Que Barcelona es una ciudad insegura ya no se le escapa a nadie. Lo que hace años era un problema más o menos controlado, ahora se ha escapado totalmente de las manos y han puesto al Ayuntamiento con el agua al cuello. Los delitos, de menor o mayor grado no dejan de aumentar en la ciudad, y más aún en época de verano donde los turistas se convierten en un blanco fácil para los delincuentes.

Y dentro de la ciudad, uno de los puntos donde más se padece esta tendencia al alza es el metro. Cerca de mil denuncias se registran en el suburbano semanalmente, siendo las estaciones de Plaza España, Barceloneta y Sants las más afectadas. No es casualidad tampoco, pues son tres de las paradas más concurridas en cualquier momento del día. Y pese a que también son tres de las estaciones que cuentan con más presencia de seguridad, es evidente que eso no es suficiente. En ese sentido, desde TMB aseguran que “los recursos económicos destinados a la seguridad han aumentado continuamente en los últimos cuatro años, hasta alcanzar los 25,6 millones de euros en 2018”.

En los últimos días se han acentuado los casos de enfrentamientos entre carteristas y usuarios del metro que intentan detener o alertar de un robo, o incluso enfrentamientos con los propios cuerpos de seguridad que patrullan por el subsuelo. Las imágenes de estas peleas en el metro son cada vez más constantes y se hacen virales, y eso unido a las inoportunas obras de varias líneas en pleno verano, ha hecho que mucha gente esté optando por un transporte alternativo.

ROAR, UN GRUPO DE 15.000 MIEMBROS

Para hacer frente a esos carteristas que amenazan la seguridad del metro de Barcelona nacieron agrupaciones como ROAR (Residents Organisation Against Robbery), que desde 2014 trata de ayudar a todas las víctimas que sufren robos o cualquier acto delictivo e intentan poner freno al fenómeno del carterismo. Mery Peña es la cara visible del proyecto que arrancó su marido a través de una página de Facebook, donde formaron un grupo junto a los vecinos que tenían por entonces en el barrio del Gótico.

Miembros de ROAR durante una clase de defensa personal / MA

Miembros de ROAR durante una clase de defensa personal / MA

El crecimiento ha sido fortuito, ya que en apenas cuatro años han pasado de 60 miembros a los casi 15.000 que tienen en la actualidad, con unas 20 personas encargadas de moderar y gestionar todos los movimientos del grupo, que tiene una actividad diaria constante.

MAPA INTERACTIVO DE ROBOS

En la página los usuarios exponen casos de delincuencia, vividos en primera persona, siendo víctimas o testigos, y con ello alertan al resto de usuarios. “Una de las primeras iniciativas en la página fue la creación de un mapa interactivo por parte de un miembro para conocer en qué zonas se sufrían más robos y qué tipo de robos se producían”, explica Peña a Metrópoli Abierta.

Pese a que ya no se dedican a patrullar por el metro para detener directamente a los carteristas, sí lo hicieron durante dos semanas uniéndose a Eliana Guerrero, la patrullera más famosa de Barcelona. Pero durante ese breve periodo, la fundadora de ROAR confiesa que algunos de sus compañeros sufrieron amenazas y escupitajos, uno de los cuales provocó un virus a uno de ellos.

Sobre el posicionamiento del consistorio asegura que “no estamos aquí para echar la culpa a la alcaldesa Colau, a la Generalitat o a TMB, porque somos conscientes que el tema de la seguridad es muy complejo, pero hay que abordarlo desde una perspectiva social”. Sin embargo, Peña lamenta que nadie del Ayuntamiento se ha puesto en contacto con ellos durante todo este tiempo.

BUENAS PALABRAS HACIA BATLLE

Pese a ello, cree que la designación de Albert Batlle como concejal de seguridad es “una buena elección” porque “está preparado”, y asegura haber notado una actitud positiva de los Mossos desde su nombramiento. Aunque el nuevo teniente de seguridad ya ha dejado claro que “combatirá” a los grupos de patrulleros, todavía cuenta con el aval de algunos de estos grupos, que esperan que reduzca los altos niveles de criminalidad en la ciudad. Para ello, Batlle se niega a contar con estas patrullas, que ha calificado de "inadmisibles". Según él, "la seguridad pública es una responsabilidad de los poderes públicos, de la administración pública y de las fuerzas policiales. No es aceptable cualquier tipo de autoorganización en materia de seguridad".

Peña asegura que cuentan con el apoyo de toda la gente que tienen detrás, aunque reconoce que “al principio no nos tomaban en serio y nos acusaban de inventarnos las historias, pero con el aumento de delitos en los últimos meses no les ha quedado más remedio que creernos”.

ASOCIACIÓN SIN ÁNIMO DE LUCRO

En la actualidad ROAR se encuentra en proceso de convertirse en una asociación sin ánimo de lucro, algo que permitirá “dar continuidad al proyecto sin ser simplemente una página de Facebook, y que todos los miembros tengan voz para decidir los próximos pasos”, cuenta la activista. Entre los planes a corto y medio plazo una vez se constituya la asociación se encuentra implementar un taller de primeros auxilios, repartir volantes y silbatos a los usuarios del metro para que estén informados de los peligros y puedan alertar sobre la presencia de carteristas, y acompañar con un voluntario a los extranjeros para presentar las denuncias sin que haya barreras lingüísticas que impidan hacer la gestión. Hace unas semanas ya implementaron, con gran éxito entre las mujeres, un taller de defensa propia.

