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Cuando los técnicos de la entidad Oasiurbà entraron en la vivienda de 20 metros cuadrados de una familia de seis miembros, no solo vieron como vivían hacinados, también que convivían con humedades. Los hijos tenían bronquitis y neumonía a causa de ello, por lo que había motivos de sobra para acabar rápidamente con estas a partir de “paneles aislantes”. “Los niños dormían en el suelo con un colchón, por lo que reorganizamos el espacio para que pudiesen tener camas y que, además, las pudiesen utilizar de sofá”, cuenta a Metrópoli Abierta Reyes Rodríguez, coordinadora general de Oasiurbà.

EL DERECHO A UNA VIVIENDA DIGNA

Se trata de una entidad sin ánimo de lucro que desde 2018 ofrece a vecinos del Raval servicios inmobiliarios, como asesoría en materia de vivienda o reformas, a través de un grupo multidisciplinar de arquitectura, derecho y trabajo social. Una de las particularidades que les hace diferentes es que proporcionan sus servicios a “un importe asequible”.

“Nos ajustamos a las necesidades y perfiles de cada caso. Pero los precios de las obras suelen por debajo del precio de mercado para que sea accesibles”, señala Reyes al hablar de un proyecto cuyos clientes son personas que se encuentran en “exclusión residencial” o no pueden pagar una reforma. Con estos trabajos, que siempre que pueden los realizan con “materiales de construcción naturales”, no persiguen más meta que evitar que la falta de capital impida a cualquier persona vivir en la vivienda que todas las personas merecen. Su actividad es posible gracias a las subvenciones que recibe del Ayuntamiento de Barcelona y del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya, entre otros.

20 METROS CUADRADOS

A pesar de que la calidad de vida de la familia de seis miembros mejoró notablemente tras la reforma, esta no bastaba para que tuviesen una calidad de vida óptima. Seguían viviendo en 20 metros cuadrados, un espacio “indigno para seis personas”. Por ello, el equipo de juristas de Oasiurbà abrió un proceso legal para interponer una denuncia al consistorio, propietario del inmueble. El hecho de mostrar el estado de salud de los niños fue determinante para llegar a un acuerdo y que el consistorio ofrezca una solución a la familia en las próximas semanas.

“Fue un caso de éxito. No solo por el cambio de domicilio, sino por el vínculo tan precioso que creamos durante el proceso”, añade Reyes, que al mismo tiempo recalca los beneficios de contar con profesionales de distintas disciplinas. “Gracias al informe técnico de los arquitectos, el abogado pudo decir al Ayuntamiento: ‘oye, tienes a unas personas viviendo en estas condiciones’”, apunta Rodríguez.

EDIFICIO DE 100 AÑOS

Actualmente Oasiurbà está reformando dos viviendas contiguas de un edificio de más de 100 años del Raval. En una de ellas han sustituido una bañera por una ducha porque una de las inquilinas tiene problemas de movilidad. Y en la otra, residen dos personas que llevan 40 años sin agua caliente, por lo que se duchan en el gimnasio.

Integrantes y voluntarias del proyecto #OasiRaval / CEDIDA
Integrantes y voluntarias del proyecto Oasiurbà / CEDIDA

 

“Instalamos una placa de ducha, un váter nuevo y un calentador. Y en lugar de hacer el acabado del baño con los típicos azulejos, lo hicimos con una técnica marroquí, llamada tadelakt, que es mucho más ecológica”, dice Rodríguez y añade: “su calidad de vida va a cambiar de la noche a la mañana”.

Rodríguez alerta de que este edificio es insalubre, hay muchas humedades, pobreza energética y problemas con el cierre de las ventanas y las puertas. “En un domicilio entraron reventando la puerta por abajo. Ahora hay muchos pestillos. Los vecinos tienen muy presente el sentimiento de inseguridad”, comenta Rodríguez, a quien recientemente también le contaron como antes era el edificio “más bonito y envidiado” de toda la calle. “He visto mucho apego al antiguo Barrio Chino", sentecia.

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