Ada Colau ha encontrado la fórmula para garantizarse un segundo mandato plácido y alejado de las grandes controversias: el ecologismo. Se trata de un tema de consenso, con una gran aceptación social, y que la alcaldesa de Barcelona está dispuesta a exprimir al máximo.

Desde que arrancó su segundo gobierno compartido con los socialistas, Colau se ha volcado con las políticas medioambientales. El ecologismo marca su agenda política, ya sea a modo de gesticulaciones o con el anuncio de medidas municipales dirigidas a reducir la contaminación.

Pese a que Barcelona en Comú integró a Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) cuando se fundó, el partido de la alcaldesa no nació como un partido ecologista tradicional. Irrumpió en escena como una formación surgida al calor de nuevos movimientos sociales –en España el 15-M— que debían transformar la izquierda, mientras la ciudadanía padecía los efectos de la crisis económica de 2008. No obstante, Colau ha arrancado su segundo mandato con el foco puesto en el ecologismo, olvidando el alma social de su partido.

DEL COCHE AL PEATÓN

Así lo ha demostrado Colau este jueves durante el encuentro anual L'Alcaldessa respon, organizado por el Col·legi de Periodistes de Catalunya, donde el alcalde de Barcelona se somete a las preguntas de los periodistas colegiados. El acto ha estado conducido por el decano del gremio, Joan Maria Morros, que le ha dejado en bandeja el anuncio que tenía previsto la alcaldesa: el corte de tráfico en diez de las calles con más tránsito de la ciudad durante el primer fin de semana de cada mes para ceder espacio a los peatones. Entre ellas está la calle Aragó, una de las arterias principales de la capital catalana.

Según la primera edil, Barcelona se diseñó pensando en la “centralidad del coche”. Ahora, las intenciones del Ayuntamiento pasan por revertir ese planteamiento, colocando al viandante en el centro. Una cuestión que, según ella, es de salud, dado los altos índices de mortalidad fruto de los accidentes de tránsito.

REDUCCIÓN DE LA VELOCIDAD

Durante el encuentro, el speech de Colau ha estado centrado casi de forma exclusiva en temas relacionados con la movilidad, la contaminación y el cambio climático. Cuestiones cada vez más presentes en la agenda política de Barcelona, incluso en áreas que competencialmente no dependen del Ayuntamiento –como la gestión del puerto y aeropuerto--.

La alcaldesa estaba cómoda, y ha proseguido con sus medidas ecologistas: en los próximos dos años reducirá a 30 km/hora la velocidad de 200 kilómetros de grandes vías de la ciudad donde ahora se puede circular a 50 km/hora.

En la actualidad, el 50% de las calles de Barcelona --las más estrechas— tienen la velocidad limitada a los 30km/hora, ha explicado Colau, y su plan pasa por ampliar el porcentaje hasta el 75%. Según ella, la reducción de la velocidad en la urbe será una de las prioridades durante este mandato.

MEDIDAS DE CARÁCTER PUNTUAL

La líder de BComú también ha desvelado otra medida medioambiental, de carácter puntual. Un estilo de propuesta que ya irritó a los ecologistas con anterioridad. Pacificará múltiples calles del Eixample durante la Diada de Sant Jordi.

La última vez que se puso en práctica una medida de este tipo fue el pasado 22 de septiembre, durante el Día Mundial Sin Coches, cuando se pacificó la vía Laietana. Durante esa jornada, grupos ecologistas mostraron su enfado con Colau por su “cobardía” y le acusaron de limitarse a puras gesticulaciones.

Este jueves, tras anunciar el cierre del tráfico en la calle Aragó, uno de los asistentes al acto y miembro del colectivo Eixample Respira ha cuestionado la efectividad de esta iniciativa. ¿”No crees que con estas pequeñas medidas tardaremos mucho tiempo en vivir mejor en l’Eixample? No podemos vivir con esta contaminación”, le ha dicho.

En ese momento, Colau ha aprovechado para pedir más inversiones del Estado en transporte público. Además, ha asegurado que estas no serán “las últimas [medidas], habrán más, porque el objetivo es reducir la contaminación”.