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El arte urbano triunfa en Barcelona y en los últimos años ha cogido una fuerza imparable. No solo en la escena musical con el 'boom' de estilos como el trap; o en la moda, con la aceptación del chándal y las bambas, ¡sino también en las paredes!

Preciosos murales como los de Frida Kahlo, Rosalía, Leo Messi o Amy Winehouse embellecen la ciudad de Barcelona y le dan color. Eso es gracias al talento de artistas como AXE Colours, Aryz, Uriginal, TV Boy o Joel Arroyo, que han dado visibilidad al mundillo.

EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO NO VALE CUALQUIER COSA

Pero con la excusa de que en el arte contemporáneo no hay límites y todo vale, algunos otros se han venido arriba. Es cierto, todo vale, pero no cualquier cosa vale. Un garabato ininteligible no es arte, es incivismo. El otro día volviendo a casa en Metro vi el andén de la parada de Drassanes destrozado. Alguien había dedicado un rato de su vida a escribir algo incomprensible en la pared. Con mala letra y con insultos.

No es un caso aislado. Los espacios públicos se han llenado de pintadas, y en muchos casos con un corte ideológico: en contra de algunos políticos, a favor de otros. En contra de la especulación, a favor de la okupación. Incluso mensajes homófobos o contra los pederastas. O, simplemente, pintadas sin sentido. Y conviven en el espacio público –de un modo extraño– con otros murales, los de calidad. Y, en ambos casos, están penalizados. Pero –que quede claro– esa (¿cutre?) reivindicación no es arte.

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