La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no da puntada sin hilo. La reciente huelga de los taxistas fue un ejemplo de como la astuta edil armó la marimorena y observó desde la barrera el conflicto sin despeinarse. Para empezar, según algunas fuentes consultadas por Metrópoli Abierta, el reglamento que provocó la gran huelga de taxistas no era de ella, sino de Antoni Poveda, alcalde socialista de Sant Joan Despí y vicepresidente del Área Metropolitana de Barcelona (AMB). “Ella se apropió el reglamento porque la sacaba de un apuro y la dejaba bien ante un colectivo”, critica una fuente del Baix Llobregat.

Un concejal de la oposición de Barcelona, por su parte, añade que “ella sabía que la aprobación del reglamento era una salida momentánea. Conocía la circunstancia de que los tribunales se lo iban a rechazar porque no era competencia de ella. Aún así, siguió adelante”.

RÉDITO  POLÍTICO

Desde la oposición critican especialmente la “jugada política que ha hecho”. Esa jugada implica que Colau “se puso a la vanguardia de los taxistas con un solo objetivo: sacar rédito político de la situación. Ella está ya en campaña electoral y lo fía todo a una campaña que tendrá como eje principal que es una política incómoda a la que los poderosos y los intereses creados no la dejan gobernar. Su leit motiv será que son esos poderosos los que la persiguen y los que no la dejan dictar las normas justas como ella quiere. Dado que no puede presentar acción de gobierno porque su gestión ha sido nefasta, ése será el cartucho que queme en las municipales del año que viene”.

Estas fuentes reconocen que “políticamente, la jugada no está mal, aunque es deprimente que tenga que recurrir a estas estrategias para levantar su figura y popularidad”. Pero ese posicionamiento no estuvo exento de riesgo: el reglamento fue votado por todos los partidos excepto por el PP. Pero, según algunas fuentes consultadas, ya tenía trampa: “Preveía que habría una licencia de VTC por cada 30 de taxis. Con eso, piensan que ya te sales del problema. Pero no es así, porque si aumentas los taxis, te van a aumentar las licencias de VTS y con ello vas a enfadar otra vez a los taxistas”, señalan las fuentes.

EL DOBLE PROBLEMA

El problema de fondo, no obstante, es el de las licencias: muchos de los profesionales del sector se han endeudado para poder comprar una licencia, que les supone la posibilidad de tener un trabajo permanente. “Con ella, te asegurabas el trabajo. Pero aparecieron Uber y Cabify, que destruyen empleo en el sector, lo mismo que hace Amazon con el comercio. Y te encuentras con un doble problema: por un lado, tienes un espacio que has de reformar, que está mal regulado y que funciona mal y, por otro lado, tienes a unas empresas de VTC que aprovechan la grieta legal para funcionar como taxis”.

Ante ese panorama, no es de extrañar que el conflicto estallase en toda su magnitud, especialmente por cómo está configurado actualmente el sector del taxi. Hace años, había un sindicato muy potente, el STATC, que abanderó las principales reivindicaciones en las décadas de los 80 y 90. El Sindicat del Taxi de Catalunya (STAC) recogió luego el testigo, hasta hace poco. Era el sindicato vinculado a la izquierda y el combativo. Esta organización sufrió una escisión, de la que salió la Agrupació Taxi Companys (ATC), mientras que la pujante Elite Taxi, nacida en el 2014, se convirtió, en el referente del sector en las últimas elecciones para la mesa técnica del taxi.

LA SORPRESA DE 2016

En el espectro político de la derecha, se sitúan el Gremio Unión Taxista (GUT) y la Asociación Catalana del Taxi (ACT). En el Área Metropolitana de Barcelona trabajan unos 9.000 autónomos como taxistas y hay un par de cientos de empresarios que tienen varias licencias que les sirven para alquilar vehículos. También, existen unos 2.000 asalariados, con un convenio colectivo específico para este gremio. Los empresarios se organizan en torno a la Asociación Empresarial del Taxi (AET). En los últimos meses, también se han creado diferentes asociaciones para dar cabida a colectivos que se han ido incorporando al sector: Paktaxi integra a los pakistaníes y TLU a los latinos (Taxistas Latinos Unidos).

LA MESA TÉCNICA DEL TAXI

El sector se organiza en la mesa técnica del taxi, en la que se negocia todo lo que tiene que ver con el gremio y donde se parten la cara los taxistas y la Administración. Para estar en ella, las organizaciones han de tener un mínimo de representación del 10%. Cada cuatro años, hay elecciones para renovar este órgano. La sorpresa saltó en el 2016, cuando Elite Taxi logró el 65,3% de los votos de los autónomos, frente al 10,4% de ATC, el 9,8% de STAC, el 8,3% de ACT, el 3,7% de

GUT y el 1,1% de la Cooperativa Industria del Taxi SCCL. Por tanto, sólo los dos primeros sindicatos forman parte de la mesa y los demás han quedado fuera. Como representantes de los asalariados fueron elegidos Saad Mukhtar Tararar, con 529 votos, y Alberto Álvarez, Tito, con 421 votos (se emitieron 1083 votos). Ambos están afiliados a Elite Taxi.

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