A largo plazo, Peña asegura que el objetivo es “llegar a Madrid para hacer presión a las instituciones y que se puedan cambiar las leyes”, ya que según ella “hay demasiada impunidad y por eso los que roban se dedican siempre a ello; en el peor de los casos se exponen a una multa que es muy inferior a lo que obtienen robando”, confiesa.

También nos cuenta que la financiación del proyecto viene a través de “donaciones”, y que lograron más de 350 euros tras una rifa en un evento organizado para captar fondos, además de recolectar más de 1.000 euros a través de GoFundMe, una plataforma de crowdfunding que tienen en su web. “Todavía no hemos tocado nada de ese dinero porque queremos invertirlo en los gastos que supone ser una asociación, además de los gastos para imprimir los volantes y comprar silbatos”, afirma Peña.

JUGARSE EL TIPO EN PRIMERA LINEA

ROAR no es el único grupo que se dedica a aportar su grano de arena en mejorar la seguridad de la ciudad. También hay otros como Patrulla Ciudadana, compuesta por un total de 40 patrulleros. Su modus operandi es hacer sonar un silbato, que los cuerpos policiales reconocen al momento, si ven cualquier acto delictivo, además de avisar al 112 y pulsar el botón SOS de los vagones, y por supuesto retener cuando es posible al carterista hasta que llegue la seguridad.

Eliana Guerrero, que lleva diez años patrullando por el metro y es el rostro más visible de Patrulla Ciudadana, confiesa que todo viene por “la poca efectividad de los cuerpos de policía, porque se ciñen al código penal” y que a su equipo simplemente les interesa “la seguridad de las personas porque estamos cansados de la situación” que se sufre en el metro. 

Por su parte, Charlie, otro de los integrantes de la Patrulla Ciudadana, lleva dos meses patrullando por las líneas de metro de Barcelona cuando su trabajo se lo permite. Según él, ha llegado a hacer jornadas de más de cuatro horas donde han podido hacer unas diez "intervenciones". Charlie asegura que es “coger al mismo ladrón o la misma banda en tres o cuatro paradas diferentes”.

Eliana Guerrero y Charlie, dos miembros de la Patrulla Ciudadana

Eliana Guerrero y Charlie, dos miembros de la Patrulla Ciudadana / MA

Sobre las palabras de Batlle, desde Patrulla Ciudadana reconocen estar “sorprendidos”, aunque no les va a impedir continuar como hasta ahora. “Parece que quiera dar cobijo al delincuente y castigar al ciudadano, pero nadie desde el Ayuntamiento ni desde TMB se ha puesto en contacto con nosotros para recriminarnos lo que hacemos ni para conocer nuestro proyecto”, reitera Charlie, aunque sí les gustaría poder mantener una reunión con el nuevo teniente de seguridad.

Charlie también narra una de sus peores experiencias durante una patrulla, cuando pidió “educadamente” a dos asaltantes que salieran del metro. “Era en la L5, y uno de ellos sacó un objeto punzante de la mochila para clavármelo, pero por suerte llegó seguridad y pude evitar acabar herido”; aunque reconoce que a varios compañeros suyos los carteristas les han perseguido hasta sus casas y les han agredido. “Sabemos que nos enfrentamos a gente que no tiene nada que perder, pero no podemos permitir que Barcelona sea un cobijo de ladrones”, sentencia.

MÁS TRANQUILIDAD ENTRE LOS USUARIOS

Y en el centro de todo están los usuarios del metro, las víctimas reales de la propagación de carteristas en Barcelona. Ya sean turistas que quieren disfrutar unos días de la ciudad, estudiantes que acuden a su universidad o trabajadores que hacen el mismo recorrido cada mañana. Susana, una joven que baja todos los días en la estación de Sants, reconoce que hace dos semanas le robaron el monedero tras ser empujada entre dos personas, pero apenas se dio cuenta del momento exacto entre la aglomeración. Sin embargo, asegura que estos días ha notado más “tranquilidad” por la presencia de las patrullas.

Un caso llamativo fue el de Joan, que publicó días atrás en el grupo de ROAR que a primera hora de la mañana le cortaron los bolsillos y le robaron la cartera con toda su documentación mientras “estaba dormido” en la L3 donde apenas tenía que recorrer tres paradas. Otra víctima, Ángel, explica a este medio que a mediados de julio le robaron la tarjeta de crédito cuando estaba intentando comprar un ticket, y que ahora ha notado más presencia de seguridad en esos puntos.

Esta es la realidad que vive Barcelona en estos momentos. Una gran inseguridad que en parte se tapa gracias a la colaboración de los ciudadanos, que se disfrazan de héroes para proteger la ciudad por debajo y por encima del suelo.