El proyecto más votado de los presupuestos participativos de Barcelona es la habilitación de un equipamiento deportivo municipal como un campo de críquet. Además, lo es con diferencia. En esta primera fase de votaciones, la propuesta ha registrado hasta 2.441 adhesiones, mientras que el resto no llegan ni al millar. Llama la atención que un deporte minoritario como es el críquet haya movilizado a tantos barceloneses, pero tiene su razón de ser.

DEPORTE DE MASAS

El críquet es un deporte de masas en países como IndiaBangladesh Pakistán, y la población proveniente de estos lugares afincada en Barcelona quiere poder practicarlo también aquí. Si además a eso se le suma que la paquistaní es una de las nacionalidades extranjeras más representadas de la ciudad, ya no resulta tan extraño que se esté reclamando un campo donde hacerlo. El proyecto ha sido ideado por el recién creado equipo femenino de críquet once de la ciudad, y consiste en la remodelación del campo deportivo Julià Capmany —ubicado en Sants-Montjüic— para la práctica de deportes minoritarios como este.

Partido de críquet con el estadio lleno de espectadores / EFE- STEVE CHRISTO
Partido de críquet con el estadio lleno de espectadores / EFE- STEVE CHRISTO 

FALTA DE UN ESPACIO ADECUADO

El citado equipo femenino es el único de toda Cataluña en esta modalidad y nació con la aspiración de llegar a crear la primera selección catalana femenina de críquet once. Sin embargo, fuentes cercanas al proyecto consultadas por Metrópoli Abierta denuncian que “para ello se necesita un espacio donde entrenar” y “no existe ninguno adecuado en toda la ciudad”. Desde que el equipo se creó el curso pasado y hasta hace poco, entrenaba en el Julià Campany, pero las condiciones no eran adecuadas porque el espacio está degradado. Ahora lo hacen en el campo municipal de béisbol, pero con la vuelta de las competiciones les resulta imposible disponer de un horario fijo.

PERSPECTIVA INTERCULTURAL

“Promovemos la práctica del críquet desde una perspectiva intercultural y nuestro objetivo a largo plazo es que la gente no migrante también forme parte de este deporte tan identitario de comunidades que viven en Barcelona como la paquistaní, y de este modo potenciar las relaciones y el diálogo intercultural que tanto perseguimos. Pero si no tenemos espacios donde practicarlo y no podemos hacer promoción, no tendremos esta demanda, porque continuará siendo un deporte minoritario y desconocido”, lamentan fuentes de Criquet Jove a Barcelona, proyecto dedicado a promover este deporte en la ciudad, subvencionado por el Ayuntamiento de Barcelona y gestionado por el Centre d’Estudis Africans i Interculturals y Fundació per l’Esport i Educació de Barcelona. En conversación con este medio añaden que actualmente el equipo femenino de críquet once está formado íntegramente por jóvenes de familias migradas, algo que ocurre en la mayoría de los equipos de la ciudad.

Jugadoras de un equipo de críquet de Barcelona celebrando una victoria /  CRIQUET JOVE A BCN
Jugadoras de un equipo de críquet de Barcelona celebrando una victoria /  CRIQUET JOVE A BCN  

Además, se trata de una necesidad que viene de lejos. Cabe recordar que en 2014 el Ayuntamiento de Barcelona —que ahora celebra la gran movilización de estos colectivos a la hora de promover el proyecto— multó con 1.125 euros a un vecino de Ciutat Vella por jugar a cricket en una plaza, ateniéndose a la Ordenanza de Civismo. Una multa que la Síndica de Greuges de Barcelona estimó que era totalmente desproporcionada.

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