Salvador Illa no puede ser candidato y ministro a la vez, dijo la alcaldesa Ada Colau. Que curioso. Espero que en las próximas elecciones generales no exija la dimisión de Pablo Iglesias, porque aplicando su regla de tres, no puede ser candidato de Podemos y vicepresidente a la vez, o Pedro Sánchez, que tampoco puede porque es el presidente. La reflexión política de alta alcurnia de la alcaldesa obvia entrar en otro debate, quizás menos cariñoso para Colau. La alcaldesa estrictamente también es candidata en estas elecciones, por lo tanto, debería dimitir de su puesto de primera edil. No caerá esa breva, está claro. Colau va en la lista de los Comunes, dirá que ocupa un lugar al final de la lista, que esto no es representativo, pero ¿acaso la alcaldesa no hará campaña? ¿Acaso nos dice que dejará tirada a Albiach, como hizo en el pasado con Xavier Doménec? De momento, silencio en la plaza de Sant Jaume.

Esta formulación de que el candidato solo puede ser candidato, y nada más, la hemos de subir a los altares de la memez. Qué hace Aragonés de vicepresidente, y presidente in pectore, siendo candidato. ¿Van a dimitir todos los presidentes autonómicos de su puesto para presentarse a las próximas elecciones? Llámenme iluso, pero de entrada no parece.

Colau no se ha quedado sola pidiendo la dimisión de Illa. En la política, las cosas escuecen cuando generan unanimidad de los contrarios. ERC, PP, Ciudadanos, JxCAT han pedido que Illa deje el ministerio de Sanidad. Estoy convencido si el ministro se estuviera achicharrando al frente del Ministerio no tendría tantas peticiones para que dejara el puesto. O sea, salir todos en tromba contra Illa pone de manifiesto que el ministro Illa hace fuerte al candidato Illa. En comunicación política diríamos que gran acierto de todos. Con ironía, claro, porque con sus reacciones lo han colocado en la parrilla de salida. Una parrilla vedada al PSC desde hace 15 años.

La petición de dimisión de Illa tiene base científica, no se crean. La necesidad de la oposición de que Illa deje el ministerio se sustenta en datos. Vamos a repasarlos, porque haberlos hay los, aunque desde la oposición se pasa por alto este pequeño –gran– detalle. Illa es el preferido como presidente, su gestión está avalada por amplios sectores de los Comunes, republicanos y partidarios de Puigdemont, amén de un importante porcentaje de electores de Ciudadanos, incluso del PP, aumenta las perspectivas que registraba Iceta, no cosecha tantos ceros en valoración de los adversarios, y ha animado sobremanera a las huestes del PSC. Por eso, todo el espectro político han salido a los micros, versión moderna de salir a la calle, a pedir la dimisión del “desaprensivo” candidato que no dimite de sus funciones institucionales.

Illa ha dado callada por respuesta. El ridículo del oponente se tiene que cocer a fuego lento para que quede en evidencia. La primera que lo ha hecho es la alcaldesa que nos dijo desde que llegó que se iba tras dos legislaturas y, ahora, se abre ella misma la puerta para una tercera legislatura. Colau es el único capital de su partido, y veremos como queda su cuenta corriente tras las catalanas porque tiene toda la pinta que la designación de Illa va a provocar un empacho, una difícil digestión de los resultados de la formación morada. Por eso, Colau pide su dimisión. Todo un premio a la memez.

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