La madrugada del 25 de febrero de 2018 Leonardo Higa Allende, de 40 años (37 en aquel momento) volvía a su casa en la calle Vallhonrat, del barrio del Poble-sec, de tomar algo con sus excompañeros de trabajo. Se había despedido de ellos porque se embarcaba en una nueva aventura junto a su mujer y su hija recién nacida: un puesto de trabajo como chef en Ibiza.

Los sueños de Leo se truncaron cuando cinco individuos lo interceptaron para robarle en la plaza de Navas y tres de ellos le dieron una paliza de muerte al negarse a darles sus pertenencias. Tras la brutal agresión, varios testigos les vieron escapar y desaparecer sin dejar rastro. 

Las personas que lo encontraron agonizando llamaron al servicio de emergencias. Una ambulancia lo recogió inconsciente y con la mitad del cráneo hundida por los golpes con una barra de hierro que le dieron los agresores. Cuando sus familiares llegaron al Hospital Clínic, los médicos les dieron la peor de las noticias: estaba clínicamente muerto.

SECUELAS IRREVERSIBLES

El brutal ataque le había provocado un derrame cerebral, paresia facial izquierda y la perdida de visión de un ojo y la mitad del otro. La sangre había inundado a su cráneo, colapsándolo por completo. Leo se encontraba en el noveno grado de coma cerebral. "Allí empezó el infierno para nosotros", relata a Metrópoli Abierta su madre, Elena Allende. 

Después de pasar 20 "terroríficos" días en coma, los doctores seguían sin dar esperanzas, pero Leo luchó desde dentro. Tras cuatro meses en el centro médico barcelonés, volvía a hablar y a reconocer a sus familiares. "Todo un milagro", cuenta su progenitora, que durante todo ese tiempo vio como toda su vida acababa al tenerse que hacerse cargo de la de su hijo. 

Leonardo Higa, en coma tras la brutal paliza que lo dejó tetrapléjico / CEDIDA
Leonardo Higa, en coma tras la brutal paliza que lo dejó tetrapléjico / CEDIDA

TRABAS BUROCRÁTICAS

El hecho de que Leo no estuviera dado de alta en la Seguridad Social cuando ocurrió la desgracia complicó todos los trámites burocráticos. Su contrato había sido dado de baja para poder firmar la oferta en la isla y por ello no había pedido la prestación por desempleo. No se encontraba registrado en la Seguridad Social, ni amparado por ninguna mutua. La difícil situación hizo que sus familiares se volcasen en encontrar un centro público o concertado que atendiera las nuevas necesidades de Leonardo. 

Este permaneció un tiempo en la clínica Guttmann donde se le trató para su neurorrehabilitación, pero sufrió dos derrames más que le hicieron retroceder en su recuperación. El segundo ataque lo debilitó por completo: se le torcieron las manos y los pies y le dejó sin habla de nuevo. 

LEO BATALLA POR MEJORAR

Tras abandonar esa clínica y pasar por una privada, que costaba casi 6.000 euros al mes, su progenitora llegó incluso a mendigar por la calle para que su hijo pudiese seguir rehabilitándose. Elena vio como muchos de los que consideraba "amigos" se iban de su lado y como poco a poco se quedó sola junto a su hijo. Su hermana y algún familiar le ayudó, aunque tuvo que "pasar hambre" para poder brindarle los cuidados que necesitaba. 

Con mucha ayuda, profesionales privados y dedicación las veinticuatro horas del día por parte de su madre y su hermano, Leo ha vuelto a mejorar. La víctima de la brutal agresión ha experimentado una mejora en la capacidad de atención prolongada y una mayor comprensión y concentración, según informan sus doctores. Habla e interactuar con lenguaje básico y ha conseguido mejorías en la movilidad de los brazos.

Todos estos avances, que dan el impulso que muchas veces necesitan los que le quieren para seguir adelante, demuestran un gran potencial de mejora. Tanto Elena, como los médicos que le tratan, aseguran que se debe a la mayor motivación de Leo: "volver a ver a su hija". 

Leonardo Higa, antes y después de la agresión / CEDIDAS
Leonardo Higa, antes y después de la agresión / CEDIDAS

LOS AGRESORES, EN LIBERTAD

Aunque sus familiares siguen maldiciendo a diario el momento en el que sucedió la desgracia, y no piensan descansar "hasta que los culpables entren en prisión", no pierden la ilusión de volver a verle caminar. 

Leo y su familia están pendientes de una operación que podría devolverle la movilidad gracias a un alargamiento de la musculatura y los tendones. Actualmente está en silla de ruedas y precisa ayudas de todo tipo al presentar un signo de cuadriplejia y tener una discapacidad del 100%, aunque la Seguridad Social "no ve prioridad en la intervención".

Su madre, Elena Allende, frente a la desesperación por recaudar dinero para cumplir su sueño más inmediato, ha iniciado una recogida de fondos con el que espera conseguir la cantidad necesaria para poderlo operar. 

PIDEN AYUDA PARA QUE LEO VUELVA A CAMINAR

El crowdfunding, al que se puede acceder a través de este link, pide difusión y donativos para llegar al objetivo de 8.000 euros, con el que pagar la operación y las terapias necesarias para que Leo recupere su movilidad. Por el momento, se han recaudado 1.800 euros, pero el tiempo se echa encima porque la operación está programada para el próximo 15 de octubre. "Si no intervienen ahora, será tarde para sus piernas", asegura la impulsora que defiende que si tardan más en intervenirle se le atrofiarán por completo. 

Elena, esta madre coraje que lo dejó todo por su hijo, sigue "creyendo en el amor verdadero" por eso confía en que "la bondad de las personas" haga que lleguen al objetivo con el que poder devolverle la "calidad de vida" a Leonardo. 

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