flores. La reforma emprendida por Puig i Cadafalch afectó las aberturas de las dos primeras plantas y recubrió el edificio con un esgrafiado de temática floral. Se conservaron los marcos de piedra de las plantas superiores, los sillares también de piedra de la esquina y el arco rebajado moldurado y con varios relieves geométricos, así como la fachada de la calle de Quintana.

Un ‘castell’ imaginado en honor de los ‘Borinots’ de Sants
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Un ‘castell’ imaginado en honor de los ‘Borinots’ de Sants

En un rincón de la plaza de Bonet i Muixí, en el distrito de Sants-Montjuic, a ras de suelo, se aprecia desde lejos un curioso espacio cuadrangular de cemento rodeado de algunos bultos extraños. A medida que uno se acerca, la sorpresa aumenta: botellas de agua, zapatos, piezas de ropa de hombre y de mujer, bolsas... ¡Y hasta un sombrero! Se amontonan desordenados sobre unos bloques de piedra blanca, a modo de bancos, como olvidados y abandonados a su suerte. No lo están, es simplemente que sus dueños los han dejado allí mientras levantan un castell. Es el monumento dedicado a los Castellers de Sants, realizado en 2010 por el escultor Josep Peraire.

Castellers de Sants 1993”, puede leerse en la inscripción del suelo, alrededor del círculo grande que rodea otro interior más pequeño. Dentro de los dos, un cuadrado dividido en cuatro partes contiene las huellas grabadas que harían los que forman la piña de un ‘castell’ cuando se levanta un quatre de vuit. A estos castellers pertenecen esos objetos personales esculpidos también en piedra blanca sobre los bancos cercanos.​ La fecha que consta en la inscripción (1993) corresponde al primer castell levantado en este lugar por los castellers de Sants, conocidos como els Borinots por reunirse en Can Borinot. En Barcelona hay otros monumentos dedicados a los castellers. Y en este, como en el resto, tampoco  se representa de manera figurativa y realista el castillo humano.

Un gato de Botero para una bruja llamada Barcelona
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Un gato de Botero para una bruja llamada Barcelona

Si Barcelona fuera una mujer de la Edad Media, seguro que acabaría en la hoguera condenada por bruja por la Santa Inquisición, porque esta ciudad también tiene su propio gato negro: el Gato de Botero. Este enorme felino de bronce, obra del escultor colombiano, fue adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona, en 1987. Estuvo algún tiempo en la Ciutadella y de allí se lo llevaron al Estadi Olímpic durante los JJOO de 1992. Más tarde, fue a parar a la plaza de Blanquerna, detrás de las Drassanes. Colocado sobre una peana, vigilaba la entrada de uno de los jardines más desconocidos de la ciudad, los jardines Baluard. Hasta que un día, después de 15 años de vida errática, empezó una nueva etapa en su emplazamiento actual: la Rambla del Raval.

Casualidades del destino –o no–, resulta que sus cuatro patas se posan sobre un lugar peculiar. Y es que en la intersección que forman la Rambla del Raval y la calle de Sant Pacià, al final de la calle de la Cadena, rodeada en los siglos XIV-XVIII por campos, estaba la tercera fuente más famosa de Barcelona, después de la de Canaletes y la Font del Gat: La fuente de las Brujas. Según Joan Amades, esta fuente “proveía de agua a los saludadores, brujas y gente que vive de las malas artes, para hacer remedios y pócimas de carácter mágico y encantador”.

 

 

El Patronat Ribas, de orfanato a instituto
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El Patronat Ribas, de orfanato a instituto

El actual instituto Vall d'Hebron está ubicado en la antigua finca de Can Besora, situada entre el paseo de la Vall d’Hebron, el antiguo camino de Sant Genís y el torrente de Collserola. A principios del siglo XX, los hermanos RossendFrederic y Lluís Ribas Regordosa, miembros de una familia de Rubí enriquecida con la industria textil, decidieron emprender acciones destinadas a favorecer a los hijos de sus obreros, entre ellas, la creación de un orfanato en Barcelona. Su deseo se hizo realidad en 1919 cuando el Patronat Ribas –creado por los hermanos para gestionar su patrimonio– adquirió la finca de Can Basora.

El arquitecto elegido para realizar el proyecto fue Enric Sagnier, que diseñó el orfanato escuela siguiendo el método Montessori: creó un edificio adelantado a su época, con salas de estudio amplias y luminosas, laboratorios, sala de cine sonoro, enfermería e incluso aparatos de rayos X. Tenía capacidad para acoger a 800 niños, aunque nunca hubo más de 200, y estuvo en activo hasta principios de los años setenta, cuando salió a subasta. Gracias al movimiento vecinal, que pedía destinar el edificio a centro educativo, el Ayuntamiento lo compró y lo convirtió en un instituto.

