Los presupuestos municipales que Ada Colau pretendía que se aprobaran en el pleno del viernes con la carambola de una abstención múltiple ya están en el cubo de la basura. En un giro de última hora, en el último minuto de la prórroga (ese en el que suele marcar el Real Madrid para ganar los partidos, generalmente por obra y gracia de Sergio Ramos) el Grupo Municipal Socialista (PSC) ha anunciado que votará en contra. El presidente del grupo, Jaume Collboni, ha negado que la decisión sea una venganza por que Colau echó al PSC del equipo del gobierno, pero sí que ha reconocido sin rubor que es “una consecuencia”.

En agosto del año pasado, cuando el matrimonio entre Colau y Collboni navegaba viento en popa, ambas formaciones redactaron juntos la propuesta de presupuestos municipales para 2018. Pero a partir de entonces todo cambió. Primero, con el triste atentado yihadista de la Rambla y después por “el impacto del proceso independentista y la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y sus graves efectos sobre la economía de Barcelona y sobre la convivencia entre los barceloneses”, en palabras del propio Collboni. Esta nueva situación provocó que los socialistas pidieran a sus socios de Barcelona en Comú (BeC) que modificaran las cuentas para "reorientarlas" y adaptarlas a las nuevas necesidades de la ciudad, que empezaba a estar en caída libre.

Pero los comunes no solo no aceptaron las correcciones del PSC sino que decidieron echarlos del equipo de gobierno para abrazarse por la puerta de atrás a las formaciones independentistas, con la que había llegado a un acuerdo para tirar adelante los presupuestos con algunas modificaciones que según el presidente de los socialistas “son una claudicación del modelo de ciudad que defiende la izquierda en Barcelona”, como el tranvía de la Diagonal. Y lo que es más grave: “Somete Barcelona al independentismo”, ha remarcado.

LAS CONSECUENCIAS DE LA RUPTURA 

Durante todo este tiempo el PSC ha intentado introducir mejoras en los presupuestos a cambio de su voto favorable (como destinar un fondo extraordinario de 10 millones de euros para implementar medidas para reactivar la economía barcelonesa, la cobertura de más tramos de la Ronda de Dalt o la reconversión del antiguo Palau d'Esports en un equipamiento deportivo). También puso como condición para respaldar las cuentas que se congelaran las tarifas del transporte público. Pero sin suerte en ambos casos. De entrada, porque los títulos de transporte (en especial la T-10) han visto incrementado su precio de forma alarmante desde el 1 de enero.

Ante esta tesitura, los socialistas también han “reorientado” su posicionamiento, pasando de abstenerse (como hicieron en la Comisión de Economía del pasado mes de noviembre para que las cuentas pudieran ir a pleno) a votar directamente “NO”, lo que según la compleja aritmética del pleno es sinónimo de derrota de las cuentas de BeC, un episodio que se repite anualmente desde el inicio de la legislatura Y esta vez con un mensaje añadido claro: “Colau rompió el gobierno (con el PSC) y aquí tiene las consecuencias”.

El varapalo de los socialistas a las cuentas supondrá que no puedan aprobarse en el plenario sino que acaben prosperando mediante una cuestión de confianza que se pondrá en marcha en cuanto el pleno tumbe los presupuestos, con los votos en contra de Ciutadans (Cs), PP y del propio PSC, y las previsiblemente las abstenciones del Grupo Municipal Demòcrata (PDeCAT), ERC y la CUP. Si en el plazo de un mes no se presenta ninguna moción de censura (algo que Collboni ya ha dicho que no suscribirá y que por lo tanto no prosperaría en el hipotético caso de que algún partido de la oposición la liderara), las cuentas municipales quedarán aprobadas de forma automática.

PREVALECEN LAS CUENTAS CONSENSUADAS CON LOS SOCIALISTAS

Pero el destino todavía se guarda un último as en la manga para desconsuelo de Colau y de sus nuevos socios en la sombra: el PDeCAT y ERC. Los presupuestos que entrarán en en vigor cuando finalice el procedimiento de la cuestión de confianza no serán los que acaban de pactar Colau y los independentistas, sino paradójicamente los que obtuvieron el visto bueno de Comisión de Economía en noviembre y que eran -en esencia- las consensuadas por socialistas y comunes en agosto cuando todavía iban de la mano en el gobierno. “La ciudad no se va a quedar sin presupuestos. Al revés, puede salir ganando porque el acuerdo con el PSC es mejor que el alcanzado con Trias (PDeCAT)”, ha asegurado Collboni. La vida te da sorpresas, como diría Rubén Blades.

 

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