Desde el inicio del confinamiento, una veintena de personas se organizan en el Raval para "compartir" comida, como cuenta Sonia, una de las integrantes de la Xarxa de Suport Mutu del Raval. Esta joven es una de las impulsoras de esta inciativa vecinal que conecta a familias que necesiten comida y comercios que puedan donar cualquier tipo de alimento, generalmente crudo como verdura o conservas.

Durante los primeros días de actividad, unas 150 personas han utilizado, al menos, una vez esta red de ayuda. Muchos de sus usuarios son familias de origen extranjero, las que están sufriendo más el confinamiento, explica Sonia. "Cuando vamos a un piso, insistimos a la familia que hable con sus vecinos para conocer sus necesidades", explica. La idea es ir tejiendo una comunidad en red y que el barrio se ayude con los recursos con los que dispone. 

SEIS COMERCIOS

De momento, seis negocios, la mayoría comercios como fruterías y pequeñas tiendas, ofrecen sus existencias antes de que caduquen. Metzineres, La Tancada, Endavant y colectivos antiracistas, entre otros, trabajan juntos para recoger y distribuir comida a las familias más necesitadas. Son muchas personas, alerta Sonia, y algunas viven solas. Los impulsores de este iniciativa, sin embargo, avisan: "No pretendemos ser en un banco de alimentos asistencial. Los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat no están haciendo su trabajo. Si no fuera por nosotros, muchas personas pasarían hambre", advierte.

xarxa raval
Comida y bebida lista para distribuir / XARXA DE SUPORT MUTU DEL RAVAL

Un ejemplo del "desborde" que sufren los servicios sociales, relata Sonia, son las piezas de fruta que le entregaron a una usuaria de los servicios públicos. El kit de fruta para el fin de semana que recibió esta mujer de 60 años, en situación vulnerable, constaba de una pera y una manzana, en un estado cuestionable y manipuladas previamente con algunos cortes y hendiduras

'NOS DAN DE COMER'

Una vecina con discapacidad le muestra a través de un mensaje las dos pequeñas hogazas de pan que le dieron para pasar dos días. La mujer critica la "falta de coordinación" con los encargados del reparto de comida después que uno de los trabajadores le dijera, un viernes, que debía esperar al lunes a hacer la entrega porque no le venía bien. "Tengo la sensación de que no nos traen comida. Nos dan de comer", cuenta molesta. 

"Nosotras solas no damos abasto", insiste Sonia en su denuncia. "Los servicios sociales no aportan el dinero y los recursos suficientes. Deben empezar ya a hacer algo, que contraten gente. No pueden esperar que el barrio lo solucione todo". Muchos otros vecinos, sin papeles ni, por lo tanto, ayudas sociales, no reciben nada y dependen, exclusivamente, de la solidaridad del barrio y entidades privadas. 

TRABAJOS EN NEGRO

Una frase resume la situación actual en la Ciutat Vella confinada. "¡Si quieres alimentar a gente del Raval no te lo acabas!", ilustra esta chica camarera, actualmente en el paro. En el Raval, los numerosos vecinos que trabajan en negro no se llevan un solo euro al bolsillo desde hace más de dos semanas. "Mucha gente pasa hambre y no sabe como conseguir comida", concluye Sonia. 

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