Pablo Picasso y Francis Picabia tienen mucho en común. Más de lo que parece. La Fundación Mapfre acoge por primera vez una exposición en la que los dos artistas entablan conversación a través de más de 150 obras de ambos, entre pinturas, dibujos, grabados y documentos de archivo, como revistas, cartas y fotografías. De forma paralela, la muestra Picasso-Picabia. La pintura en cuestión pretende también hacer un recorrido por la historia del arte desde el inicio de las primeras vanguardias hasta el comienzo de la abstracción.

Picabia, parisino de origen hispanocubano, era un provocador y eso convirtió la relación entre ambos en "asimétrica". Además, sus orígenes sociales son diferentes: "Picasso crece en el París de la bohemia, mientras que Picabia, proveniente de los ambientes burgueses, cultiva una pintura herencia de Sisley y Pissarro, como si fuera un impresionismo tardío", ha señalado la comisaria de la muestra, Aurélie Verdier, conservadora del Museo de Arte Moderno-Centro Pompidou.

CONFUSIÓN POR SUS NOMBRES

Fonéticamente se asimilan. De hecho, en sus inicios en París entre 1904 y 1905, cuando todavía no eran muy conocidos, había, según la comisaria, "una consonancia en sus nombres que daba pie incluso a confusiones, presentados a veces como falsos gemelos". En su opinión, ambos artistas comparten, además de su especial relación con la ciudad de Barcelona, el deseo de desafiar las convenciones pictóricas que la historiografía del arte ha establecido, y tanto uno como otro optan por "asesinar la pintura para rejuvenecerla".

Pero aunque son de la misma generación, parecen artistas antagónicos. Por ejemplo, en el tema de las españolas y la temática hispánica, contrastan dos retratos de mujeres con mantilla o el recurso de la tauromaquia, tratado por Picasso de forma más abstracta y por Picabia de un modo más realista, tal como se puede apreciar en la muestra.

AMBIENTE SURREALISTA EN PARÍS

Tampoco se olvida la exposición el ambiente surrealista que se respira en el París de aquellos años, o la coincidencia de ambos artistas en la ciudad de Barcelona en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, donde el francés lanza su revista 391.

Hasta 1925, tras la vuelta de Picasso al clasicismo, ambos comparten el gusto por lo que se ha querido denominar "la época de los monstruos", en un momento en el que coinciden durante varios veranos en la Costa Azul francesa. Por ejemplo, Los enamorados de Picasso y El beso y Los enamorados (después de la lluvia) de Picabia.

El recorrido termina con una selección de sus últimos lienzos: "Picasso vuelve incansablemente a la figura humana hasta su muerte en 1973, y Picabia, cuya carrera se detiene veinte años antes, reduce el acto de pintar a sutiles monocromos salpicados por puntos". En definitiva, una muestra inédita llena de talento: un cara a cara insólito.