Una farola ignorada al principio de La Rambla
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Una farola ignorada al principio de La Rambla

En el extremo superior de la Rambla se erige una monumental farola art déco. Es la única superviviente de las ocho que Puig i Cadafalch proyectó en su propuesta para urbanizar la plaza Catalunya y que fue descartada tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, en 1923. Francesc de Paula Nebot ganó el nuevo concurso para urbanizar este espacio y decidió mantener la distribución de faroles prevista por Puig i Cadafalch. El nuevo arquitecto encargó a Féliz de Azúa el diseño de las farolas. El resultado fue una columna de granito rodeada por cuatro luces de bronce custodiadas por cuatro ángeles y coronada por una linterna esférica.

La idea era que el rey Alfonso XIII inaugurara la plaza, pero las prisas por terminarla y los recortes de presupuesto provocaron la dimisión de Nebot y que las farolas proyectadas fueran descartadas. Todas, excepto una, porque ya habían fabricado la primera y la había entregado al ayuntamiento. Nadie sabía muy bien qué hacer con aquella enorme farola, hasta que alguien se aprovechó y la colocó al principio de la Rambla coincidiendo con el inicio de la Exposición Universal de 1929. En los años 30 del siglo pasado se la conocía como “el culé solitario”, porque quedaba apartada de las tertulias sobre el fútbol y el Barça que se entablaban en esta parte de la Rambla alrededor del desaparecido quiosco de bebidas de Canaletas.

Un mercado para Sants diseñado por Falqués
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Un mercado para Sants diseñado por Falqués

El Mercado de Sants nació como un mercado al aire libre en la calle de Sant Crist, a mediados del siglo XIX,  pero vivió dos traslados posteriores, primero a unos terrenos cedidos por la familia Salat –donde hoy está la plaza de Osca– y después a su ubicación actual, que eran los terrenos de un antiguo huerto, conocido como Hort Nou. De ahí que se conociera con el nombre de Mercat Nou, que después tomó también la parada de metro cercana. Aquí se levantó el edificio, proyectado por el arquitecto municipal Pere Falqués, entre 1898 y 1913, poco después de la agregación de Sants al municipio de Barcelona.

El edificio, de obra vista, está compuesto por tres cuerpos con la fachada también en tres partes que corresponden a cada uno de ellos. Cada una de estas partes presenta una estructura piramidal coronada por pilares decorativos. En esta fachada destacan una serie de ventanas estrechas con piezas de cerámica verde y unas cenefas de cerámica que se repiten en las fachadas laterales. Pese al modernismo imperante en la época, Falqués optó por alejarse del movimiento arquitectónico y acercarse más a un estilo que recuerda a las construcciones de la Exposición Universal de 1888, periodo en que el arquitecto se estaba aún formando.

La Casa Jaume Estrada, una joya modernista en Sants
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La Casa Jaume Estrada, una joya modernista en Sants

En la calle de Sants número 54, en la esquina con la calle Salou, se encuentra uno de los edificios más interesantes de esta vía comercial: la Casa Jaume Estrada. Esta pequeña joya modernista es obra del arquitecto Modest Feu i Estrada y fue construida entre 1906 y 1908

Las dos fachadas se unen en la esquina, que actúa como rótula entre ambas. En ella se proyecta una tribuna semicircular con cristaleras policromadas y dos columnas salomónicas con ornamentación floral y unos medallones de piedra con relieves vegetales entre los que emerge un rostro de mujer. Es peculiar la estructura del piso superior, donde destacan pequeños balcones con barandillas de forja, separados por columnas emparejadas. En esta parte del edificio llaman la atención unos mosaicos cuadrangulares policromados realizados con teselas de cerámica esmaltada y vidrio. Cada uno de ellos representa a una mujer en la naturaleza. 

Horta, la pequeña lavandería de Barcelona
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Horta, la pequeña lavandería de Barcelona

La calle Aiguafreda conserva parte de la esencia de Horta. Por su riqueza en aguas subterráneas se convirtió, desde el siglo XVIII y hasta principios del XIX, en el lavadero de la burguesía barcelonesa. En esta zona vivían hombres que trabajaban como jornaleros en las fábricas de la ciudad. Las mujeres, desde el siglo XVIII, se dedicaban a hacer de lavanderas para los burgueses. Recogían la ropa sucia de los señores todos los lunes y la devolvían limpia los sábados.

