Los estrategas de Barcelona en Comú (BeC), el partido de la alcaldesa Ada Colau, quieren contentar a sus votantes independentistas. Ésa es la prioridad que tienen encima de la mesa los comunes en estos momentos. Según explican a Metrópoli fuentes cercanas a la formación de izquierdas, la equidistancia no existe. “Simplemente, defendemos los derechos fundamentales y, entre ellos, también el derecho a la autodeterminación”. De esta forma, BeC abandona la pretendida ambigüedad para resituarse en un terreno más proclive a realizar concesiones al soberanismo.

La excusa para este posicionamiento es que “hemos de contentar también a nuestros votantes independentistas”. Un sector importante de los comunes, no obstante, ve esta afirmación con recelo y fruto de la presión de un sector con gran influencia sobre la alcaldesa, en el que se sitúan desde su propio marido, Adrià Alemany, hasta los diputados Jaume Asens o Gerardo Pisarello.

Este sector es el que tensionó la pasada legislatura en varias ocasiones y el que, a la postre, empujó a romper la coalición de gobierno con los socialistas, sumiendo al consistorio barcelonés en una auténtica parálisis administrativa, en la que el equipo de gobierno era incapaz incluso de pactar temas con la oposición.

UN SECTOR MINORITARIO

Dentro del sector podemita tradicional, sin embargo, se considera que el votante independentista de los comunes es muy minoritario. Un miembro del consejo ciudadano detalla a este diario que el tema de la independencia ha creado muchos problemas dentro de la formación morada en Cataluña, hasta el punto de haber quebrado a la misma y haber provocado fuga de militantes.

Para este sector, el votante independentista de los comunes es minoritario. “El independentista ya sabe a quién votar: elegirá a la CUP o a ERC, porque son fuerzas de izquierda. Es cierto que existe un componente soberanista, pero que tiene que ver con el derecho a decidir, lo cual es muy diferente a la independencia: se trata de reclamar el que Cataluña pueda decidir en referéndum qué quiere, pero nosotros apostando por continuar integrados en España”, explica una fuente podemita.

Pese a todo, en la cúpula de los comunes, lo que piense el sector tradicional de Podemos es baladí. De ahí que una de las primeras acciones de Ada Colau, tras ser nombrada alcaldesa con los votos de los socialistas y de Manuel Valls y dos de los suyos, fuese colgar de nuevo el lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento.

Jaume Asens y Gerardo Pisarello / EUROPA PRESS
Jaume Asens y Gerardo Pisarello / EUROPA PRESS

“PODRÍA HABÉRSELO EVITADO”

Desde la oposición se asegura que “lo primero que hizo fue reírse de sus socios socialistas. Nada más darle los votos para repetir como alcaldesa, pacta con los independentistas la primera medida de la legislatura: colgar el lazo amarillo”, critica a este diario un concejal de la oposición.

En las filas socialistas se admite que la relación entre los dos socios de gobierno no entró con buen pie en esta legislatura. “Podría habérselo evitado”, dicen por toda respuesta ante la decisión de colgar el símbolo político en la fachada. Pero esperan reconducir la situación en cuanto esté completado el organigrama municipal

CASTIGANDO AL VOTANTE PROPIO

El problema para el sector más podemita de BeC es que con el acercamiento a los soberanistas y con gestos como la presencia del lazo en el exterior de la sede del Ayuntamiento se está castigando al votante propio de la formación. “Sólo hay que ver dónde han bajado más los votos a Barcelona en Comú en estas municipales: resulta que aguantamos en zonas de la zona alta de Barcelona, pero hemos pinchado en los barrios periféricos. En Nou Barris, por ejemplo, que era el feudo de BeC, hubo un serio correctivo hacia los comunes. Y no se puede gobernar la ciudad de espaldas a tu votante natural, al que lo que menos le preocupa es el lazo, cuando no lo ve directamente como algo agresivo”, subrayan as fuentes.

Ante esta situación, Colau afronta una difícil papeleta. Y de ahí que esté preocupada por la imagen que dan de ella algunos medios de comunicación o por algunos de los mensajes transmitidos durante las últimas semanas. “Se ha de ser más cuidadoso, gobernar para la gente y apostar por las medidas sociales, que son las que nos han llevado a donde estamos. Si nos dejamos llevar por gestos y aspavientos independentistas, nuestro votante acabará abandonándonos y volviendo a sus partidos tradicionales”, añaden.