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Llaveros, figuritas de la salamandra de Gaudí con su respectivo trencadís, camisetas de Leo Messi o de I love Barcelona. Souvenirs que se repiten una y otra vez. En una tienda, en otra: lo mismo. Y más allá de eso: nada. El comercio local se ha vuelto casi inexistente y las pocas tiendas de abastecimiento y bares solo tienen un objetivo: atraer a los turistas. Este es el panorama en el que viven los vecinos del barrio de La Salut-Sanllehy, uno de los más afectados por los 9 millones de turistas que visitan cada año el Park Güell.

El Ayuntamiento de Barcelona presentó en noviembre la “Propuesta estratégica para el Park Güell (2017-2022)”, que a través de un proceso participativo superó la primera fase de validación. El objetivo es “devolver el parque a los vecinos”, aunque muchos de ellos miran con reticencia esta propuesta que invertirá 25 millones de euros. Por ejemplo, creen que en lugar de un centro de interpretación del Park Güell, podrían impulsar una escuela municipal de música que sirviera como reclamo para que el público –más allá del souvenir– se acercara a la zona.

Este año el consistorio que dirige Ada Colau ha ampliado la prohibición de abrir nuevas tiendas de souvenirs en los entornos de la Sagrada Família, la Casa Vicens y el Park Güell, entre otros. En el caso que nos concierne, la medida pretende actualizar la actual normativa que “ya limitaba la apertura de estos establecimientos en los ámbitos más reducidos del Park Güell”. Aunque, a decir verdad, no servía de mucho, pues los nuevos establecimientos han seguido proliferando.

Uno de los casos más sonados fue el de una tintorería de toda la vida ubicada en Travessera de Dalt. La propietaria, de 60 años, decidió retirarse de la noche a la mañana. Y, de la noche a la mañana, la tintorería se convirtió la tienda de deportes Street Futbol. Así ha sucedido con varios comercios locales que se han trasformado rápidamente en tiendas o bares que piensan primordialmente en el turista.

Una de las tiendas de souvenirs ubicadas en una especie de parking / P.B.
Una de las tiendas de souvenirs ubicadas en una especie de parking / P.B.

“El Plan de Protección del Ayuntamiento no se cumple porque no hay una definición clara de souvenirs y muchos negocios abren como tienda de deportes o de artesanía. ¿Una camiseta del Barça es un souvenir? No se sabe”, ha confesado Mar Girona, de la Asociación de Vecinos Park Güell-La Salut-Sanllehy, a Metrópoli Abierta.

PRECIOS DE ALQUILER DESORBITADOS

El precio de alquiler de un local pequeño en la calle Larrard, una de las más transitadas para acceder al parque de Gaudí, asciende a los 5.000 euros al mes. La desesperación y las ganas de hacer negocio cueste lo que cueste ha llegado a tal punto que incluso detrás de las puertas de los parkings de casa particulares se esconden pequeños paraísos de souvenirs. Siempre con los mismos objetos de regalo, claro. Con precios parecidos, claro.

"No tenemos comercios. Tenemos una farmacia, un colmado y el resto son tiendas de souvenirs, cafés, bares y restaurantes que sirven sangría, paella y cierran sobre las seis. Por lo tanto, el barrio se queda desierto cuando se van los turistas", explicaba Céline Coillard, vecina y miembro de la Asociación de Vecinos La Salut-Salleny, en los Diálogos de Barcelona de Metrópoli Abierta.

LA FALTA DE ESPACIO, OTRO PROBLEMA

La zona del Park Güell se ha convertido en un caos automovilístico. Los taxis suben y bajan para recoger y dejar a turistas. Ahora se suman también a los coches pertenecientes a las aplicaciones Uber y Cabify, que se mueven a toda velocidad por calles estrechas de una sola dirección. Hay retenciones, hay ruidos de claxons desenfrenados. Además, el transporte público –un bus de barrio– siempre va lleno a causa de la gran afluencia de turistas, sobre todo cuando llega el buen tiempo.

Un bar cerca del Park Güell que vende sangría / P.B.
Un bar cerca del Park Güell que vende sangría / P.B.

Es por ello que los vecinos se han reunido varias veces con responsables del distrito de Gràcia, cuyo líder es Eloi Badia, para encontrar soluciones. Una de ellas pasaría por “pacificar las calles y que solo pudieran acceder los residentes”, tal como han explicado a este medio. “Así los niños que van a los colegios podrían moverse más seguros”, ha detallado Mar Girona.

La zona del Park Güell se ha convertido en un paraíso de souvenirs para algunos, pero en una especie de infierno para otros. La temporada de verano está ya a la vuelta de la esquina y, por ahora, la masificación turística en la zona sigue intacta.