El tiempo y las reformas han borrado todos los vestigios, solo resisten las casas de la calle Aiguafreda. Su nombre se debe a la enorme cantidad de agua que recorría el subsuelo y que salía de los pozos a baja temperatura. Entrar en este pequeño callejón es viajar al pasado.

Casa Beethoven, la última tienda centenaria de música de La Rambla
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Casa Beethoven, la última tienda centenaria de música de La Rambla

Casa Beethoven levantó su persiana en el número 29 de esta famosa vía en 1880 y, desde entonces, ofrece como su rótulo indica, música y partituras. Aparentemente es solo un pequeño negocio, pero guarda grandes tesoros. Sus estanterías y cajones de madera guardan 30.000 partituras. Es el único negocio histórico especializado en música que queda en La Rambla. 

Nació con el nombre de Casa Guardia, pero, en 1910, Lluis Gonzaga Gordá (1869-1951) compró el negocio, le cambió de nombre cinco años después y lo convirtió en el referente musical que es actualmente. Gonzaga, tío abuelo del actual propietario, Jaume Doncos, se convirtió en un compositor especializado en zarzuela en México, aunque su carrera se vio truncada por la Revolución de Emilio Zapata en 1910, el mismo año que adquirió la tienda.

Un poblado de casitas blancas, en la ladera de Montbau
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Un poblado de casitas blancas, en la ladera de Montbau

Antes de introducirse por las calles arboladas de Montbau, vale la pena desviarse y subir por la calle de la Cerámica. En la ladera boscosa, destaca un conjunto de viviendas de color blanco y escalonadas, que forman terrazas con maravillosas vistas al mar.

La urbanización “Las casitas Blancas” fue diseñada por el arquitecto Joan Bosch i Agustí en 1963, en el marco de la intervención urbanística. Construidas por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, forman un curioso poblado de 58 viviendas en dúplex concebidas, en realidad, como un solo edificio. Esta intervención fue galardonada con Premio FAD en 1984.

Para adaptarse al terreno de la ladera, las viviendas están dispuestas en forma de abanico y trepan sobre el terreno por medio de escaleras que ayudan a salvar la pendiente. Con todo, el interior constituye un curioso entramado de pasajes escalonados con zonas ajardinadas que discurren bajo las viviendas.

Un monumento al vino para un rincón de Sant Andreu
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Un monumento al vino para un rincón de Sant Andreu

Junto a la Meridiana, al final de la calle Sant Hipòlit hay una antigua prensa de vino del siglo XVIII. La pieza, que conserva parte de sus elementos originales, fue hallada en la antigua la masía que dio nombre a la plaza, mientras se llevaban a cabo los trabajos de derribo de la casa en el terreno donde actualmente se alza un bloque de pisos. La masía pertenecía a la familia Bogunyà, establecida en Sant Andreu del Palomar desde el siglo XIV, que se dedicaba a la producción de vino y al transporte de mercancías mediante galeras. La masía, sin embargo, está datada en el siglo XIX, cuando los Bogunyà decidieron convertir las tres casas que ocupaban el terreno, en una única masía.

La antigua masía de Can Xandri había sido declarada por el ayuntamiento de Sant Andreu del Palomar casa del sargento. Eso significaba que los propietarios tenían la obligación de alojar a un sargento en el caso de que unidades militares se instalaran en el antiguo municipio.

Un jabalí en los jardines de la calle Tir
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Un jabalí en los jardines de la calle Tir

Este porc senglar de Barcelona es un ejemplar de bronce de 300 kilos.  La obra del artista Jorge Egea, que rinde homenaje a este animal que le ha ganado terreno poco a poco a la ciudad, posa sobre su peana. Lo hace en una postura forzada y más propia de un humano que de su especie, e incluso sonríe, listo para ser fotografiado.

Se sitúa en Sant Genís dels Agudells, en los jardines de la calle Tir, que abrieron al público en el 2019.

Un castillo de piedra blanca para un ‘thriller’ apocalíptico
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Un castillo de piedra blanca para un ‘thriller’ apocalíptico

En el número 2 de la calle Jonqueres se alza el Casal de la Previsió, un edificio monumental construido por Enric Sagnier en 1920. De estilo modernista goticista, presenta un cuerpo central flanqueado por dos torres cuadradas almenadas con las esquinas redondeadas y coronadas con pináculos. Esta estructura le confieren un aire de castillo medieval construido en piedra blanca. La ornamentación escultórica ha sido atribuida a Eusebi Arnau i Mascort.

