La calle Verdi de Barcelona / INMA SANTOS
La calle Verdi de Barcelona / INMA SANTOS

Un pliegue en el tiempo en la calle de Verdi

En el tramo final de la calle destaca un conjunto arquitectónico en el que destacan cuatro casas de estilo clasicista y una quinta modernista, reformada en 1910

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Periodista

Confieso. He paseado por la calle Verdi desde que era muy pequeña, aunque nunca me había tomado la molestia de subir por ella hasta Travessera de Dalt. Qué gran error. Más allá de la Verdi bulliciosa y animada, la de los tramos más populares y transitados, la premiada una y otra vez por sus decoraciones de fiesta Mayor, existe un rinconcito de Verdi tranquilo y silencioso, algo así como un pliegue en el tiempo que te catapulta al último cuarto del siglo XIX.

Se concentra en unos pocos metros, los que ocupan las fachadas de las cinco casitas unifamiliares situadas entre los números 144 y 152. Tres de ellas son idénticas, tres gemelas de estilo clasicista construidas en 1873, según desvela la fecha que preside sus respectivas fachadas. Sencillas y sobrias, sin ostentaciones ni alardes decorativos, son de una sola planta, con su ancho portón de entrada de madera, flanqueado por dos ventanas enrejadas de grandes dimensiones. Las tres están coronadas por una barandilla de piedra con un panel central donde consta la fecha de construcción.

Estas tres hermanas gemelas están precedidas por una casa más antigua, que ocupa el número 144. También es de una sola planta, pero, a diferencia de las otras tres, carece de coronamiento. Además, las ventanas quedan protegidas bajo un pequeño voladizo de piedra, a modo de visera.

Imagen de archivo de la Torre Jaume Rusiñol / ARCHIVO
Imagen de archivo de la Torre Jaume Rusiñol / ARCHIVO

Cierra el curioso grupo, una quinta casa que merece ser tratada de manera individual: la Torre Jaume Rusiñol. Ocupa el número 152 y, aunque forma parte del mismo conjunto, fue reformada en 1910 siguiendo un estilo totalmente modernista, tal y como queda patente en los relieves de los dinteles y respiraderos, decorados con molduras de temática vegetal. Y por supuesto, la cornisa, de forma sinuosa y con un enorme floral en el centro. En 1985, Ana Planella, entonces estudiante de filología, y Joaquim Ruiz Millet, arquitecto, descubren esta pequeña joya modernista y no pueden evitar caer bajo su embrujo.

"Al abrirse la vieja puerta, saltó un enorme gato de la oscuridad y sobre los cascotes y escombros un sólido cilindro de luz se proyectaba desde el terrado semihundido, como en un grabado de las Cárceles de Piranesi. Tuvimos una sensación trascendente. En la parte trasera, la casa se abría a un patio abandonado desde hacía tiempo, a las hojas de una palmera desparramadas sobre el suelo y un limonero en el centro", explican en la página web de BCNArt.

La pareja compró la casa y decidió rehabilitarla para destinarla inicialmente a estudio de arquitectura, pero, cuatro años después, abrió sus puertas convertida en una galería de arte contemporáneo bajo el nombre de H2O.

 

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