Un juez ha impuesto a un grafitero una pena de un año y cuatro meses de prisión, una multa 2.340 euros y la prohibición de acceder al metro de Barcelona y la red de transporte público de la ciudad durante dos años por pintar tres coches de un convoy de la L4, con daños valorados en 2.121 euros.

En un comunicado este miércoles, Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) ha celebrado la sentencia por aplicar el delito de daños previsto en el Código Penal a la realización de murales en trenes, una propuesta de los operadores ferroviarios para frenar el "insoportable impacto social y económico del vandalismo grafitero".

El fallo recoge que, además de los daños materiales, las pintadas también afectan al servicio porque durante el proceso de restauración los vagones quedan fuera de circulación: "El vandalismo ferroviario se ha convertido en los últimos años en una actividad delictiva organizada", ha asegurado TMB.

1.444 COCHES VANDALIZADOS

El metro de Barcelona registra una media de cuatro intentos de intrusión al día, de los cuales el año pasado 626 tuvieron éxito (un 12% más que en 2018), afectando a un total de 1.444 coches vandalizados, lo que equivale a 41.734 metros cuadrados de pintadas murales.

En relación al impacto económico, se destinaron 1,5 millones de euros a la limpieza de grafitis en trenes, un coste que aumenta hasta los cuatro millones de euros cuando se suma la vigilancia específica, la reparación y substitución de cámaras de seguridad, puertas, trapas, paredes y pozos, entre otros trabajos.

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