Poco antes de las 10 de la mañana, en la plaza de Les Glories, entre Diagonal y Meridiana y junto al centro comercial del mismo nombre, empiezan a llegar personas cargadas con bolsas y fardos o arrastrando carros. Extienden una pequeña sábana blanca sobre el suelo y sobre ella colocan objetos usados de diversa procedencia. Es el conocido como mercat de la misèria, donde decenas de personas venden todo tipo de productos, desde teléfonos móviles hasta zapatillas, pasando por prendas diversas de ropa o herramientas, muchos de ellos recuperados de los contenedores de basura, de las papeleras, procedentes de alguna donación o, simplemente, de origen desconocido.

Conforme el espacio se va llenando, aparecen algunas discusiones para lograr la mejor ubicación posible. El espacio que pueden ocupar se ha ido reduciendo conforme las obras de la plaza han ido ganando terreno. Algún grito, alguna mirada amenazadora que casi siempre se queda en nada, mientras los transeuntes pasean buscando algo que les interese intentado abstraerse de lo que sucede a su alrededor.

OBLIGADO REGATEO

Si se encuentra algún objeto que interesa, un pequeño pero obligado regateo para pactar el precio, que en raras ocasiones supera los 10 euros. Y, como novedad, carritos con bolsas repletas de refrescos, con hielo incluido, y cosas de comer, para todos aquellos que quieran matar el tiempo con algo en el estómago.

Mientras los intercambios comerciales se van produciendo, una patrulla de la Guàrdia Urbana permanece apostada en la plaza. No parece que tenga intención de intervenir, por lo que vendedores y compradores tampoco se muestran preocupados. Saben que cuando empiece la acción, si es que empieza, les tocará correr; mkientras tanto, hay que hacer negocio.

SOLUCIONES DEFINITIVAS

Si están preocupados al otro lado de la plaza, donde el Mercat dels Encants mantiene su actividad frenética. Pero sus comerciantes siguen defendiendo que la actividad del mercat de la miseria les afecta. Pese a que por el momento han logrado que se traslade y no se sitúe en las aceras aledañas al recinto dels Encants, siguen considerando que la venta ilegal les perjudica, tanto a los que venden productos de primera mano como aquellos que comercian con objetos usados dentro del recinto. Todos los que trabajan dentro del recinto pagan por comerciar.

Interior del mercado de los Encants en plena actividad / CR
Interior del mercado de los Encants en plena actividad / CR

No son pocos los que defienden que la permisividad que han tenido las administraciones con determinados sectores ha acabado por generar un cierto ambiente de malestar entre los que se ven obligados a pagar para mantener sus comercios abiertos. Todos tiene su opinión, pero prefieren que la versión oficial sea la que ofrece la Asociación de Vendedores Encants Barcelona, que les representa ante las administraciones y es la voz autorizada.

Sí piden que pongan en marcha una solución definitiva a una situación que no es del agrado de nadie y que amenaza con repetirse cuando las grúas empiecen a abandonar su actual ubicación en la plaza o cuando la presión policial no sea la adecuada.