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Cuando parecía que el mar de las drogas estaba en calma, llega el colmo de los narcopisos. Las jeringuillas ya no solo se esparcen por los colegios, las calles y resaltan entre las bolsas de basura, ahora también aparecen en los ascensores de los edificios privados. Así lo ha denunciado una vecina del Raval, Cristina Vilaplana, a través de su cuenta de Twitter.

A las 6 de la madrugada del pasado sábado encontraron la puerta abierta del portal y el ascensor en un estado deplorable. La imagen lo dice todo: sangre en el suelo, jeringuillas usadas y restos de envoltorios tirados. Algunos drogadictos accedieron al edificio y se pincharon en el portal, dejando la prueba del delito a la vista de vecinos, niños incluidos.

La escena se produjo, además, después de una pelea, según se indica. La macrorredada contra los narcopisos en el Raval (hace un par de meses) era necesaria aunque, ¿fue suficiente? Las críticas siguen siendo directas y profundas en relación al actual equipo de gobierno que encabeza Ada Colau. Ni vecinos ni comerciantes entienden esta “dejadez municipal”. Aseguran sentirse desprotegidos ante el silencio de los responsables del distrito y lamentan que el problema, que viene de lejos, no haya sido solucionado por los que pueden hacerlo.

OTROS CASOS EN EL RAVAL

El de Vilaplana no es un caso aislado. Solo hace falta zambullirse en las redes para darse cuenta de la indignación vecinal generalizada. Vayamos más allá. Solo hace falta pasearse por calles como Lancaster o Reina Amàlia –a cualquier hora– para sentir la inseguridad del Raval en la propia piel y ver a algún que otro yonqui metiéndose un chute de caballo. La situación es tan grotesta e impropia de una ciudad cosmopolita como Barcelona, que hasta Netflix se ha inspirado en el Raval para rodar su serie Hache.

En la zona del instituto Milà i Fontanals también se han presenciado escenas sórdidas, tal como han relatado en imágenes desde la plataforma Raval Net. Otro vecino que lleva años plasmando la situación del barrio a través de su pintura, Ernesto Camacho, comentó a Metrópoli Abierta su impresión: “Una vez vimos a dos mujeres embarazadas pinchándose caballo entre coche y coche a plena luz del día”. Algo insólito desde hace años en el barrio. 

Un poco más allá, están los vecinos de plaza Castella, que ven cómo los yonquis se apoderan de una zona frecuentada por turistas, universitarios y niños.

Al otro lado del charco (Las Ramblas) sigue el drama de los narcopisos, y las asociaciones cannábicas ilegales en el Gòtic. Son varias las asociaciones vecinales que denuncian día sí y día también la proliferación de espacios dedicados al trapicheo de yerba y hachís. Tanto los del Raval como los del Gòtic temen que Barcelona se convierta definitivamente en un destino ideal para hacer narcoturismo.