Les prohibieron manifestarse en la calle y trasladaron la protesta a sus balcones. Las terrazas de la calle dels Salvador del Raval rugieron este sábado con fuerza para denunciar la actividad de varios narcopisos y las amenazas de los traficantes. Enfrente de un establecimiento, desde una falsa cola de clientes, algunos de los camellos habituales miraban la escena como si no fuera con ellos. El Súper Salva, rebautizado así por los vecinos, fue durante unas horas una fiesta reivindicativa para dejar claro que los inquilinos ya están hartos y que han decidido plantar cara. 

Tras varios intentos, un par de vecinos conseguían amarrar la pancarta en sus balcones a las cinco de la tarde. "Bienvenidos al súper de la droga", daba la bienvenida el cartel. Centenares de banderolas de colores decoraban decenas de balcones. Tímidamente, los primeros aplausos de los vecinos empezaron a sonar en la estrecha callejuela, ubicada a unos pasos del mercado de Sant Antoni. El rumor se fue extendiendo de balcón a balcón como la ola en un estadio de futbol y la calle entera retumbó. Éste es el súper de la droga, pero lo vamos a cerrar, parecían decir los vecinos.

DROGAS Y PELEAS

Hace ya dos años que los primeros traficantes se instalaron en algunos de los pisos vacíos, la mayoría propiedad de bancos y grandes fondos de inversión. En las últimas semanas, el aislamiento ha envalentonado a estas mafias que amenazan a todo aquél que se atreva a denunciar por redes sociales el trapicheo constante. Los traficantes se reconocen en los vídeos que captan la compra y venta de droga, las peleas y el estado de abandono de la calle con kilos de basura amontonada y que los vecinos cuelgan en Twitter.

 

Trabajadores municipales retiraban el viernes la montaña de residuos y, con ellos, los contenedores. Algunos vecinos lo interpretan como una maniobra de "maquillaje" ante la previsible presencia este sábado de las cámaras de televisión. Achacan la basura esparcida por la calle a los establecimientos de comida de la zona que estos días siguen abriendo. Desde un tejado comunitario, un grupo de vecinos celebraban la acción de protesta, "impensable" unas semanas atrás, según reconocían. 

FUERZA VECINAL

Hace un mes, los vecinos se agruparon en un grupo de Whatsapp con el objetivo de hacer más ruido. "La gente tiene muchas ganas de solucionar las cosas", explicaba una de las vecinas, organizadora de la protesta. De su cuello, colgado de un hilo, se leía en un pequeño rótulo: "Estoy trabajando por la salubridad de mi calle, soy un servicio esencial". Es el ingenio y la creatividad que aflora de la desesperación de esta comunidad, harta de un problema enquistado en sus vidas desde hace ya demasiado tiempo.

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Algunos de los vecinos organizadores de la protesta de este sábado / GUILLEM ANDRÉS

La calle dels Salvador traslada al Ayuntamiento y a los cuerpos policiales tres peticiones principales: una patrulla fija en la calle, más iluminación y más limpieza. Durante la improvisada rueda de prensa, los balcones seguían aplaudiendo convirtiendo la calle en una fiesta con la música de fondo que escupían algunos altavoces. Las cazuelas e instrumentos de cocina también sonaban. 

PRESIÓN POLICIAL

Los vecinos reconocen que en el 7bis la presión policial ha frenado la venta de droga. Hace dos semanas la policía cerró uno de los pisos. Los dos restantes, vigilados de cerca por los agentes, apenas registran actividad. "Si nos quedamos como estamos ahora ya estaré contenta", suspira una vecina.

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El vacío que ha dejado el Ayuntamiento tras la retirada de los contenedores en la calle dels Salvador / G.A

La idea inicial de los vecinos era salir a la calle, con mascarillas y respetando las distancias de seguridad. Los mossos fueron tajantes. Si salían les iban a denunciar por saltarse el confinamiento. Cuentan los vecinos que han encontrado más comprensión entre los agentes de la urbana. Al final, los balcones del Raval fueron el altavoz del sentir de la inmensa mayoría de sus habitantes y, por un momento, al menos desde las alturas, los vecinos volvieron a sentir que la calle era suya. 

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