"La Mercè és una noia de barri", advirtió Javier Mariscal al presentar su cartel para las fiestas de la Mercè. "Lleva un collar reciclado y unas gafas de sol con placas solares", siguió detallando el artista sobre su creación. Pero conforme hablaba, resultaba imposible atender a otra cosa que no fuera el hecho de que ese hombre parecía que se acabara de levantar de la siesta o una mala resaca (y no sólo por los pelos y la camiseta marcando anatomía cervecera);  y si te decantabas por admirar la obra, acabas preguntándote por qué a la "Merche" (no es broma, la rebautizaron así) no la habría dejado desnuda como a Cobi... Pero toda esta reflexión se podía llevar a cabo si eras capaz de abstraerte al menos por un minuto del calzado de Jaume Collboni. El regidor de cultura acudió a la cita con traje oscuro y zapatillas blancas (no deportivas de caña alta, no: ¡bambas!).

Ilusa de mí (o no), sigo convencida de que los filósofos e intelectuales se adornan en consecuencia (Epicteto). Es decir, que todos los pensadores, por el hecho de discurrir, poseen un estilo y se antojan, por lo tanto, tan elegantes, excéntricos y singulares como Sartre, Camus, Beauvoir, Sontag, Mujica... Para confirmar mi regla, poseía incluso una notable excepción: el conseller Toni Comín. Pero contemplando la fotografía de la presentación del cartel de las fiestas de la Mercè, Marina Garcés también ha contribuido a romperme todos los esquemas y llevo un rato tratando de justificar su estilismo de ayer.

No es que estuviera mal, las piezas eran de calidad, pero la combinación de minifalda vaquera, top, chaleco y sandalias era más idónea para bajar un momento a tomar una birra rápida con los amigos que para representar a tu ciudad como pregonera de las fiestas más importantes de Barcelona. Además, realizando un chequeo a su estilo informal en google, al igual que el desenfadado de Mariscal, nunca antes se le había percibido tanta desidia indumentaria. Deduzco entonces, no me quedan muchas opciones, que el look era una muestra de rebeldía o desprecio (restarle importancia al acto) o sumisión (a sabiendas de cómo iban a acudir el resto de actores, mejor pasar desapercibidos). Porque las directrices estilísticas que marcaron Els Comuns a su llegada al consistorio -"nada de trajes, nada de corbatas, nada de vestir bien", le exigieron a más de un escolta y colaborador- parecen haber marcado el dress code de cada evento al que acuden. Y el de la "Merche" también.

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