Barcelona, aunque no lo parezca, tiene problemas de verdad. Problemas de los que debe ocuparse. Situaciones que debe resolver. Y digo lo de “aunque no lo parezca” porque viendo las preocupaciones de algunos en las diferentes comisiones municipales podríamos llegar a pensar que todo marcha de maravilla. Ahora resulta que el tema más importante para la ciudad es reprobar a la alcaldesa Ada Colau por haber marchado a la Garrotxa durante la fiesta de reyes.

Es curioso observar cómo el mayor nivel de intensidad en lo que a reproches se refiere en la Comisión de presidencia se vivió en el intento de Junts per Cataluña de reprobar a la alcaldesa por haber alquilado una casa rural en la Garrotxa. Como si no hubiera temas importantes que tratar más allá de la vida de la alcaldesa. A mi me importa muy poco si Ada Colau está o no en una casa rural el día de reyes. Si quiere alquilarla y marcharse, teniendo en cuenta que estaba permitido, que lo haga. 

Pero la alcaldesa también se permite opinar sobre lo que hacen o no los demás. Tras poder ver las encuestas que parecen dar a Salvador Illa cada vez un mejor resultado, la alcaldesa decidió ponerse a opinar sobre la idoneidad o no de realizar la reunión del Comité Federal del PSOE en Barcelona llegando a tildar al ministro de sanidad de “irresponsable y falto de respeto”.  

Imagino que el problema es que los comunes temen que la cita electoral quede finalmente fijada para el próximo 14 de febrero, y eso empieza a contaminarlo todo. Contamina las propuestas de los grupos en las diferentes comisiones del ayuntamiento y hace que algunos de nuestros políticos no estén a lo que tienen que estar. La campaña para las catalanas es una cosa y el gobierno de nuestra ciudad, otra muy distinta, aunque algunos parecen no entenderlo.

En cualquier caso, es cierto que los reproches cruzados por no hacer caso de los criterios fijados por los distintos gobiernos para limitar la movilidad empiezan a dar bastante vergüenza ajena. Apuntaba con pluma afilada Francesc Arroyo en su artículo de opinión Predicar con el ejemplo que si Colau no debía ir a la Garrotxa por ejemplaridad pese a cumplir perfectamente las restricciones establecidas, tampoco tendría que haber venido Pablo Casado a Gimenells o a Barcelona para soltar una charla que podría haber dado por vía telemática. Y tiene razón. Pero, desgraciadamente, de ejemplaridad nuestros políticos van algo faltos.

Quienes ocupando un cargo municipal están más preocupados de campañas electorales que deberían serles ajenas que de otras cuestiones hacen un flaco favor a nuestra ciudad.

Quienes han sido elegidos para trabajar por nuestra ciudad deberían dedicarse en cuerpo y alma a Barcelona y no perderse en otros debates. Lo de estar en misa y repicando se suponía que era algo imposible, pero algunos, empujados por la fuerza de los intereses propios se mezclan en todas las campañas que pueden, y enturbian de ese modo el trabajo municipal, que no es poco.

Y cuando llega la campaña electoral de turno la polémica está servida, puesto que algunos necesitan mezclar lo que sucede en Barcelona con sus intereses para las siguientes elecciones. Es por eso que vemos proposiciones que no tienen en ningún caso el interés de mejorar la situación de la ciudad, sino que buscan obtener rédito electoral de cara a otras elecciones.

Estos días hemos podido leer que en Barcelona quedan sin cubrir 10.000 empleos tecnológicos por la falta de profesionales cualificados. Esto hace que Barcelona pierda oportunidades que podrían afectar al futuro inmediato de la capital. No sé a vosotros, pero a mi me interesa más ese debate que la vida privada de la alcaldesa o que el lugar en el que se reúna el comité federal del PSOE, pero claro, ponerse a solucionar esto no da tantos votos como insultar y descalificar al contrario.

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