Me dicen que el Ayuntamiento de Valencia dijo que no a una noria y el de Madrid ya ha corrido a pedirla para la capital. El anuncio se ha publicado en Twitter, lo que demuestra que el asunto será grave, pero no puede ser serio. Dice que Madrid trabajará para tener «la noria más grande de Europa» y define la noria como una «nueva atracción turística y cultural». La única noria que asocio yo con lo cultural es la que sale en «El tercer hombre», en Viena, cuando Orson Welles le explica a Joseph Cotten los orígenes del Renacimiento y el reloj de cuco. Sin embargo, que las autoridades aseguren que una noria es una infraestructura cultural lo veo muy en la línea de nuestros tiempos, muy guay.

Como últimamente Madrid nos está dejando atrás y muy atrás en casi todo, el Ayuntamiento de Barcelona está estudiando algunas opciones para tomar de nuevo la iniciativa y volver a ser referente sociocultural en España y, de ser eso posible, en Europa. Que lo sea en Cataluña ya se da por imposible, dada la intoxicación de ratafía de los pueblos del interior.

¿Qué opciones está barajando? A ver, ojo, que esto que diré es secreto y exclusivo, así que no se lo digan a nadie, pero quieren montar un parque eólico en lo alto de la Sagrada Família. Ríete tú de la noria madrileña. Si la grúa de la Sagrada Família es ahora mismo la más alta de España, cuando tengamos los molinos de viento en lo alto de las torres centrales de la basílica salimos en todos los telediarios y se van a morir de envidia en los Madriles, ya verás.

Otro plan, y éste se ha anunciado públicamente, consiste en cortar calles al tráfico rodado. Durante varias semanas, un grupo de hiperventilados han cortado la avenida Meridiana en hora punta y aquí no ha pasado nada. Bueno, sí que ha pasado. Se ha enriquecido notablemente la vida cultural de la ciudad, porque el centenar aproximado de obstructores de la vía pública organiza diariamente cánticos corales, sesiones de bailes populares, «cremats» (¡que no falte el alcohol!) y en ocasiones han protagonizado sesiones de pugilismo, según cuenta la Guardia Urbana. En esas horas de jolgorio, un tramo de la concurrida avenida vive libre de la tiranía de los vehículos impulsados por motor térmico y un buen puñado de conductores, unas calles más allá, recibe el justo castigo por tener que emplear su vehículo automóvil para regresar a casa después de una dura jornada de trabajo, consistente en aguantarse el pis más tiempo del necesario porque la vía está cortada y se han visto atrapados en medio de un atasco.

El Ayuntamiento de Barcelona se ha inspirado en esta manifestación para promover más cortes de calles y ahora quiere cortar al menos una vez al mes la calle Aragó, la Vía Laietana y qué sé yo. Lo hará en domingo, cuando no hay tráfico, para demostrar que cuando no hay tráfico uno puede cortar las calles sin hacerse demasiado daño. Ahora bien, si creyeran en lo que dicen, cortarían esas avenidas de automóviles un lunes, por ejemplo, y entonces veríamos si tienen razón. Pero no hay narices. Así que se conforman con molestar el domingo, que es cuando la gente podría vivir tranquila. Pero no, porque leo que realizarán «actividades culturales»… ¡Anda! ¿Pondrán una noria?

De verdad, qué pena. Nos hemos enquistado en la tontería. Para mi horror y consternación, lo cursi avanza inexorable, y de ahí el triunfo de lo guay. La señora Colau es un ejemplo de libro, pero no es la única persona o institución que cambia política por panfilismo, simplismo, populismo o gilipollez, o todo junto y bien mezclado. Tienen su público, es evidente, pero ¡cuánta gente no pierden por el camino…! Y cuánto daño hacen. Luego, cuando pasen cosas en los procesos electorales, no me vengan a llorar.

Por eso quizá no sea una tontería instalar una noria en alguna parte, porque hay que darle muchas vueltas a todo este lío para ver cómo vamos a salir de ésta con bien.

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