En el suburbano de Barcelona y las cocheras del metro hay algo peor que la presencia de amianto: los empleados de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) que siguen trabajando expuestos a este material aislante nocivo para la salud. O, lo que es lo mismo, que pueden estar perdiendo días, años o décadas de vida mientras tratan de ganarse la vida.

Así lo recuerda a Metrópoli Abierta Toni Edo, maquinista del metro y miembro del sindicato de la CGT: “Hay empleados que podrían estar en contacto con amianto. La empresa nos dice que están inventariadas todas las piezas o trenes, entre otros, fabricados con este y que no se trabaja encima de ellos. Pero decirlo solo de palabra – y no por escrito – hace que no tengamos ninguna garantía que se sea verdad”. Aunque se trata de una realidad que se conoce desde hace tiempo, un error reciente de TMB intensificó el peligro al que está expuesta su plantilla desde hace años.   

AMIANTO EN LAS COCHERAS

Desde el otro lado del teléfono, Edo recuerda que ya en febrero, el Comité solicitó a la empresa que los empleados afectados de las cocheras no trabajaran con materiales contaminados de amianto. La respuesta de la empresa fue marcar las piezas nocivas e indicarles que no operaran cerca de estas. Para los ocho sindicatos que defienden a los empleados de TMB esta respuesta fue insuficiente, por lo que se exigió que las sacara de las cocheras de Santa Eulalia, Sant Genís y Bellvitge, entre otras.

Fue entonces cuando TMB optó por hacer un inventario y separó las piezas que contenían el material aislante de las que no suponían ningún peligro. Pero lo que no esperaban desde la CGT es que después enviarlas a limpiar, reparar o ser sustituidas volvería a avivarse el desasosiego entre la plantilla. “Cuando regresaron, la empresa hizo unos análisis y se detectó amianto en piezas afectadas, que tendrían que haber sido destituidas, y en otras que supuestamente no tenían”, denuncia al hablar de un error del que se enteraron hace dos semanas. “Los empleados estuvieron en contacto con piezas con amianto sin saberlo mientras la empresa sí que tenía constancia de ello”, añade indignado.

Después de ver cómo TMB era capaz de equivocarse al hacer inventarios tan determinantes, ni la CGT ni los trabajadores confían en estar a salvo. “Nosotros pedimos que detuvieran las operaciones con estas piezas e incluso ha habido algún empleado que se ha negado a operar con estas porque no hay garantías de seguridad”, señala Edo y, acto seguido, agrega que la TMB ha respondido, asegurando de nuevo, que el amianto está inventariado y alejado de los puntos de trabajo. “Pero solo lo dicen de palabra, no nos certifican nada por escrito. Además, después de todo lo que ha ocurrido nos movemos con una desconfianza brutal”.

Uno de los motivos por los que la CGT ha luchado por hacer del metro un lugar libre de amianto es evitar que la salud de los trabajadores ya enfermados vaya a peor. Edo apunta que si una persona, que ha contraído una afección a causa del amianto, vuelve a estar expuesta a este la enfermedad se agrava "de forma exponencial”.

TRABAJADORES AFECTADOS

La red del suburbano de la capital catalana contiene un total de 293,4 toneladas de materiales con amianto repartidas en 834 localizaciones, la mayoría de las cuales corresponden a planchas y paneles que suman un total de 22.755 metros cuadrados de superficie, según el inventario de elementos de fibrocemento realizado el pasado junio por TMB.

Los trabajadores del metro reivindican el derecho de tener un entorno de trabajo seguro / CEDIDA
Los trabajadores del metro reivindican el derecho de tener un entorno de trabajo seguro / CEDIDA

La presencia de este material mortal ha provocado que algunos empleados y exempleados contraigan enfermedades. Edo alerta de que hay 28 empleados del metro con calcificaciones y engrosamiento de la pleura y, entre los 131 jubilados a los que se hicieron pruebas médicas, cuatro fueron diagnosticados de cáncer de pulmón y otros ocho de otras afecciones “potencialmente derivadas del amianto”

PASTILLAS DE FRENO CON AMIANTO

Un caso que confirma los efectos devastadores que el amianto puede desencadenar en las personas es el de la fábrica Federal Mogul, situada en la Zona Franca. José Luis Gómez, delegado CGT y vicepresidente de la Asociación de Víctimas Afectadas por el Amianto en Cataluña, cuenta a Metrópoli Abierta que las pastillas de freno que confeccionan contuvieron amianto hasta 2002.

“Cuando en 2008 un compañero falleció de cáncer de pulmón iniciamos una investigación con abogados y nos percatamos de que la mutua de la empresa había ocultado durante tres años que tenía cáncer. Anteriormente habían fallecido otros por la misma razón, pero nunca lo relacionamos con el amianto”, dice al traer al presente la época en la que se dieron cuenta de que su vida laboral podría haberles arrebatado años de vida y que, además, la empresa no había tomado las medidas de seguridad adecuadas. Gómez, que lleva 26 años trabajando en esta fábrica, lamenta que han demostrado en los juzgados que 15 compañeros que fallecieron de cáncer de pulmón, aunque calculan que, en realidad, la cifra podría ascender a 50.

ASOCIACIÓN DE VÍCTIMAS AFECTADAS POR EL AMIANTO

Fue también en 2008 cuando Gómez y otros trabajadores crearon la Asociación de Víctimas Afectadas por el Amianto en Cataluña y empezaron a movilizarse para que se hiciera justicia. Una de las acciones más significativas que han impulsado a través de la CGT fue exigir, en 2014, al Ministerio de Empleo y Seguridad Social que debía otorgarse la jubilación anticipada a los empleados afectados. “Su esperanza de vida es inferior a la de otras personas”, apunta Gómez y añade: “Aún estamos esperando una respuesta”.

Los trabajadores de TMB alertan del peligro que supone el amianto / CEDIDA
Los trabajadores de TMB alertan del peligro que supone el amianto / CEDIDA

Una de las problemáticas que desencadena saber que uno ha pasado años expuesto a este material es la incertidumbre de si habrá contraído una enfermedad o no. Hasta no recibir los resultados médicos, eso puede derivar en un trastorno de ansiedad que hace que las preocupaciones no salgan de la cabeza de uno o que se materialicen en síntomas como palpitaciones, miedo o pánico, sensación de ahogo o opresión en el pecho, entre otros.

Cinco compañeros de Gómez denunciaron el pasado octubre la ansiedad sufrida. Han pedido una indemnización por los daños que han debido soportar a causa de la negligencia de la empresa. Cuando conozcan el fallo del magistrado que lleva su caso, otros cuatro trabajadores, entre los cuales se encuentra Gómez, interpondrán una demanda por la misma razón. Todo sea para que el haber dado, literalmente, la vida por un empleo no quede sin un mínimo de reconocimiento.