Cuantos más técnicos, expertos, economistas, catedrático o estudiosos comparecen en la comisión municipal sobre la unión de las dos líneas del tranvía por la Diagonal y cuantos más datos, informes, estudios y simulaciones se presentan sobre el proyecto más claro queda que la decisión final que se tome sobre esta infraestructura de transporte será puramente política, nunca técnica. El motivo es tan sencillo como que. con tanto debate, hay argumentos a favor y en contra del tranvía hay para dar y vender. No pasa lo mismo con el consenso político: cada vez hay menos, y todo apunta a que no tendrá parada en el Diagonal.

La concejal de Mobilitat del Ayuntamiento de Barcelona, Mercedes Vidal (Barcelona en Comú), ha vuelto a presionar en la última sesióm de la comisión especial sobre el tranvía de la Diagonal al conjunto de partidos de la oposición para que apoyen políticamente el proyecto, o de lo contrario “tendrán que decir por qué no dan su voto favorable”, pues al parecer, si lo hacen podrían ser señalados. La edil se ha dirigido directamente a la concejal del Grupo Municipal Demócrata (PDECAT), Francina Vila, y le ha expetado que en cuestión de transporte metropolitano, “lecciones ni una”.

Esta forma tan particular de buscar el consenso , como resulta evidente, no ha gustado a los miembros de la oposición presentes en la sala donde se ha reunido la comisión. Quien mejor se lo ha explicado a Vidal ha sido el concejal del Grupo Municipal de Ciutadans (Cs), Koldo Blanco. Blanco le ha dicho a la edil de BeC que las cosas “se pueden hacer de forma autoritaria o por consenso. Si pretende conseguir el consenso político con el tranvía le pediría que no use esa agresividad retorica, porque no ayuda. Le pido que que tenga una predisposición al diálogo mas constructiva”, ha añadido. El concejal de Cs le ha recordado también que “no solo se necesita consenso político sino también un consenso social que no hay”.

EL GUIÓN DE UN PARTIDO DE TENIS

El resto de la sesión de la comisión ha repetido el tipico esquema, el típico guión de un partido de tenis como en las citas anteriores. Ha sido un continuo intercambio de raquetazos entre los argumentarios favorables de la conexión de las dos actuales líneas del TRAM (Trambaix y Trambesòs) y los razonamientos opuestos. Y como en todos los debates anteriores, al final el match ha acabado con un empate técnico, valga la redundancia. No obstante, los ponentes de la última sesión han esgrimido en la sala argumentos en uno y otro sentido muy clarificadores y con apariencia de solidez.

La intervención más contundente posiblemente ha sido la del economista Enric Llarch, quien ha insistido en que a la conexión de los tranvías por la Diagonal “no es un objetivo prioritario ni deseable para la ciudad de Barcelona". Llarch ha sustentado su discurso en que existen otras formas de destinar recursos al transporte público que aportarían “una mayor rentabilidad”. El economista ha incidido en que las periferias de uno y otro lado de Barcelona no se deben conectar “pasando por el centro de la ciudad sino evitándolo” (como por ejemplo hacen la Ronda de Dalt y la Ronda Litoral en el caso del transporte privado).

En el otro lado de la cancha, el doctor en Ingeniería, Andreu Uliet, ha asegurado que en la reforma de la Diagonal solo caben dos opciones: “el tranvía o no hacer nada” y ha echado por tierra los argumentos de quienes defienden que es mejor poner autobuses híbridos biarticulados para cubrir el trayecto entre las plazas de Glòries y Francesc Macià porque “no tienen suficiente capacidad, y por lo tanto, no son eficientes. Esta solución ya llega tarde. Con vistas a garantizar la movilidad en el futuro la solución que mejor responde es el tranvía”, ha arremetido el ingeniero. Uliet también ha “descartado totalmente” opciones alternativas como los túneles o desviar el tranvía por otras calles del Eixample.

PROBAR PRIMERO CON EL AUTOBÚS D30

Las intervenciones de los dos expertos han arrancado adhesiones y críticas casi a partes iguales. Francina Vila (PDeCAT) ha postulado que “no vale la pena gastar más de 200 o de 400 millones de euros únicamente para que la gente deje de caminar o de coger el bus. No vale la pena”. Vila ha abogado porque se ponga en marcha la línea de autobus ortogonal D30 (que unificaría la mayoría de líneas que recorren la Diagonal) y se compruebe “si da respuesta a movilidad actual”, lo que evitaría el enorme gasto de conectar los dos tranvías.

El portavoz de ERC, Jordi Coronas, ha puesto en duda la idoneidad del tranvía cuando la inversión puede destinarse a otras infraestructuras de transporte más prioritarias para Barcelona “como ampliar la línea L4 del metro desde La Pau hasta La Sagrera”. Coronas ha reclamado un “plan para impulsar económicamente” la Diagonal y compensar a los comerciantes afectados por las obras, en el caso de que el tranvía se acabe ejecutando.

Por contra, el concejal del PSC, Dani Mòdol, se ha desmarcado a favor de la unión de las dos líneas del tranvía porque “es la mejor solución”, mientras que el edil del PP, Javier Mulleras, ha recordado que el gobierno municipal de Ada Colau (BeC) “ya tomó la decisión de poner el tranvía en la campaña electoral y desde entonces todo lo que se ha hecho ha sido la decisión que tenía tomada, aunque no sea prioritaria ni deseable”.

CAMBIO DE HÁBITOS EN LA MOVILIDAD

La presidenta del Grupo Municipal de la CUP, María José Lecha, ha pedido que la cuestión del tranvía de la Diagonal se estudie desde una visión más global que pase “por un cambio de hábitos” en la movilidad de los barceloneses. Por su parte, el concejal no adscrito y presidente de la comisión sobre el tranvía, Gerard Ardanuy, ha reclamado a sus compañeros que tomen la decisión final sobre la polémica infraestructura “con argumentos técnicos, como la capacidad de pasajeros o el coste de la obra”. Pero lo más probable es ninguno le haga demasiado caso. Y es que el destino del tranvía lleva camino de decidirse en base a meras argumentaciones políticas.