El museo del Hermitage que debe construirse junto al Hotel Vela está en peligro. El Ayuntamiento de Barcelona, a través del primer teniente de alcaldía, Jaume Collboni, ya ha expresado las dudas que el proyecto genera en esta zona. Según Collboni, el museo "comportará muchas dificultades, sobre todo de movilidad". A la zona no llega el metro. La parada más cercana es Barceloneta, al inicio del paseo de Joan Borbó, a más de dos kilómetros. El museo se tiene que construir en unos terrenos propiedad del Port de Barcelona.

Collboni ha hecho estas declaraciones en el programa Bàsics de Betevé. El líder de los socialistas barceloneses ha dicho que el consistorio tiene que velar para que la seguridad, la movilidad y el emplazamiento estén garantizados y tengan coherencia. Collboni ha ido más allá y ha subrayado que en caso de que el espacio propuesto no sea el idóneo, el gobierno puede "proponer alternativas", esto es otro lugar, a los responsables.

CUATRO INFORMES PENDIENTES

Los próximos días, el Ayuntamiento debería hacer públicos cuatro informes sobre el proyecto del Hermitage. Uno de ellos es urbanístico, que evalúa la construcción de un edificio de nueva planta junto a la playa para usos museísticos; otro de viabilidad económica, ya que el edificio de Toyo Ito costará unos 50 millones, y otro sobre el proyecto artístico. Jorge Wagensberg, el responsable hasta su fallecimiento, proponía un diálogo entre arte y ciencia. El cuarto informe es el de movilidad, que es al que hizo referencia Collboni cuando expresó los problemas de movilidad. 

Hace un mes, el director del Hermitage de San Petersburgo, ijaíl Piotrovski, alertó que si el proyecto de Barcelona se paraliza se buscará una ubicación en otra ciudad. En una entrevista en La Vanguardia, Piotrovski dijo que van a las ciudades que les quieren y que se implican en el proyecto. "Nuestro principio radica en que vamos a los sitios donde nos quieren ver, a aquellos lugares que aportan una infraestructura y una financiación", explicó.

DISCREPANCIAS EN EL GOBIERNO MUNICIPAL

Dentro del gobierno municipal, formado por socialistas y comunes, el proyecto del Hermitage no se ve igual. Collboni mantiene un punto de visto a favor. "Tenemos que atraer para Barcelona proyectos culturales tanto públicos como privados. No tengo ningún inconveniente con el Hermitage". Sin embargo, algunas voces los comunes se muestran más críticos. Es el caso del regidor de Presidencia, Jordi Martí, antes en las filas del PSC. "A mi no me gusta. Tengo muchas dudas de que sea un proyecto interesante para el entorno", dijo a Betevé. A Martí tampoco le gusta que vengan a Barcelona "franquicias" de otros museos.

Boceto del Hermitage que diseñará Toyo Ito en Barcelona
Boceto del Hermitage

Desde las filas de Ciutadans el proyecto se defiende sin problemas. "Creemos que hay opacidad del gobierno municipal respecto a este tema. Parece que solo busca excusas para poner obstáculos a este proyecto. Estos obstáculos ya se iniciaron en marzo del 2017 cuando el entonces responsable de Cultura, Jaume Asens lo definió como un McDonalds cultural. El regidor de Cultura de este mandato, Joan Subirats, se comprometió a darnos el informe de viabilidad económica del proyecto, pero no se nos ha dicho nada. Ahora nos enteramos por la prensa de que hay problemas de movilidad cuando se nos había dicho que ya estaban resueltos", ha dicho la regidora Marilén Barceló en declaraciones a Metrópoli Abierta.

También el exprimer ministro francés, Manuel Valls, ha defendido públicamente el proyecto. En diciembre, Valls valoró que "el Hermitage es bueno para Barcelona. Barcelona pel Canvi quiere el Hermitage en Barcelona. Es un proyecto que está bien estructurado, con un compromiso firme con la ciudad y unas condiciones favorables para el distrito". Desde ERC, la regidora Gemma Sendra, dice que su partido está a la espera de tener todos los informes, pero defiende que el proyecto sea sostenible y que no tenga costes para la ciudad. "Si es sostenible y el proyecto cultural es sólido, lo valoraremos. Nos sorprende, sin embargo, la escasa relación institucional entre las dos ciudades, teniendo presente el peso institucional del Hermitage". Y el exconseller de Cultura y exregidor del mismo ámbito, Ferran Mascarell, defendió en la cadena municipal de televisión un Hermitage de calidad y que el Ayuntamiento garantice la movilidad y la adaptación del edificio a las normativas de la ciudad, apuntó el edil de JuntsxCat.

Óscar Ramírez, del PP, considera que el proyecto del Hermitage "es una viva imagen del ejemplo de lo que significa un gobierno sin una idea clara de cuál tiene que ser la política cultural de una ciudad como Barcelona, de un gobierno como el de Colau. Hace más de cuatro años desde que Colau llegó al gobierno y no conocemos cuál es su opinión". El concejal popular añade que no se entiende "el retraso de un proyecto de iniciativa privada y que no cuesta un euro a la ciudad. El edificio de Hermitage puede ser un proyecto icónico de la ciudad por la participación en el proyecto del reconocido arquitecto japonés Toyo Ito, además de que atraerá a turismo cultural y de calidad, situando a Barcelona como referente de las rutas museísticas internacionales", apunta el Ramírez, que como otros partidos reclama conocer los informes municipales.

OCHO AÑOS EN LOS DESPACHOS

La llegada del Hermitage a Barcelona se empezó a gestar en 2012, con Xavier Trias de alcalde. Tras cuatro años de rumores y especulaciones, en 2016, con Ada Colau de alcaldesa, se presentó oficialmente. La idea era empezar a construir el equipamiento en 2017 para inaugurarlo en 2019. Pero, de momento, no se ha puesto ni una piedra. En abril 2019, la Autoridad Portuaria inició los trámites administrativos para recibir ofertas para instalarse en este solar. Si el proyecto no acaba embarrancando, la nueva fecha de apertura es en 2022.

Las discrepancias sobre el museo también se han producido en ámbitos ciudadanos. Distintas entidades vecinales se han opuesto. La plataforma Por un puerto ciudadano definió el museo como "un caballo de Troya" que quiere transformar la nueva bocana del puerto en "una especie de Eurovegas disfrazada de cultura". El 80% de las acciones del museo pertenece a un fondo de inversión, Varia. El 20% restante es de Cultural Development Barcelona.

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