La Navidad es mágica para los niños, pero un poco también para los adultos. Recoger el regalo de debajo del árbol o de las zapatillas cuando ya has dejado -a la fuerza- de creer en los Reyes Magos o en Papá Noel sigue encendiendo una ilusión única, aunque pasen los años. Seguramente por eso no nos gusta que haya niños de familias que se queden sin regalo porque sus familias no disponen de recursos y contribuimos con nuestro aguinaldo a las campañas de recogida de juguetes. Pero raras veces somos conscientes de que también hay muchos adultos (algunos de ellos ancianos a los que nadie visita en una residencia) a los que haría enormemente felices recibir ese presente que te hace sentir querido y especial y al que no tienen derecho debido a su delicada situación económica -al borde de la exclusión social- o a su situación de abandono. Para ellos no hay Navidad.

O eso nos creíamos Porque sí hay quien se acuerda de ellos. La Asociación Cívica La Nau, ubicada en el barrio de La Marina, lleva años haciéndolo. Durante esta campaña, la entidad sin ánimo de lucro va a repartir 40.500 paquetes (a los que llama Bolsas de Autoestima) entre esos barceloneses para los que el espíritu navideño pasa de largo. “Son como el regalo que a todos gusta recibir, que nos hace sentir bien”, explica Emilia Català, secretaria de La Nau.

Las bolsas son una generosa variación con trasfondo social del típico frasco de perfume, con neceser y complemenmtos como los que se anuncian machaconamente por televisión en estas fechas, ese regalo con el que siempre se queda bien, pero mucho más completo. Los lotes incorporan (más allá de la ineludible agua de colonia), gel, champú, crema hidratante, espuma de afeitar, pasta y cepillo de dientes, pañuelos para el cuello, desodorante, Kleenex... Además, hay versiones diferentes para hombre y para mujer y también “para abuelos y abuelas”, destaca Català.

TODAS LAS NECESIDADES BÁSICAS CUBIERTAS

Pero más que un simple regalo es una ayuda vital, señala Xavier Periz, vocal de La Nau, porque “cubre otras necesidades elementales -como la higiene personal o la limpieza del hogar- lde as personas que lo reciben y que son tan básicas como la alimentación”. Las asociación cívica, formada por unos 40 voluntarios, lleva desde el mes de octubre preparando los paquetes y buena parte de ellos ya están en manos de las 200 entidades de proximidad (o de barrio) con las que tienen convenio y que las entregarán de forma individual a sus destinatarios.

La iniciativa solidaria de La Nau no es efímera ni casual. La asociación cívica lleva casi 20 años -se cumplen en 2018- funcionando como depósito solidario de todas aquellas necesidades básicas de las personas del Cuarto Mundo que no cubre el Banco de Alimentos, implícitamente vinculadas con la higiene personal (compresas, pañales, champú y gel, etc), los productos de limpieza (jabón de manos, detergente, lejía, lavavajillas...), la ropa y el calzado nuevos.

La Nau contacta directamente con los fabricantes de los productos (no con los distribuidores) y también con otras entidades sociales que no se dedican a este campo pero pueden haber recibido donaciones (como Cáritas o el propio Banco de Alimentos). Una vez recogido el material lo hacen llegar a la red de atención social de los barrios.

EN BUSCA DE UNA NUEVA SEDE SOCIAL

La agrupación dispone de unos 800 metros cuadrados de almacenes entre la sede de La Marina y un segundo espacio en Sant Joan Despí que ya están “al límite de su capacidad”, reconoce Periz. Por eso, y con vistas a la celebración de su vigésimo aniversario, están buscando una nueva ubicación a la que trasladarse y así conseguir de una sola tacada unificar sus bases operativas y ampliar la capacidad de almacenaje.