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Quim Torra acaba de cumplir dos años al frente del Govern. La efeméride ha pasado sin pena ni gloria. La verdad es que los motivos de celebración son inexistentes.

El caballero carecía de experiencia política alguna. Bastó su proximidad y su servilismo al prófugo Carles Puigdemont para que este lo aupara a la presidencia del Ejecutivo autonómico en mayo de 2018. Utilizó para ello el expeditivo procedimiento del dedazo consustancial con el PRI mejicano.

POLÍTICA INDUSTRIAL NULA

El mandato de Torra no puede decirse que sea demasiado positivo en términos económicos. De hecho, su política industrial constituye un misterio insondable, pues no se conoce una sola iniciativa que el activista del separatismo haya promovido en favor del tejido productivo.

La estampida de Nissan, con sus 3.000 empleos directos y más de 20.000 indirectos, es un atronador aldabonazo precursor del vendaval recesivo que se puede desencadenar en Cataluña de aquí a finales de año como secuela de la crisis del coronavirus.

HUIDA MASIVA

Desde que Torra acaudilla el Govern, han salido en tromba de Cataluña más de 1.100 entidades, según los datos del Registro Mercantil consultados por Metrópoli Abierta.

La intensidad de la fuga ha decrecido notablemente en los últimos meses y ya no reviste las proporciones de éxodo bíblico que se vivieron tras el referéndum y la fugaz declaración unilateral de independencia de octubre de 2017.

BANCOS Y COTIZADAS

Entre los meses previos a aquel acontecimiento y finales de 2019 se evaporaron de Cataluña más de 5.400 sociedades de todos los tamaños, incluyendo los pocos bancos que quedaban aquí residenciados y casi todos los grandes trasatlánticos cotizados en bolsa.

En el primer trimestre de 2020 el saldo de entradas y salidas de Cataluña todavía sigue siendo deficitario. Antes del procés, la región era un polo de atracción económica y nunca contabilizaba cifras negativas. Tras el estallido de la locura secesionista, se ha convertido en una zona refractaria a los negocios y a la actividad generadora de riqueza.

MADRID, DESTINO PREFERIDO

En el periodo enero-marzo del presente año se han trasladado a otras zonas de España en total 188 compañías locales y han llegado acá 126, con un balance adverso de 26.

Además, 86 de las firmas exiliadas se han instalado en la Comunidad de Madrid. Esta registra en el primer trimestre un total de 450 llegadas y 315 salidas, es decir, un saldo favorable de 135.

INFIERNO FISCAL CATALÁN

La capital del país encierra, aparte de su estabilidad política, un aliciente adicional que cada día la hace más atractiva para instituciones mercantiles, ejecutivos, profesionales y empresarios. Sus bajos impuestos contrastan con el infierno fiscal que padecen los catalanes.

En la Comunidad de Madrid se pagan varios puntos menos de IRPF, desapareció de un plumazo el gravamen leonino y confiscatorio sobre el Patrimonio, y el de Sucesiones y Donaciones está bonificado hasta el 99%. Sobre este último, Quim Torra acaba de aplicar a los ciudadanos una subida salvaje, la mayor verificada nunca.

SIETE AÑOS SINIESTROS

El fenómeno migratorio de empresas locales se inició mucho antes del referéndum independentista. Los indicios de la desbandada comenzaron a aflorar hace siete años, con las primeras salidas en dirección a otras autonomías, especialmente Madrid.

En este septenio aciago, el volumen neto de evasiones supera largamente las 7.000 compañías.

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