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De ser un elemento decorativo, a convertirse en causa de una 'guerra' política. Es lo que ha pasado con los famosos lazos amarillos que, semana a semana, están adquiriendo mayor protagonismo en la cada día más compleja escena política catalana, de la que Barcelona es cap i casal.

La última bronca por mor del amarillo se vivió este miércoles, con motivo de la concentración convocada por Ciudadanos en el parque de la Ciutadella para apoyar a la mujer que, días atrás, había sido (presuntamente) agredida por quitar lazos. El caso denotaba un cambio de rumbo en la polémica, ya que, que se sepa oficialmente, todavía no se había dado una agresión directa, merecedora de tarjeta roja.

Lo máximo hasta este agosto habían sido los enfrentamientos verbales en las playas, por la aparición de cruces del mismo color; el automovilista que arrolló unas cuantas en la plaza de Vic o, ya posteriormente, el grupo de encapuchados blancos que retiraron los lazos en La Bisbal d'Empordà (Girona)... sólo para que, al día siguiente, otro grupo contrario volviese a colocarlos.

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Barcelona es la capital del lazo amarillo... y del rojigualdo / EFE

Los lazos amarillos habitan en todos los rincones de Catalunya, y muy especialmente en los lugares donde, en las últimas elecciones, los votos fueron independentistas; es decir, en la Catalunya interior o profunda. Pero no solo allí: Barcelona se lleva la palma. Como capital, vive la mayoría de las grandes concentraciones ciudadanas -a favor o en contra-, por lo que sus calles, plazas y balcones presentan también el amarillo -sea en forma de lazo o no- como color distinguido para 'secundar' colateralmente una causa: la independentista.

VA POR BARRIOS

No hace falta recorrer la ciudad al completo para comprobar pronto que los lazos amarillos van por barrios. Es casi aritmético: barrio en el que se votó más independentismo, más lazos que en los que no. Está claro en ese sentido que la Diagonal se convierte en una especie de línea divisoria: en la parte alta, menos amarillos que en la baja. En este juego geográfico, podría decirse que el Eixample sería una especie de tierra fronteriza, en la que rivalizan lazos pintados (o marcados) en el suelo de las calles con los que, habiendo empezado siendo amarillos, han acabado transformados en banderas españolas al serles añadidas dos franjas rojas, una a cada lado.

En este sentido, cabe recordar que los resultados en la últimas elecciones autonómicas (2017), Ciudadanos fue la fuerza más votada en siete de los diez distritos (Nou Barris, Ciutat Vella, Horta-Guinardó, Les Corts, Sant Andreu, Sant Martí y Sarrià-Sant Gervasi); en los otros tres ganaron Junts per Catalunya (Eixample y Gràcia) y ERC (Sants-Montjuïc).

Si sobre este mapa electoral se sobrepone un mapa con lazos amarillos, puede hacerse una idea aproximada de por dónde van los lazos en Barcelona ciudad.

EN LA PLAZA SANT JAUME

Uno de los grandes puntos del conflicto de los lazos amarillos es quién los pone y dónde los pone. Porque una cosa es que lo haga gente a título personal y otra, muy diferente, que sean colgados en y por instancias oficiales.

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Puigdemont y Torra, marcando lazo amarillo / EFE

Es el caso claro de la plaza Sant Jaume. A uno y otro lado de ella, tanto en el Palau de la Generalitat como en el Ayuntamiento de Barcelona, cuelgan sendos lazos. Especial significancia y polémica tiene el que pende -con pancarta incluida- desde el balcón del consistorio, puesto que se supone que debería ser ciudadano territorio neutral.

Pero Ada Colau lo mantiene colgado en la fachada consistorial desde finales de diciembre. Sólo se retiró provisionalmente durante la manifestación en defensa de la unidad de España, el pasado mes de mayo.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Lo que pocos esperaban es que los lazos amarillos hayan empezado a causar disensiones entre partidos que se alinean en cada uno de los dos grandes grupos: unionistas e independentistas. Este mismo jueves ha saltado la polémica cuando el PP ha acusado a Ciudadanos de permitir que se utilizasen símbolos nazis en sus manifestaciones, responsabilizándole además de los incidentes en los que un cámara de Telemadrid resultó agredido.

Entre los grupos políticos unionistas se dan paradojas como que el Socialista no se alinee ostensiblemente con su colocación e intente mantenerse al margen de la polémica, o que los Comuns estén plenamente a favor (como lo demuestra Colau en el Ayuntamiento)... a pesar de que no es un partido independentista.

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Rivera y Arrimadas, quitando lazos amarillos / EFE

Mayor unanimidad se da en este aspecto en el bando pro independencia, ya que desde el primero (PdeCat) al último (la CUP), pasando por ERC, todos promocionan y aleccionan la utilización de lazos amarillos, tal y como hacen sus líderes, empezando por el anterior y el actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y Quim Torra. También el titular del Parlament, Roger Torrent.

Por otra parte, no deja de ser curioso comprobar que ningún periodista de TV3 lleva el lazo amarillo en sus apariciones profesionales, y, sin embargo, los responsables políticos del Govern, empezando por el President, lo lucen en sus solapas o incluso, como estos días, como un pañuelo anudado al cuello, en plan sanfermines.

LOS ORIGENES DE LOS LAZOS 

Tanto hablar de lazos amarillos y, a lo mejor, no recordamos su origen. Lo sintetizamos, a continuación: obedecen a una campaña de las organizaciones independentistas para reclamar el sobreseimiento de la causa que el Tribunal Supremo español sigue contra una parte de sus líderes por los hechos ocurridos con ocasión de la proclamación de independencia de Catalunya, hace casi un año.

La 'campaña amarilla' parte de la base de que estos políticos han sido procesados por defender el derecho de autodeterminación de Catalunya, y no por los sucesos que protagonizaron entre septiembre y octubre de 2017, primordialmente en el Parlament catalán y en la Rambla.

CONTINUARÁ...

El pasado mayo, los grupos del Parlament acordaron mantener el lazo amarillo en uno de los escaños reservados a los miembros del Govern, pero luego decidieron cambiarlo de bancada y situarlo al lado del presidente Torra. La decisión provocó, eso sí un rifirrafe monumental entre Carlos Carrizosa (Cs) y Torrent.

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Alberto Fernández y el PP han abierto una oficina de apoyo / EFE

En julio, el TSJC catalán rechazó retirar los lazos amarillos de los edificios de la Generalitat después de que el tribunal no admitiese el recurso de una asociación contraria a la independencia. Fue el último argumento válido para que proliferasen los lazos en toda Catalunya... y para que los partidos unionistas decidiesen incluso salir a la calle para retirarlos.

La última noticia es de este mismo jueves: el presidente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández, ha abierto la Oficina de Asesoramiento y Apoyo para personas "que se sientan perseguidas por retirar lazos amarillos de la vía pública".

Y hasta aquí hemos llegado.