Como sucede con el asesino en los buenos relatos de suspense, las siete cerámicas noucentistas de Josep Aragay que llevaban 50 años en paradero desconocido han reaparecido en el sitio mas insospechado, justo en ese en el que el lector nunca piensa mientras lee: en el pasillo de la antigua escuela Pere Calafell, en el distrito de Sant Martí. Y como en las novelas de intriga, la clave para resolver el enigma había estado desde el principio ante de los ojos del detective, perfectamente a la vista. Los mosaicos han contemplado impertérritos cómo desfilaban delante de ellos generaciones de niños y de profesores sin que ninguno de ellos reparara ni por asomo en que pasaban casi rozando unas obras de gran valor artístico, de “unas cerámicas muy emblemáticas del noucentisme”, ha explicado el concejal del distrito de Sant Martí, Josep Maria Montaner (Barcelona en Comú), al hacer publico el redescubrimiento de las piezas.

Para resolver el misterio de las cerámicas desaparecidas, hace falta saber que Josep Aragay (Barcelona,1889 – Breda, 1973) es un ceramista que adquirió un cierto renombre durante el noucentisme pero que es un gran desconocido para la mayoría de barceloneses. Y eso que es el autor de las cerámicas de la majestuosa fuente de Santa Anna, ubicada justo en la encrucijada donde el portal de l'Àngel se bifurca en la calle de la Cucurulla y en la dels Arcs, en Ciutat Vella. Posiblemente se le conozca poco porque en los años 30 del siglo XX se trasladó a vivir a la localidad de Breda (Girona) por motivos políticos. En Breda, donde montó su taller, confeccionó la mayor parte de su obra y falleció, hay un museo que lleva su nombre.

Siguiendo las pistas, se descubre que en 1931 CaixaBank (entonces denominada Caixa de Pensions per a la Vellesa i d'Estalvis) encargó al artista barcelonés la realización de siete cuadros cerámicos -formados por 12 azulejos cada uno- para decorar el vestíbulo de la zona infantil del Institut Antituberculós i Dispensaris Blancs, que la entidad tenía en el número 20 del barcelonés paseo de Sant Joan. Aragay realizó las siete cerámicas (con motivos mediterráneos, de la naturaleza e infantiles, muy del gusto del noucentisme) en su taller de Breda, donde dejó varios bocetos de la misma, que se conservan en el actual museo.

LAS CERÁMICAS SE ESFUMAN

Pero en los años 60 las cerámicas se esfumaron, al menos a efectos prácticos. La Caixa vendió los antiguos dispensarios para que se construyera un ambulatorio y alguien decidió que las piezas de Aragay se trasladaran a la guardería privada Pere Calafell -entonces propiedad también de la caja de ahorros- y ubicada en el número 184 de la calle de Andrade, en el barrio de Sant Martí de Provençals. Las siete piezas se colocaron en en espacio libre entre las puertas del pasillo principal de la escuela, en la planta baja. Pero no quedó ninguna constancia escrita de ello.

Detalle de las cerámicas de la fuente de Santa Anna, obra de Aragay / AJUNTAMENT DE BARCELONA
Detalle de una de las cerámicas de la fuente de Santa Anna, obra de Aragay / AJUNTAMENT DE BARCELONA

Oficialmente las piezas estaban a día de hoy en paradero desconocido. La Fundación La Caixa las tenía inventariadas como parte de su patrimonio pero desconocía qué había sido de ellas después de la desaparición del Institut Antituberculós. En el Museo Municipal Josep Aragay de Breda les pasaba algo parecido. Tenían los bocetos de los siete elementos de la obra pero ignoraban que había sido de los originales. El museo llevaba años buscando infructuosamente las piezas hasta el punto de que “ya habían renunciado a encontrarlas”, ha indicado Antoni Santos, presidente de la Asociación de Vecinos de Sant Martí.

La trama se complica más porque dos años el Ayuntamiento de Barcelona compró el edificio de la escuela Pere Calafell a CaixaBank por 1,6 millones de euros para rehabilitarlo y reconvertirlo en una escuela municipal de música y una guardería pública. Y entonces “el azar”, como el propio Santos ha reconocido, jugó sus bazas. Alguien del Centre d'Estudis Sant Martí de Provençals que documentaba los elementos del edificio antes de que se iniciara el proceso de reforma del inmueble reparó en que en la parte inferior derecha de las cerámicas había una firma: “ARAGAY” (en mayúsculas) y la datación en Breda.

UN SECESO SIN PRECEDENTES E IRREPETIBLE

Inmediatamente ató cabos y tuvo la intuición de que las obras que tenía ante sí no eran unos vulgares composiciones de azulejos sin ningún valor sino “una joya extraordinaria del noucentisme cerámico”, ha subrayado Montaner. Se consultó con el museo de Breda se compararon las piezas con los bocetos y el museo autentificó las obras ¡Bingo! Misterio resuelto. “Un descubrimiento así es algo insólito en Sant Martí. No hay precedentes y difícilmente se repetirá algo parecido”, ha reconocido el presidente de los vecinos.

El concejal del distrito ha explicado que una vez finalicen los trabajos de reforma y rehabilitación de la escuela Pere Calafell, las siete piezas de Aragay serán emplazadas en un lugar preferente del futuro equipamiento. Las cerámicas podrán visitarse -en el mismo pasillo en el que llevan medio siglo- hasta que comiencen las obras el año que viene, formando parte de una exposición a la que pronto se sumaran los bocetos originales y dos antiguas fotografías tomadas en el Institut Antituberculós donde aparecen algunos fragmentos de la cerámica en su emplazamiento original. Después, y mientras duren los trabajos, la intención es ceder temporalmente las obras al museo municipal de Breda “como premio” a las personas que desde la pequeña localidad gerundense han ayudado “a mantener vivo el nombre del artista”, ha rubricado Santos.

1/7
2/7
3/7
4/7
5/7
6/7
7/7
Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.