Las negociaciones para constituir el nuevo gobierno municipal van avanzando. Lentas y en un proceloso camino, pero avanzan. Sin embargo, a día de hoy todavía ninguno de los negociadores se atreve a poner fecha a la presentación del nuevo cartapacio. Ada Colau y su equipo no tienen claro cuáles son sus prioridades porque los negociadores socialistas así se lo exigen. Y muy claro no lo deben tener cuando negociando con los socialistas en el Ayuntamiento han abierto negociaciones con Esquerra Republicana en la Diputación, rompiendo eso que se llama lealtad.

El intento de los comunes de pactar con los republicanos ha saltado por los aires porque Junts per Catalunya, con unos pésimos resultados en las municipales, no quiere quedarse para vestir santos y se ha acercado a los socialistas. Por su parte, el PSC ha tomado nota y ha leído la cartilla a los comunes que se han quedado compuestos y sin novia en la Diputación. Le hubiera sido más fácil a los de Ada Colau cerrar un pacto con los socialistas en la Diputación barcelonesa y no embarcarse en aventuras que han dado con sus huesos en el suelo.

Además, este error -por ineptitud o por mala fe- en la negociación supramunicipal tendrá consecuencias en el principal organismo de gestión metropolitano: el Área. En el pleno del Área, los socialistas se han quedado a tres miembros de tener la mayoría absoluta. En principio, el acuerdo se debería cerrar con los comunes, pero la bisoñez de los morados les puede dejar fuera del equipo de gobierno, o en el mejor de los casos con la presidencia, que siempre ostenta el primer edil de Barcelona, pero sin ningún poder ejecutivo. Según los socialistas, la falta de cintura de los comunes les deja las manos libres para cerrar un gobierno en el Área Metropolitana de Barcelona con cualquiera, y los comunes como convidados de piedra.

En el fútbol, los defensas lecheros hicieron historia. Eran personajes rudos y duros con los delanteros, con escasa cintura, pero con potencia física. Mientras sus rivales fueran hábiles, pero al tiempo débiles, su fortaleza los noqueaba. Sin embargo, cuando sus rivales eran hábiles y fuertes, su rocosidad se resquebrajaba ante su falta de cintura para controlar los ataques. Algo así le está pasando a Colau. Ha pasado un mes y medio desde las elecciones y todavía no es consciente que su fuerza ha mermado, que su rocosidad de ayer es fragilidad hoy. Sus socios en Barcelona, los socialistas, tienen robustez y lo están demostrando en la negociación del cartapacio municipal, y la tienen también en la Diputación y en el Área. Intentar puentearlos ha sido un error de libro.

La hora de los comunes no es hoy la mejor. Ayer mismo, Ada Colau supo que su hermano mayor, Podemos, les tiene en poca consideración. Iglesias está dispuesto a firmar el papel que quiera Sánchez renunciando al derecho a decidir y a la realización de un referéndum. Ni Iglesias los tiene en cuenta. Pues, imagínense como los tienen en cuenta sus adversarios políticos.

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