En 1893, Gràcia aún no formaba parte de Barcelona, era un pueblo independiente, y Miquel Call i Millàs, contratista de obras, decidió edificar un inmueble en el actual número 7 de la calle Verdi, en la esquina con Vallfogona. Ese año causaba furor el modernismo en Barcelona: se terminaba el vecino mercado de la Llibertat y el palacio Montaner, de Lluís Domènech i Montaner; Josep Vilaseca iniciaba la casa Enric Batlló del paseo de Gràcia...

Para llevar a cabo su ambicioso proyecto, Call i Millàs le hizo el encargo a un desconocido arquitecto, Joan Marsant Sola, al que se le fue la mano y edificó un cuarto piso, una ilegalidad que le valió una seria advertencia del Ayuntamiento. Pero no es su altura lo que llama la atención en este edificio, sino su exuberante decoración de piedra y sus balcones de hierro forjado, un trabajo artístico excepcional.

SEIS EJES VERTICALES

La fachada en la calle Vallfogona tiene una composición de aperturas de seis ejes verticales mientras que la de la calle Verdi dispone de tan solo dos. La característica más destacada de ambas es la densidad del repertorio ornamental, concentrado alrededor de las aperturas y en los laterales de los balcones, donde se concentran motivos escultóricos bastante barrocos.

La fachada es de estucado liso y se completa con unas pinturas que recorren como un friso cada una de las plantas. Estas presentan motivos florales en la planta superior, y diferentes animales en el resto. En total, se pueden contar 38 medallones esgrafiados en su doble fachada, todos con representaciones animalescas. Un pequeño y particular zoo.

PASIÓN POR LA NATURALEZA

¿Qué significan? Sobre su origen hay varias versiones. Según algunos, la idea de los plafones fue del señor Call; los hay que le adjudican una pasión desbordada por la naturaleza y los hay que opinan que solo fueron una manera de hacer más atractiva su promoción inmobiliaria para vender más pisos. Según otros, el diseño se debe a que en los bajos, antes de la farmacia, había una tienda de animales exóticos traídos del Caribe y de la Guinea, y que sus propietarios encargaron la decoración con finalidades publicitarias. Una tercera versión sugiere un origen posterior fruto de la intervención que el arquitecto Joan Bruguera llevó a cabo sobre la fachada entre los años 1896 y 1897.

En la esquina, donde se unen ambas fachadas, destaca una columna rematada por un florón en el primer piso. La cubierta es plana con azotea y presenta un alféizar de obra sobre una cornisa sencilla. Superpuestos aparecen unos elementos que recuerdan las almenas medievales.
 

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