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Queda lejos aquel Barcelona Més que Mai que reflejaba una ciudad abierta dónde nos enorgullecíamos de tener un lugar en el mundo y lucíamos con orgullo nuestra vecindad. Ahora, Barcelona languidece como una ciudad más, a veces muy gris, que está gobernada por una alcaldesa que actúa de forma sectaria y populista, como ayer dijeron más de cincuenta entidades. La pandemia del covid19 no ha ayudado, sin lugar a dudas, pero Ada Colau se ha decidido darle la puntilla, dirigiendo sus dardos envenenados a la línea de flotación de la ciudad: la movilidad.

Aprovechando con nocturnidad y alevosía la pandemia, el Ayuntamiento de Barcelona ha decidido que para movernos por la urbe utilicemos el transporte público, vayamos a pie o en bicicleta. El coche, el maldito coche, tiene que abandonar las calles. Y si no lo hace, el ayuntamiento se lo pondrá difícil, cuando no imposible. Dicen en el consistorio que miran al futuro, pero lo hacen con gafas cargadas de dioptrías tras hacer un plan que el papel aguanta, como todo, pero hecho a espaldas de la ciudad. El equipo de gobierno ha presentado un Plan, que de plan solo tiene el nombre. Tratan de dibujar la Barcelona del futuro sin hacer los deberes previos.

Nos dicen que para movernos vayamos a pie o en bicicleta. Si la cosa no fuera tan seria, nos dibujaría una sonrisa. A pie lo podrán hacer algunos privilegiados que tengan su lugar de trabajo cerca de su casa. No es el caso de miles de barceloneses que tienen que abandonar la ciudad para trabajar, ni el caso de miles de ciudadanos del área metropolitana que vienen a la gran ciudad para desempeñar sus funciones. ¿En bicicleta? Seguramente, los “iluminados” del consistorio no tienen en cuenta que este medio de transporte no es para todos. Hay que estar en forma y, sobre todo, tener la edad adecuada.

La alternativa el transporte público. Colau y su tropa lo deben coger poco. Y ahora con el covid19, menos. Ir a trabajar en jornadas de ocho horas, implica hacerlo con seguridad, y el transporte público no es ahora la panacea. Y después de trabajar ocho horas no te apetece chuparte más de una hora de transporte, ni tampoco madrugar como las gallinas para llegar a tu hora. No sería mejor potenciar el transporte para facilitar que la gente dejara el coche, y no forzar a que dejen el coche para colapsar aún más el ya colapsado servicio público. No sería bueno, por ejemplo, diseñar parkings disuasorios para los que vienen de fuera, o para los que se van a fuera. Hoy por hoy, no existen. Colau prefiere colapsar la ciudad con medidas que “fardarán” mucho, pero que no sirven y menos en momentos difíciles y complicados.

Que lejos queda aquel Barcelona més que mai. Que lejos. Fue un lema de ilusión, de aquellos en los que Pasqual Maragall movía las conciencias. Sabía hacerlo como el que más. Hoy, Ada Colau nos quiere devolver a una ciudad gris, sin vida, con una gestión mediocre y sectaria. El Plan de Movilidad sólo entiende de luchar contra el coche. Dicen que apuestan por una ciudad para la gente. La gente que usa el coche no debe ser gente, ni deben tener derecho a vivir en la Gran Barcelona. Que pena.

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