Sondeos secretos que manejan los responsables del equipo de gobierno del Ayuntamiento varían sustancialmente los resultados de las encuestas más conocidas, que sitúan en una terna de cabeza a tres fuerzas políticas: a los comunes, liderados por Ada Colau; a los republicanos, liderados por Ernest Maragall; y a la plataforma que encabeza Manuel Valls, con el apoyo explícito de Ciudadanos. Pero esa correlación de fuerzas ha saltado ya por los aires.

Las cuentas que maneja la alcaldesa dejan en cabeza a Maragall y a ella misma, mientras que Valls se queda muy descolgado. “Valls pierde fuelle, se queda lejos. En estos momentos, ya no es el rival para nosotros”, explica a Metrópoli Abierta una fuente de los comunes. Por el contrario, quien experimenta una subida importante es el socialista Jaume Collboni, que se sitúa como tercera fuerza, laminando a Valls y con una trayectoria ascendente. De hecho, el candidato del PSC no ha dejado de ganar votos desde hace algunos meses.

EL ENEMIGO A BATIR

“Collboni se acerca peligrosamente. Lo que hemos detectado es un cierto estancamiento o incluso un ligero retroceso en el voto de comunes y ERC y un crecimiento importante en el voto socialista. Lo que se deduce es que una parte del electorado que en un principio había depositado sus esperanzas en Valls se ha dado cuenta de que no es su candidato y se alinean ahora con el PSC”, añaden las fuentes.

El socialista se ha convertido, así, en el verdadero enemigo a batir. “Es cierto que hasta no hace mucho se tenía a Maragall como el principal rival, pero el voto de ERC ya está muy decidido y difícilmente cambiará de bando hacia los comunes. En cambio, hay un nicho de sufragios de la izquierda que pueden sentirse atraídos por el PSC, por lo que habrá que contrarrestar esa posible fuga”, advierten desde fuentes cercanas al equipo de gobierno municipal.

EL MIEDO DE COLAU

El miedo es que a la fuga de votos de Valls se sume otra fuga de votos de los comunes hacia el PSC, con lo que el socialismo recuperaría un importante porcentaje de sufragios que le pondrían de nuevo en el pelotón de cabeza de las fuerzas políticas municipales. Y ello amenaza claramente la hegemonía de Colau y de la nueva política de izquierdas que ha intentado vender en la última legislatura.

El principal escollo con que cuenta la alcaldesa es que la gestión de gobierno durante los últimos cuatro años ha sido escasa, que sus principales colaboradores han encendido conflictos con colectivos como los restauradores, los hoteleros o los comerciantes (que en algunos casos ya habían pactado con el Ayuntamiento la solución a sus problemas) y que las huestes de Barcelona en Comú (BeC) están desorientadas por las graves tensiones internas de la coalición (especialmente la lucha a muerte entre el núcleo duro de Colau y los representantes de ICV).

Colau funeraria
Ada Colau, alcaldesa de Barcelona

Ante este revés, los comunes le darán la vuelta a la tortilla: su campaña se basará en intentar conocer qué piensan los ciudadanos que Colau ha hecho mal. Se trata de plantear al electorado esa cuestión para luego contrarrestar las posibles respuestas con consignas políticas generalistas. Todo un alarde de picardía electoral.

ACERCAR LA ALCALDESA A LOS CIUDADANOS

Pero también hay otra parte de la estrategia que consiste en acercar a la alcaldesa a los ciudadanos. Ahí entra en escena la intención de su equipo de asesores de que Colau pise más la Barcelona popular y, en concreto, los barrios de donde salen los votos de la izquierda. La gran batalla se librará en Sant Martí, Nou Barris, Sant Andreu, Bon Pastor e incluso en el Eixample. Y los estrategas de Barcelona en Comú ya han diseñado todo un plan para hacer visible a Ada Colau entre las clases populares, que son las que pueden cambiar su voto.

Uno de los puntos de esa estrategia es hacerle visitar puntos concretos de esos barrios sin previo aviso. De esa manera, no sólo cuentan con la sorpresa del ciudadano, que se puede encontrar por la calle a su alcaldesa, sino que evitan (y eso es lo más importante, a los ojos de sus asesores) que sus actos o encuentros públicos puedan ser boicoteados por ciudadanos enfadados por la política municipal.

De hecho, las visitas presenciales a barrios que han sido desatendidos desde el inicio de la legislatura ya era una de las prioridades del equipo de campaña de BeC. Hace meses que su equipo había urdido un plan para reconquistar los barrios que pueden ser el nicho de votos de los comunes. Y ahora ese plan ya ha sido puesto en marcha. Tendremos Colau para rato.