Este singular edificio fue uno de las localizaciones del rodaje de la película Los últimos días, de Álex y David Pastor. Un thriller de ciencia-ficción, sobre un futuro próximo apocalíptico, en el que un extraño virus se expande, provocando que la población sienta pánico por los espacios abiertos (agorafobia) o por salir a la calle.

Saturno y Urania dialogan sobre la obra alquímica en la Casa Xifré
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Saturno y Urania dialogan sobre la obra alquímica en la Casa Xifré

Urania coeli motus scrutatur et astra (El movimiento del cielo y las estrellas es observado por Urania), dice el verso de Ausonio, escrito bajo el relieve que corona la fachada central de la Casa Xifré. En él habitan dos dioses: Saturno-Cronos (el Tiempo) y Urania (la Ciencia). El conjunto forma un original reloj de sol en donde la Ciencia dialoga con el Tiempo, a través de los dos relojes: el de arena, y el de esfera, que marca las horas solares. 

El propietario de este singular edificio, Josep Xifré, fue un famoso indiano catalán que amasó su fortuna en Cuba gracias al curtido de pieles y el comercio de azúcar y café. En 1831, decidió instalarse definitivamente en Barcelona. Adquirió gran parte de los terrenos del actual Paseo de Isabel II y edificó la casa Xifré. Al margen de los arcos en la planta baja, destaca por la cantidad de relieves en la fachada. Unos hacen referencia a las ‘indias’, como los rostros esculpidos de los conquistadores y navegantes o los indígenas; otros tienen un significado particular claramente vinculado a la masonería y se unen a otros elementos de la fachada, con un objetivo claro por parte de Xifré, del que se sospecha que estaba relacionado, directa o indirectamente, con la masonería: transmitir la obra alquímica. El día 10 de noviembre de 1839 este edificio fue el primero en ser fotografiado en España junto a la Lonja, sin embargo no se conserva el daguerrotipo original.

Caperucita Roja y el Lobo Feroz reescriben su cuento en el paseo de Sant Joan
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Caperucita Roja y el Lobo Feroz reescriben su cuento en el paseo de Sant Joan

En el paseo de Sant Joan, entre la calle Còrsega y Rosselló, sale al paso una Caperucita Roja con su Lobo Feroz, que refleja una imagen muy diferente a la que narran la mayoría de los cuentos populares. En actitud cariñosa y entrañable, con una sonrisa en la cara, la niña, con su caperuza puesta y la cesta en el brazo izquierdo, deja caer su mano derecha sobre la cabeza un lobo que aparenta más ser un perro fiel que una bestia salvaje capaz de comerse a nadie.

Es una de las pocas obras públicas del escultor catalán Josep Tenas. Realizada en 1921 y fundida en bronce por Gabriel Bechini, fue diseñada originalmente para otra fuente que había en los jardines de Víctor Pradera, pero se acabó utilizando para vestir y enriquecer el paseo de Sant Joan. 

Una Venus clásica, en el jardín novecentista del Mas Revetllat-Pla
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Una Venus clásica, en el jardín novecentista del Mas Revetllat-Pla

Adolf Florensa diseñó en 1930 La Fuente de la Venus de Fréjus, de estilo novecentista, para decorar el jardín de la antigua finca del Instituto Ravetllat-Pla, un terreno actualmente abierto al público con el nombre de Jardines del Doctor Pla i Armengol, como homenaje al propietario. 

Sobre un pequeño estanque polilobulado se alza un edículo con un nicho central rematado con un frontón presidido por una concha esculpida en piedra. En el centro del nicho, emerge Venus o Afrodita, con gesto tranquilo y sereno. Su pecho Izquierdo está al descubierto y el manto, que aguanta entre los dedos de la mano derecha, le cae sobre el hombro. En la mano izquierda sostiene la famosa manzana de la discordia que se disputaron las diosas Atenea, Hera y Afrodita para ver cuál de las tres era la más hermosa. Separadas del cuerpo central por columnas fajadas, dos alas laterales de forma cóncava y rematadas con volutas y jarrones de piedra completan el conjunto.

Esta estatua de Florensa es una copia de la Venus Fréjus del siglo IV a.C, de un estilo derivado de Fidias y actualmente a buen recaudo, en el Museo del Louvre, en París.

Un homenaje ochentero a Gaudí en el Turó de la Rovira
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Un homenaje ochentero a Gaudí en el Turó de la Rovira

En el número 7 de la calle de Marià Labèrnia, que lleva hasta la cima del Turó de la Rovira, destaca un edificio curioso, construido según los datos del catastro en 1989, que imita claramente el estilo y las técnicas gaudininanas.

