La realidad que se vive en el día a día en aquellas calles del Raval de Barcelona con presencia de narcopisos hace que la convivencia sea cada vez más difícil. La presencia de traficantes y consumidores subiendo y bajando por las mismas escaleras por las que transitan los vecinos no es una situación agradable, sobre todo en los edificios en los que viven familias con niños.

Los vecinos ven como, además, la tramitación de las denuncias se encuentra en ocasiones con enromes dificultades, bien por las complicaciones de entrar en contacto con el propietario del inmueble, sobre todo cuando se trata de bancos o de fondos de inversión, bien por el lento funcionamiento de los mecanismos judiciales.

Desde la asociación Acció Reina Amalia, Laura, una de sus portavoces, asegura que la desatención de muchos de los propietarios de los pisos, sobre todo entidades bancarias y fondos de inversión, ha provocado el aumento de la ocupación dedicada a los narcopisos, y exige a las administraciones que actúen de manera más contundente. “Si el propietario es un particular, se puede contactar con él y suele hacerse responsable. Si es una empresa, la cosa es más complicada, ya que además muchas veces suelen dar largas.Y algunas incluso están en el extranjero, y eso todavía lo hace más difícil”.

También hay algunos pisos ocupados por traficantes que se encuentran en fincas de propiedad municipal. “En nuestra calle tenemos un foco importante en el número 1, que es un edificio que en su día compró el ayuntamiento para dedicarlo a alquiler social. Y hace poco acaban de desalojar narcopisos en el número 10 y en el 5”, algunos de los cuales también son de propiedad municipal.

Por eso piden una mayor celebridad en las actuaciones de la justicia. Según señala Laura, “la fiscalía debería hacer algo más, ya que a veces la misma policía se encuentra con barreras para poder trabajar”.

DETECCIÓN INMEDIATA

Los vecinos han aprendido a detectar de inmediato la presencia de un narcopiso. “Se ve muy claro dónde hay uno. Una vez ocupado, al cabo de unas dos semanas empiezan a vender y el edificio se convierte en un constante subir y bajar de gente que va a comprar, a consumir. Y la escalera se degrada”.

Uno de los cambios más importantes que los vecinos han visto, respecto a anteriores ocasiones en que el barrio fue el centro de la distribución de drogas en la ciudad, es que “ahora es gente de otros barrios los que lo hacen. Al parecer han encontrado aquí el lugar ideal para hacer su negocio. Ocupan los pisos para la venta de drogas y la venopunción. El problema es que, si bien antes la droga estaba en la calle, en manos de gente del barrio que hacía pequeños trapicheos, ahora los que trafican suele ser gente que no es del barrio”.