Facturas de hotel en suites de muchas estrellas, viajes por todo lo alto, operaciones económicamente temerarias, gastos de difícil justificación y otras frivolidades. Esta es la herencia que ha dejado la etapa en la que la empresa pública Barcelona Regional (BR) olvidó el fin para el que había sido constituida y se lanzó a la aventura de emprender una carrera internacional, no se sabe muy bien hacia dónde, que ha acabado siendo ruinosa para las arcas municipales (en las que ha dejado un lastre de unos dos millones de euros) y de la que aún nadie se ha hecho responsable.

La fiscalía buceó en los sótanos de la empresa, en la etapa en la que estaba bajo la tutela del exconcejal convergente Antoni Vives, y detectó muchas sombras, además de unas pérdidas próximas al millón de euros. Pero solo una de las cuatro querellas que interpuso cristalizó en un juicio, del que se está a punto de conocer la sentencia. Tal vez del auto del juez se desprenda alguna responsabilidad penal (o no). Lo que parece evidente es que alguien debió dirigir las operaciones o al menos cometió la irresponsabilidad de no vigilar lo que se estaba haciendo en BR.

Justamente este aspecto es el que tendrán que dirimir los propios concejales del Ayuntamiento de Barcelona. Esta semana se ha celebrado la primera sesión de la comisión de investigación municipal que deberá esclarecer si hubo responsabilidades políticas en la ruinosa gestión de la compañía y, en su caso, a quién hay que atribuírselas.

ENTRADAS DE PORT AVENTURA

Los técnicos que han comparecido ante la comisión se han lavado las manos con este espinoso asunto, pero las pruebas documentales que se han aportado piden a gritos que alguien responda por ellas. Por ejemplo, una factura de dos noches de hotel en Moscú que ascendió a 1752,12 euros, o el alquiler de un coche un solo día en Vitoria (Brasil) que costó 531,66 euros, o la minuta de 926,22 euros de un tal señor Chang (que no ha sido identificado) que pernoctó en el hotel Gran Marina de Barcelona. Pero lo que suena más a trapicheo es a compra de dos entradas para Port Aventura (sin ninguna justificación) que costaron 146,99 euros y otra entrada para el museo MOMA de Nueva York.

Lo único que parece claro es que el camino de BR se empezó a torcer en 2009 cuando se integró en la Agrupación de Interés Económico (AIE) Barcelona Strategical and Urban System (BcnSus), en la que también participaban la Autoridad Portuaria de Barcelona, el Consorcio de la Zona Franca y Abertis. BcnSus se creó para promocionar económicamente Barcelona por el mundo, pero en realidad se convirtió en un pozo sin fondo en el que presuntamente se dilapidó dinero público a espuertas, sin que ni la ciudad ni sus habitantes se beneficiaran en lo más mínimo

El origen del negativo en las cuentas de BR es que asumió los gastos generados por BcnSus (una empresa pantalla que apenas tenía una sede y tres empleados). Además, cuando la mercantil quebró, lastrada por una deuda de 187.324 euros, Barcelona Regional condonó al resto de sus socios en la AIE su parte de la deuda y la asumió de forma íntegra. Es decir, que al final, el tuvo que hacerse cargo de ella el propio Ayuntamiento de Barcelona.

PARTIDAS CAMUFLADAS

Otra de las irregularidades (como mínimo contables) detectada es que BcnSus contrataba servicios a BR que directamente no eran pagados o bien no eran facturados (se camuflaban en otras partidas de la empresa pública) y que ascienden a 647.553 euros. A esta cifra y a la deuda hay que añadir los 133.000 euros que BR aportó al capital social fundacional de BcnSus. Redondeando, un millón de euros en pérdidas.

Todos los proyectos internacionales que acometió BcnSus en Grecia, Rusia, China, Serbia, Brasil y otros países acabaron en un desastre económico: 606.865,71 euros de ingresos, 898.356,58 millones de gastos y un balance de pérdidas de 291.490,87 euros. Y encima, ninguna de las iniciativas benefició en nada a Barcelona ni a su ciudadanía.

Pero la liquidación de BcnSUs no puso fin al sueño internacional de Barcelona Regional, que entre 2014 y 2015 decidió operar por su cuenta para abrir mercados en el resto del mundo. En esa corta etapa las operaciones en otros países añadieron a los números rojos unas pérdidas adicionales de 1.185.700 euros, entre otras cosas, porque se gastaron 132.000 euros en viajes. En resumen, más de dos millones de euros malgastados o de difícil justicación.

FRACASO EN RÍO DE JANEIRO

Llama la atención, a modo de ejemplo, la participación de BR en el proyecto Plan metropolitano de Río de Janeiro (Brasil), que aportó cero euros de beneficio, pero en el que se gastaron 98.897 euros (de ellos, 21.878 euros en viajes y 35.839 euros en dietas). Lo más terrorífico del asunto es que alguna de estas operaciones -que arrojaron pérdidas de 447.537 euros- ni siquiera estaban autorizadas por el ayuntamiento o se hicieron de espaldas al consejo de administración de BR.

Llegados a este dramático punto, solo cabe preguntarse: ¿Dará alguien explicaciones por todo lo ocurrido y entonará el mea culpa? ¿Se le atribuirá políticamente a alguien la responsabilidad de mayúsculo desaguisado? El enigma tal vez se resuelva en las próximas sesiones de la comisión de investigación municipal. O tal vez no.