Barrio de Can Peguera situado en el distrito de Nou Barris de Barcelona / INMA SANTOS
Barrio de Can Peguera situado en el distrito de Nou Barris de Barcelona / INMA SANTOS

Can Peguera: de casas baratas a casas protegidas

Es el único complejo de viviendas que se conserva de los cuatro construidos para alojar a los trabajadores de la Exposición de 1929

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Periodista

Entre el Turó de la Peira y La Guineueta, se extiende una explanada de casas bajas con tejados a dos aguas: Can Peguera. Hoy es una rara avis en el paisaje barcelonés, una especie protegida. Este conjunto residencial, conocido como Ramón Albó durante muchos años, es el único superviviente de los cuatro grupos de casas que el Patronato Municipal de la Vivienda construyó en Barcelona, coincidiendo con la Exposición Internacional de 1929, para reubicar los trabajadores que vivían en barracas en Montjuïc.

Los otros tres grupos eran Eduardo Aunós (Sants-Montjuïc), Baró de Viver y Buen Pastor (Sant Andreu), pero en estos, a diferencia de Can Peguera, los bloques de viviendas han ido sustituyendo las casitas bajas.

534 CASAS BARATAS

El complejo que nos ocupa se construyó entre 1929 y 1932, y estaba formado originariamente por 534 casas baratas: pequeñas viviendas unifamiliares de una sola planta, la mayoría con tejados rústicos y cada una con un jardincito en la parte delantera. Este asentamiento, conocido durante muchos años como Ramón Albó, se completó con un cuartel de la Guardia Civil y la iglesia de San Francisco Javier, antigua capilla de la masía de Can Peguera, origen del nombre actual que recibe este barrio.

La antigua masía formaba parte de una finca de 11 hectáreas que, como el parque del Turó de la Peira, era propiedad de la marquesa de Castellvell hasta que la vendió. Durante muchos años, la masía se dedicó a la fabricación de pegamento, que se obtenía de la resina de la cercana pineda y se empleaba como adhesivo y aislante.

EL RECUERDO DE OTRA BARCELONA

Tras la guerra civil, en 1947, el barrio se amplió con 116 viviendas más, y siete años más tarde, en la plaza de San Francisco Javier, se levantó la Casa Consitorial y un edificio de viviendas sociales para acoger a 30 familias más.

Entre los pinos que cubren el Turó de la Peira, Can Peguera queda integrado en el paisaje como un pequeño pueblecito humilde de casitas baratas, sí, pero bien cuidadas y conservadas, casitas de gente trabajadora. Un recuerdo protegido vago de otra Barcelona que parece muy lejana.

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