Gràcia –en fiestas– es una jungla. El caos, el tumulto, la suciedad y el olor a pis se apropian del barrio que, una vez más, se convierte en el escenario ideal para el desmadre. Son las cuatro de la mañana. Un hombre escondido detrás de su carrito con latas de cerveza saca el móvil y se prepara una raya de cocaína sobre la pantalla. Entonces aparece una mujer menuda, enclenque, comida por la vida, y le dice al hombre que quiere droga, que comparta un poco. Él apenas se inmuta. Sonríe condescendiente y sigue a lo suyo: se acerca la pantalla a la nariz y aspira la coca en menos de un segundo.

Cuando la noche coge forma, la gente pierde los papeles. Las situaciones se vuelven inverosímiles, descarnadas. En la plaza del Nord un grupo de jóvenes en chándal hace botellón en un portal. Como quien tira la primera piedra, uno rompe la primera botella de cristal contra la pared de enfrente. Los colegas ríen, graban la escena. Luego otro se envalentona y lanza otra botella, provocando un gran estruendo y llenando el suelo de cristales.

Mientras, sobre el escenario, dos mujeres pinchan “reggaetón feminista”. Los presentes tararean y perrean al son de la letra “no es no”. La fiesta culmina con el Single ladies de Beyoncé. Y mujeres anarquistas, con rastas, cadenas y piercings se mueven al ritmo de la comercial canción y emulan a Beyoncé con desenvoltura, como si no fuera la primera vez que sucede.

NO QUIEREN TURISTAS EN LAS FIESTAS

La Festa Major de Gràcia se ha convertido en un espacio de denuncia: política, ideológica, machista … y turística. Los guiris no son bienvenidos para muchos. Esta edición número 201, la calle de la Perla hace una crítica voraz a la turistificación de Barcelona a través de su decoración. Una ciudad que, según ellos, se ha convertido en un parque de atracciones.

Una pancarta contra los turistas en la plaza del Nord | P.B.
Una pancarta contra los turistas en la plaza del Nord | P.B.

Por otro lado, los anticapitalistas de la plaza del Nord declaran, a través de una pancarta, “la zona libre de guiris”. Es inevitable: una pasea y se encuentra carteles en inglés dirigiéndose a los turistas. “Mucha gente local ha tenido que dejar el barrio por culpa de la especulación”, culpan a los de fuera. Es un no parar.

Dos menores jugando con una aspiradora en la carretera | P.B.
Dos menores jugando con una aspiradora en la carretera | P.B.

BASURA, PIS, VÓMITOS

El incivismo en las fiestas no tiene límites. Las basuras parecen esculturas hechas de residuos, el suelo está lleno de latas de cerveza vacías, de bolsas de plástico. Las esquinas son un poema: pis y vómito, qué profundo. Los baños portátiles están colmados de colillas, los rollos de papel de váter mojados y esparcidos por el suelo. Entonces, en la plaza del Diamant, escucho:

–Necesito un árbol, tío
–¿Para qué?
–Para mear, joder

Un baño portátil con el suelo lleno de pis en la plaza del Nord | P.B.
Un baño portátil con el suelo lleno de pis en la plaza del Nord | P.B.

Cuando la noche coge forma, la gente no se corta. En cualquier lugar, como si los baños tradicionales no existieran. Siempre con impunidad. Luego son otros –merecen un gran reconocimiento– los que se encargan de arreglar el desastre. En este escenario presencio una pelea entre un anarquista y un marroquí. Nada grave. En este escenario dos menores cogen una aspiradora de la basura y se ponen a jugar en medio de la carretera. En este escenario veo cómo algunos intentan ligar y cómo otros no lo consiguen. “No te rayes, siempre te quedará Tinder”, le dice un amigo a otro. 

Entonces me acuerdo de una frase de Hunter S. Thompson en Miedo y asco en Las Vegas. Dice algo así como que “la propia realidad está ya demasiado pasada”. Pasada de rosca, distorsionada. Así las fiestas, así la vida.

Jóvenes haciendo botellón en un portal durante la Festa Major de Gràcia | P.B.
Jóvenes haciendo botellón en un portal durante la Festa Major de Gràcia | P.B. 

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