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Crece el Madrid y mengua el Barça. La solvencia madridista contrasta con la confusión azulgrana tras certificarse la pasada temporada un cambio de ciclo en el fútbol español. En el partido de ida de la Supercopa, el Madrid penalizó las carencias del eterno rival (1-3), dominador no hace tanto tiempo pero en descomposición por la negligencia de su junta directiva y una plantilla que, año tras año, se debilita. Sin Neymar, el Barça es menos Barça y el presidente Bartomeu juega con fuego.

Un autogol de Piqué, un zapatazo de Cristiano Ronaldo y una genialidad de Marco Asensio, a quien tuvo atado el Barça, tumbaron al equipo de Ernesto Valverde en el Camp Nou. El gol de Messi, tras un inexistente penalti de Keylor Navas a Luis Suárez, apenas alivió los males del grupo azulgrana, que necesitará una proeza para ganar la Supercopa. La expulsión de Cristiano Ronaldo, que no podrá jugar en el Bernabéu, ni tan siquiera tuvo un efecto balsámico para los barcelonistas.

El Barça vive una situación tan compleja como anómala. Tiene 222 millones en su cuenta corriente pero el equipo está roto. Sus penas contrastan con la felicidad de un Madrid que ya suma dos títulos esta temporada. Zidane gestiona con sabiduría una plantilla de muchos quilates que combina velocidad y precisión, sacrificio y talento. El técnico francés lo tiene todo controlado, mientras Valverde espera de noticias y los futbolistas ya no disimulan su malestar con la cúpula del club.

DEMBELE Y COUTINHO

Valverde, un tipo mucho más tranquilo que Luis Enrique, sabe no lo tendrá fácil en el Barça post-Neymar. En el primer partido oficial de la temporada, y a la espera de la llegada de Dembele y/o Coutinho, apostó por el desparpajo de Deulofeu para relevar al nuevo crack del PSG y prefirió a Aleix Vidal, con sus lagunas defensivas, antes que a Semedo, un fichaje que suscita muchas dudas. En el Madrid, el pragmático Zidane dio entrada a Kovacic con el único objetivo de anular a Messi (con un marcaje individual) y reforzó el centro del campo con Isco tras prescindir de Cristiano Ronaldo en el once titular.

Después de una primera parte de tanteo, el Madrid impuso su autoridad. Zidane tiene más recursos que Valverde, víctima de la falta de planificación de un Barça con una estructura tan hinchada como incompetente. Bartomeu no supo gestionar la salida de Neymar ni supo anticiparse a un mercado inflacionista que amenaza con ridiculizar a un club modélico en el pasado y, ahora, decadente. El fichaje de Paulinho no bastará para frenar la actual sangría y el presidente azulgrana sabe que su credibilidad está bajo mínimos. La moción de censura que promueve Agustí Benedito podría ser su tumba.