La comunicación política a escala local se basa en el concepto del político/a gestor: hace referencia a aflorar las cualidades intrínsecas del político/a local tanto a nivel de las acciones desarrolladas como al nivel de rigor presupuestario aplicado. Este concepto entrena a los municipios a un espiral inflacionista: para obtener su legitimidad, el/la político/a tiene que desarrollar estrategias de comunicación y de información de la buena gestión que hace de “ lo público”, pero esas operaciones puede suscitar en sí mismas dudas en su propia gestión.

La comunicación política es a nivel local una herramienta o más bien un conjunto de técnicas que permiten continuar y hacer perdurar la legitimidad de los representantes políticos, a través, como es sabido, de los procesos electorales. Es entonces cuando los comunicadores buscan llegar a sus targets, siguiendo una estrategia, un conjunto de acciones coordinadas, para llegar a la victoria.

La comunicación política es un elemento de interacción, de intercambio y de diálogo entre gobernantes y gobernados, ligados a la idea de la representación, a la democracia y a la existencia de un lugar público permitiendo de la misma manera el debate de las decisiones y opciones gubernamentales.

La comunicación política se ve dotada de un estatuto de obediencia y de regulación de la vida social y en el ejercicio del poder: suscita la adhesión a las instituciones del país y de los gobernantes que lo dirigen. Se eleva a la categoría de técnica de gestión ineludible del poder político ya que permite explicar y traducir los diferentes actos del poder y contribuye de la misma manera a difuminar la frontera entre el gobernante y el gobernado; evitando además, el recurso de la fuerza y la violencia. Determina una cierta forma de participación y de democracia local directa.

A la legitimidad política de la elecciones, la comunicación política suma una legitimidad cotidiana, sobre todo a nivel local, en el sentido que la meta se sitúa en la instalación de una relación de proximidad entre el elegido y el elector. El espacio público local permite, por su dimensión geográfica e institucional limitada, un intercambio más frecuente entre los 2 socios de la vida política de la ciudad: el político, por su presencia y por sus acciones de comunicación que va a instaurar, tiende a legitimar su espacio a la cabeza de ese consistorio.

El desarrollo de la comunicación política local instaura de la misma manera un cambio en el mismo concepto de legitimidad: la proximidad del elector en el seno del espacio público devuelve la legitimidad de este más efímera. De hecho, no parece que esta sea adquirida a perpetuïdad por el/la político/ca, y en consecuencia debe desarrollar acciones de comunicación frecuentes y pertinentes para conservar su sitio, lo que lleva directamente a aumentar significativamente la utilización de las técnicas y herramientas de comunicación. La dificultad reside aquí en la legitimidad intrínseca de estos medios por lo que nos aduce a la siguiente cuestión.

¿Es la comunicación política legítima puesto que utiliza elementos legítimos o son estas mismas técnicas y herramientas utilizadas que contribuyen a la legitimidad de la comunicación política?

 

    

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