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Mantener un negocio abierto suele ser una ardua tarea. El restaurante La Tarantella, un napolitano situado en el centro de Barcelona, sufrió las consecuencias de ello. El pasado mes de febrero de 2018, al ver que no remontaba, sus dueños optaron por dejarlo en las manos del reconocido cocinero Alberto Chicote, y esto es lo que pasó. 

El chef, que suele apostar por los negocios más desastrosos para tratar de darles publicidad con su programa Pesadilla en la Cocina, llegó el pasado mes de febrero del 2018 al local barcelonés. Tal como adelantaron los gerentes al Huffington Post, confiaron en las posibilidades de chicote ya que "era el último clavo al que agarrarse", porque tenían muchos problemas con la alcaldesa Ada Colau y con el propietario del local. 

UN NEGOCIO SIN SUERTE

Cuando contactaron con el formato televisivo lo hicieron para mostrar la faceta más personal de un negocio: “Lo decidimos hacer por eso, para demostrar que somos personas y que también sufrimos”. 

Explicaron al medio que la semana de grabación no fue nada fácil, ya que el padre del dueño falleció y tuvieron que seguir grabando. Además, como las cosas malas nunca vienen solas, recibieron una carta de desahucio por parte del propietario del local, por "deber varios meses". 

CHICOTE, FRÍO TRAS LAS CÁMARAS

A todo eso se añadió que el trato con el cocinero fue "frío" detrás de cámaras y "bueno" durante la grabación. Aunque el chef se ablandó durante el día del fallecimiento, no hubo demasiado trato, a pesar de lo que se suele ver en televisión. “Chicote venía el momento de grabar, estaba lo justo. Con el equipo que hay detrás pasamos muchas horas y ha sido fantástico, nos ayudaron”, describió la dueña. Finalmente el establecimiento cerró tras 13 años de actividad, sin poder afrontar las deudas o los problemas con el Ayuntamiento de Barcelona. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Viene cargadito de carteles el programa de hoy... por algo será. Verdad @scientist_pi ??

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