El zócalo de la fachada tiene una forma ondulada y está decorado con un trencadís a base de piezas de cerámica esmaltada de forma irregular, en colores gris claro y oscuro, azul y marrón. El perímetro del tejado está decorado con una faja que alterna tramos de color azul y amarillo y el centro es blanco con una faja ondulada reseguida de rojo. Aunque lo que más llama la atención ya a lo lejos es la cruz que corona la casa, revestida con piezas de color blanco. Sin duda, un homenaje particular a Gaudí de autor desconocido.

El Instituto Ferran, de oasis de la ciencia a isla de la educación
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El Instituto Ferran, de oasis de la ciencia a isla de la educación

En la esquina de la calle Garcilaso con Acàcies sobrevive lo que un día fue el Instituto Ferran, conocido así popularmente por su fundador, el Doctor Jaume Ferran i Clau. Especializado en bacteriología y microbiología, consiguió las vacunas contra el cólera, la tuberculosis, mejoró la antirrábica de Pasteur y desarrolló otras para animales. El Dr. Ferran adquirió unos terrenos en 1903 junto a la antigua carretera de Horta a La Sagrera, que hoy conocemos con la calle Garcilaso. Allí, después de su destitución como director del Laboratorio Microbiológico Municipal, en 1905, se encerró para seguir investigando.

Aquel espacio era una especie de oasis de la ciencia en el distrito de Sant Andreu. Tras la muerte del Doctor Ferran el 22 de noviembre de 1929, los doctores Roux, J. Vila Ferran y Roque Martín continuaron su labor investigadora, pero centrada en la hidrofobia. Hasta que, en 1973, el Ayuntamiento adquirió la finca para construir años más tarde una escuela pública Dr. Ferran y el instituto de enseñanza L’Alzina. Actualmente, el terreno acoge también una escuela de primaria y una guardería, una escuela y una guardería.

La Antiga Cereria Lluís Codina, una historia de cirios, alpargatas… y turrones
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La Antiga Cereria Lluís Codina, una historia de cirios, alpargatas… y turrones

Una tienda de Virginias, la marca de chocolates y turrones, ha aparecido como por arte de magia en el corazón del Gòtic. Se ha instalado en la calle del Bisbe, en la Antiga Cereria Lluís Codina, un comercio emblemático de Barcelona, que se dedicó a la venta de velas de cera desde el 1825 hasta su cierre en 2016 y que reconvertido en la alpargatería Dos Espadrilles, en 2017.

El establecimiento tiene dos escaparates en los laterales con una estructura de madera perimetral montada sobre una reja de hierro fundido con pequeñas balaustradas. La puerta de la entrada está formada por una estructura de tres hojas de madera que crean una zona de vestíbulo con la puerta vidriera grabada al ácido. El rótulo, al nivel de los dinteles, ocupa los tres portales de fachada y es de vidrio pintado con pan de oro. En la parte superior central del rótulo hay un panel decorativo con un escudo rodeado por el texto "cera verde de abeja", sujeto por una filigrana de talla de madera. En el interior del local, se conserva el suelo de cuadros blancos y negros

Un dragón de acero custodia el parque de la España Industrial
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Un dragón de acero custodia el parque de la España Industrial

Un inmenso dragón con las alas extendidas y las fauces bien abiertas custodia el parque de la España Industrial desde 1987. La obra del artista vasco Andrés Nagel está realizada con placas de acero recortadas con perfiles abstractos. Mide siete metros de altura y pesa unas 150 toneladas.

Pero este es solo uno de los muchos ejemplares que custodian Barcelona, no en vano es conocida como “la ciudad de los mil dragones”. Los dragones y saurios que custodian Barcelona pueden encontrarse en todos los tamaños y colores, trepando fachadas con sus garras afiladas, bajo cornisas y balcones, o tomando el sol como las lagartijas. 

La plaza Milans, el capricho pentadecagonal del barrio Gótico
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La plaza Milans, el capricho pentadecagonal del barrio Gótico

La calle de Milans es única y especial, una anomalía que contribuye a lo laberíntico del barrio Gótico con su sinuosidad. Es una pequeña calle excepcional que guarda en su interior una perla, una placeta del mismo nombre que destaca por su forma circular o, para ser más precisos, pentadecagonal (quince lados).

La placeta de Milans fue construida en este escenario urbanístico, en 1853, por Francesc Daniel Molina, arquitecto de Vic nacido en 1812, nombrado arquitecto municipal en 1855 y responsable también de la urbanización de la plaza del Duc de Medinacelli y de la plaza Reial.

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