El Ayuntamiento de Barcelona ha cerrado una asociación de fumadores de cannabis del barrio del Camp d'en Grassot i Gràcia Nova (Gràcia) debido a un mal funcionamiento de la chimenea extractora de humos. La Federación de Asociaciones de usuarios de Cannabis de Cataluña asegura que, desde este verano, el consistorio ha endurecido su actuación en relación a las quejas vecinales y procede, automáticamente, al cierre temporal de estos clubes.

Hasta hace un mes, decenas de personas se acercaban al número 70 de la calle Grassot a consumir su dosis de marihuana. Ahora, el precinto enganchado en la puerta que comunica con el vestíbulo del edificio indica que está cerrado por orden municipal.  Una vecina que prefiere mantener el anonimato señala que algunos vecinos se habían quejado por el mal funcionamiento de la chimenea del local. "Decían que hacía mucho ruido. A mí, mientras no me moleste, no estoy en contra", explica.

193 ASOCIACIONES

Los primeros locales de fumadores de marihuana aparecieron en 2011. Las 10 asociaciones pioneras de entonces se han multiplicado hasta llegar a las 193 actuales, según cifras municipales, aunque no todas siguen abiertas. Algunos clubes no cuentan con la licencia, incumplen alguno de los puntos de la normativa, o bien han sido cerrados en algún operativo policial contra el tráfico de drogas.

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Precinto municipal en la puerta del local.

Los principales motivos que suelen motivar quejas vecinales y un posible cierre son una mala extracción de la chimenea, que ésta haga ruido, que el local no tenga doble puerta para aislar el ruido o incumplir el horario. Eric Asensio, portavoz de las asociaciones de fumadores en Cataluña (CatFAC), explica que desde este verano el consistorio ha endurecido el cumplimiento de la normativa. "Antes te daban dos meses para subsanar la avería pero la actividad continuaba. Ahora se cierra la actividad al momento", asegura. 

'NO HAY PROBLEMAS NI OLORES'

En el número 70 de la calle Grassot, Elisabet Gimeno (30 años) vive con su novio en el mismo edificio de la asociación desde hace dos meses. "Está bastante tranquilo. Hacían un poco de ruido, pero nada grave", señala esta chica, fumadora habitual de marihuana. En el momento de la publicación de este artículo, no ha sido posible conocer las razones oficiales del cierre por parte del Ayuntamiento.

En la calle, Antonio, uno de los socios de la asociación, mira decepcionado la verja bajada del local. Antes de dar media vuelta e irse sin haber podido fumar como hace a menudo. Este consumidor comenta que nunca hay problemas, que no hay olores.

En los últimos meses han surgido protestas vecinales contra estos locales, una vez han abierto, o bien para impedir su apertura. Asensio señala al "desconocimiento" de estas asociaciones para justificar la oposición y defiende que los clubes, aceptados por "muchos vecinos", avanzan, cada vez más, en su integración con los barrios y colaboran activamente con las entidades vecinales en la organización de las fiestas.

47 CIERRES EN CIUTAT VELLA

Desde 2016, cuando se aprobó el Plan Especial Urbanístico que regula la actividad de estas asociaciones, el consistorio intensificó las inspecciones para detectar posibles incumplimientos de la ordenanza. Uno de los principales requisitos de una asociación cannábica es que debe ubicarse a un mínimo de 100 y 150 metros de un colegio en función si se trata del casco antiguo o en el resto de la ciudad.

En 2018, se cerraron 47 clubes cannábicos en toda la ciudad, la mayoría en Ciutat Vella, uno de los distritos, junto a l'Eixample, que concentra más asociaciones. Solo en Ciutat Vella, el Ayuntamiento ha cerrado 71 locales en los últimos cinco años, según detalla un informe municipal de octubre de 2019. Aun así, señala el consistorio, los clubes ilegales "continúan apareciendo de forma continuada".