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Doña Perfecta Ada está nerviosa. ¿Qué le pasa a Doña Perfecta? A lo peor ha leído la frase de Pérez Galdós que le advertía: “Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”. En otra de sus malas semanas, se ha descontrolado su egolatría caprichosa y autoritaria. Un detonante pudo ser la investigación sobre sus oscuras relaciones antisistema con el tiburón del capitalismo trotskista. Tampoco le gustó el nuevo alcalde de Badalona y exigió una moción de censura contra él, violando así el principio básico de no injerencia en asuntos de otras ciudades. Y en Castelldefels, los socialistas han tirado a sus correligionarias comuneras al contenedor de residuos no reciclables de la historia local. ¿Ha visto Colau las axilas de sus vecinas depilar, pone las suyas a remojar y le tirita el aparato nervioso?

Porque no es lógico que en menos de una quincena perpetre más disparates que los siguientes. Iniciar otra cruzada contra las motocicletas. Hundir el proyecto de motos compartidas. Esparcir las cenizas de Nissan causadas por su política de bicicleta para todo. Exigir que se abran “ya” escuelas y guarderías pese al peligro sanitario. Dinamitar el tratado de paz de Collboni con el sector hostelero. Aumentar las tasas de recogida de residuos. Subir los sueldos a sus asesoras y directivas antes del naufragio a la vista. Asistir muda al cierre para siempre de decenas de establecimientos históricos de Barcelona. Admitir que la ciudad está más sucia que jamás… Y para incendiar su Comuna Rosa de Fuego mientras rasga la lira en su atalaya, su delfina Janet asciende a concejala de Ciutat Vella, que es como poner un zorro predador a cuidar gallinas en flor.

Tantos dislates podrían deberse a los calentones primaverales, a los sofocos propios de la edad, a que ahorra aire acondicionado en su casi limusina, a la tensión de tanto tiempo con hijos y marido en casa, o a su maníaca aversión a todo lo que gusta a la mayoría de barceloneses. Como parece patinarle alguna neurona, sus asesoras le han recomendado que practique la nuevísima moda del llamado “estado emocional colectivo”, aunque sea una imprudencia sanitaria. Primera lección: reclamó “abrir ya” escuelas y guarderías, porque es “una necesidad social y emocional”. Segunda: repitió la consigna de que bares y terrazas “tienen una función social y emocional”, les manifestó su “apoyo y calor”, los apuntilló por la nuca y traicionó a su socio de gobierno.

Podría pasar que una Barcelona harta de tanta falsedad e hipocresía emocional le monte performances como las suyas cuando se disfrazaba de avispona venenosa. O le corten más calles que su Meridiana particular. En tal caso, su camarada Cenicienta Montero de Iglesias y Galapagar puede enviarle por 350.000 euros aquellas columnas de refuerzo de su exposición “Milicianas republicanas”, cosecha del 1936. Tal vez así la alcaldesa se quede sedada, entretenida y calladita, que está como más mona. Dicho sea con perdón de las monas, que son sociales y emocionales.

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