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La guardería Granota, en el barrio de la Sagrada Família, podría reabrir cuando las autoridades sanitarias y el departamento de Ensenyament lo permitan. El propietario del centro, Joan Lluís Liste, tiene más de 15.000 pares de guantes, 1.000 mascarillas, 100 litros de gel hidroalcohólico, jabón desinfectante y decenas de rollo de papel de un solo uso. A lo largo de estos meses que la escuela ha estado cerrada, Liste ha ido comprando este material. Los guantes y el gel, incluso, los adquirió antes del cierre, el 13 de marzo. Ya preveía que la pandemia se complicaría notablemente.

Sin embargo, Liste no tiene la intención de reabrir, al menos por ahora. Considera que levantar la persiana en junio -como podría ser el caso, si finalmente Barcelona entra en la fase 2- es "precipitado". "Abriré cuando tenga claro que lo puedo hacer. Tengo todo el material, pero no es el momento. No confío en las medidas decretadas por el gobierno. Antes que el negocio, lo primero es la seguridad de los niños y del personal". Granota es una de las más de 300 guarderías que hay en Barcelona.

60 ALUMNOS MÁXIMO CON LOS NUEVOS CRITERIOS

La Granota, un centro que abrió hace 40 años, cuenta con 400 metros cuadrados de clases y 600 metros cuadrados de patios en el número 500 de la calle de València. Cada curso tiene unos 160 pequeños de 0 a 3 años. "Disponemos de 12 aulas", explica Liste, mientras enseña las instalaciones a Metrópoli Abierta. Con las medidas decretadas por la Generalitat, las guarderías solo podrán acoger cinco niños por clase, en su caso 60 en todo el centro. "La viabilidad económica no es lo prioritario; la prioridad es la salud de los niños y niñas y del personal. Hay mucho desconocimiento de la enfermedad", advierte.

Joan Lluís Liste, propietario de la guardería La Granota con el material que ha comprado / JORDI SUBIRANA
Joan Lluís Liste, propietario de la guardería Granota con el material que ha comprado / JORDI SUBIRANA

Liste asegura que todas las trabajadoras del equipamiento están de acuerdo con él en que la guardería siga cerrada. "No creemos que la solución sea abrir las guarderías. Lo encontramos demasiado precipitado. Hay que solucionar el foco del problema: la conciliación laboral de las familias, quizá ofreciendo soluciones a las empresas para que ayuden a sus trabajadores, ya sea con horarios o económicamente. Las guarderías no podemos ser la tirita de una herida tan grande", dice Alba, una de las empleadas.

"EL DESARROLLO ES SENSORIAL"

En los mismos términos se expresa otra de sus trabajadoras, Vanessa, que también es madre de tres niños. Esta profesional de la educación infantil considera que podría ser contraproducente para los pequeños verlas vestidas con todas las medidas de seguridad. "¿El niño se sentiría seguro y relajado en este ambiente?", se pregunta. "No podrían sentir nuestra expresiones de ternura, felicidad.... Un abrazo, un beso". Vanessa también alerta que en estas edades, "el desarrollo es sensorial. Experimentan a través los sentidos, tocando, lamiendo. Todas estas acciones hacen sentir al niño relajado, feliz". Ahora, todo esto, "la escuela no se lo podría garantizar", añade. 

La entrevista de Metrópoli Abierta con Liste ha sido unas horas antes de que el conseller de Educació, Josep Bargalló, desgranara las condiciones de los centros educativos para abrir. En el caso de las guarderías, además de los cinco niños por aula, los requisitos de la Generalitat prohíben acoger a niños de 0 a 1 año, que haya personal de más de 60 años -"el médico que tenemos tiene esa edad, ¿no puede venir?"- y ofrecer servicio de comedor.

Una de las aulas de la guardería La Granota / JORDI SUBIRANA
Una de las aulas de la guardería Granota / JORDI SUBIRANA

A Liste, esta opción le parece fuera de lugar. "Los niños no pueden estar toda la mañana sin comer. Si nosotros no les podemos dar de comer, creemos que tampoco es oportuno que traigan nada de casa. Tenemos cocina propia. Todo se hace a más de 60º y lo servimos con bandejas de acero inoxidable precintadas". La imposibilidad de abrir el comedor tampoco parece la mejor opción para que los padres y madres puedan ir a trabajar sin preocupaciones porque, en muchos casos, tendrán que ir a recoger a sus hijos para darles de comer.

IMPOSICIÓN DE COLAU

La última palabra de la apertura de un centro la tendrá la Generalitat, o en Barcelona el Consorci d'Educació, formado por Generalitat y Ayuntamiento. El Govern ha establecido más criterios, entre ellos garantizar las distancias de seguridad. "A mi este aspecto no me preocupa. Tengo más espacio que el 80% de las guarderías de Barcelona", pero ni así cree que sea el momento de abrir. A Liste no le gustaron nada las palabras de hace unos días de la alcaldesa, Ada Colau, cuando dijo que las escuelas tenían que abrir ya

El empresario detalla otras medidas que, a su parecer, se deberían poner en marcha y que él tiene intención de aplicar en su centro cuando decida levantar la persiana: prohibir la entrada de carritos y de las familias, tomar la temperatura cada día a padres y niños, que las empleadas lleven mascarilla y habilitar una puerta de entrada y de salida. También plantea que los niños que no andan, los progenitores los dejen sobre una manta, donde los recogerán las profesoras. Algunas de las ideas las ha sacado, cuenta, de lo que se está haciendo en centros alemanes.

Pancarta que colgó a principios de los 80 por la falta de ayudas de las administraciones / LA GRANOTA
Pancarta que colgó a principios de los 80 por la falta de ayudas de las administraciones / GRANOTA

ERTE EN MARZO

Horas más tarde de la primera conversación con este medio, Liste precisa por teléfono que la única duda que tiene en si abrir o no es que si se niega no sabe si podrá mantener el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que aplicó en marzo a sus 21 empleadas. "Si no abro, igual me veo obligado a tener que despedirlas". No le preocupa que las familias busquen otros centros. "A los padres les diré que lo más importante son los niños y no el negocio". 

A principios de los 80, poco después de abrir el negocio, Liste colgó un cartel en la fachada del edificio en el que se podía leer: "Los niños no importan porque no votan". Explica que fue por los muchos problemas que tenían en aquella época con las administraciones. Nosotros teníamos alumnos con síndrome de Down, parálisis cerebral, niños sordos y no había ningún tipo de ayuda. No nos hacían ni caso. Preguntado si es el momento de recuperar aquella pancarta, dice que no, que ahora, si cuelga una, hará referencia a Colau. "No se puede imponer. No hay confianza para abrir", insiste Liste.

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