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El control del Barça no es cosa baladí. Y mucho menos en tiempos de gran inestabilidad económica y política. El independentismo buscará el asalto de la primera entidad deportiva de Cataluña en unas elecciones que deben celebrarse en marzo de 2021 y que ya cuentan con varios candidatos, de perfil poco atractivo hasta el momento, para gestionar un club que facturaba 1.000 millones de euros anuales hasta la crisis del coronavirus.

Antes, el Barça debe solucionar una crisis de campeonato que explotó con el burofax de Messi. Crisis deportiva para los actuales dirigentes y deportiva, económica e institucional para sus detractores. Futbolistas, políticos, empresarios, abogados y quien haga falta se atreven a radiografiar los males del club. Y todos ofrecen sus recetas. Entre ellos, Jaume Giró, ex director general de la Fundació La Caixa.

Giró, obviamente con un estilo mucho más pulcro que algunos calumniadores de medio pelo, se ha mostrado muy crítico con el Barça actual y añade que el club es víctima de una crisis reputacional. Critica el ex director general de la Fundació La Caixa que el club debe gestionar de manera más eficaz y transparente su relación con el poder.

Recalca Giró que el club debe perseverar en la inteligencia y en la calidad, pero nada dice del daño causado por Leo Messi al retar con malas artes al presidente Bartomeu y expresar su deseo de abandonar una entidad que ha potenciado su figura y, sobre todo, su cuenta bancaria. Si de algo ha pecado Bartomeu ha sido de blando, de querer contentar a todo el mundo, pero nadie podrá cuestionarle que el club ha multiplicado sus ingresos en el último lustro. Giró ha optado por destapar el lado oscuro. Tal vez quiere jugar su papel en unas elecciones muy apetecidas desde las altas esferas empresariales y políticas.

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