Barcelona viste boina; la contaminación no cesa. Que sea verano y media ciudad haya abandonado el radiador de hormigón no tiene correlación directa sobre los niveles atmosféricos. Sí, circulan menos coches, “pero no lo suficiente para que no haya impacto en la calidad del aire”, señala el investigador del CSIC, Xavier Querol. Además, explica, hay otros focos que recrudecen todavía más la contaminación estival.

EL MEDITERRÁNEO, MAL CALDO DE CULTIVO

El incremento de barcos en el puerto, los aviones que despegan y aterrizan sin cesar, los aires acondicionados a todas horas o las centrales térmicas a pleno rendimiento resultan ser enormes focos de emisiones. De hecho, dos de los cuatro factores anteriores están directamente relacionados con un sector económico: el turístico. Y... “¿Por qué el turismo viene al Mediterráneo en verano?”, pregunta retóricamente Querol. “No llueve, hace sol y hay poco viento”, se auto-responde. Una tesitura que todo el mundo quisiera firmar para sus vacaciones, pero que metorológicamente representa “la peor situación para la calidad del aire”, añade.

Si bien el grueso de la contaminación de Barcelona proviene de la quema de los combustibles fósiles, en verano influye un nuevo fenómeno a tener muy en cuenta: la radicación solar. “Al haber más intensidad solar se incrementa la transformación fotoquímica de los contaminantes, dando lugar al ozono troposférico”, explica María García, portavoz de la Plataforma per la Qualitat de l'Aire y quien ya lleva 6 años en Ecologistas en Acción.

EL OZONO, CONTAMINANTE VERANIEGO

Pero, ¿qué es el ozono? Tal como explica García, se trata de un contaminante secundario generado a partir de la reacción fotoquímica del dióxido de nitrógeno (NO2) con la radiación solar. Si bien Barcelona suele albergar altos niveles de NO2 (proviene de los tubos de escape, las industrias, los barcos, etc.), la cuestión del ozono es una nueva vuelta de tuerca atmosférica que solo se produce en verano y que “con el cambio climático se está agravando”, añade la portavoz.

Aunque resulte difícil de imaginar, no son los barceloneses quienes terminan llenándose los pulmones de este ozono. “Al no haber viento, se dispara la la marinada y la contaminación es arrastrada de Barcelona hasta la plana de Vic”, explica Querol. Por lo tanto, “la zona rural está recibiendo una contaminación que no ha generado y le está afectando”, añade el experto en contaminación atmosférica del CSIC.

MUERTES RURALES

Tal como apunta la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ozono agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Querol además recuerda como en Europa las partículas suponen 450.000 muertes prematuras, de las cuales 68.000 son por el NO2 y otras 17.000 por el ozono. “Parece que que esto del ozono es lo menos importante, pero no es así; son menos muertes porque afecta a zonas rurales donde hay menos población”, comenta. Una cuestión a la que se le añade una nueva cruz medioambiental: los efectos sobre el campo.

“A diferencia de otros contaminantes, el ozono afecta mucho a la naturaleza”, asegura García. En las zonas rurales no tienen muchos conocimientos sobre el tema, pero puede resultarles una gran preocupación, ya que es un contaminante que quema la vegetación”, alerta. Según la portavoz, hay estudios que que cuantifican pérdidas de hasta el 35% de las cosechas por culpa de este agente. “Es muy preocupante, porque los payeses piensan que es la sequía o las altas temperaturas, pero a pesar que rieguen, la planta se muere”, sintetiza.

EL PUERTO Y SUS BARRIOS

Si bien los efectos negativos de la contaminación que emite Barcelona van mucho más allá de Collserola (alcanzan hasta el Prepirineo catalán), desde la Plataforma per la Qualitat del Aire reiteran la necesidad de elaborar estudios sobre cómo afecta la contaminación a los distintos barrios de la ciudad. “La gente piensa que cuando se dan los datos de la contaminación de Barcelona, esta es son homogénea en toda la ciudad, pero no es así”, destaca su portavoz. ¿Y cuál puede ser uno de los puntos más castigados de la ciudad? Los alrededores del puerto.

“Es interesante ver como los coches con pequeñas chimeneas que se desplazan, mientras que el puerto viene a ser una contaminación industrial”, recrea la portavoz de la plataforma. “Un crucero es como una central térmica; tiene una gran chimenea por la que evoca muchos contaminantes que sobre todo afecta a barrios como Poble-sec, Ciutat Vella, Sant Antoni... y si bien después la gente puede pensar que les resguarda la montaña de Montjuïc (como Sants), esto no es así, porque los vientos reculan e incluso la concentración de contaminantes puede ser todavía más grande detrás de la montaña”, asegura García.

Si bien el programa electoral de Barcelona en Comú contemplaba “implementar un Plan de Electrificación progresiva del Puerto de Barcelona y un Plan de control ambiental de obras de edificación para la limitación de partículas y ruido”, el tema todavía no se ha publicado nada de cómo avanza. En referencia a las emisiones de las naves., el jefe de Medio Ambiente del Puerto de Barcelona, Jordi Vila, conseñaló semanas atrás a 'Metrópoli Abierta' que “son los propios estados los que tienen que pedir la creación de un área de control de emisiones a la Organización Marítima Internacional (OMI)” y se limitó a asegurar que “el combustible de los barcos es más contaminante, pero hay muchísimos más coches que cruceros”.

LOS COCHES, EL GRUESO DEL PROBLEMA

De hecho, el mismo Querol subraya que “los barcos en este momento son un problema secundario; el problema principal son los vehículos”, incide. “Donde tenemos los problemas de calidad del aire es en el Eixample y en zonas próximas al tráfico”, circunscribe. De hecho él mismo se ha encargado de elaborar un estudio sobre cómo se concentra la contaminación en las vías de tránsito rodado: “Medimos metro a metro, desde la acera que hay frente a la Estación de Francia, pues desde el borde de la acera hasta el Parlament la contaminación disminuía el 80%”, destaca.

Al fin y al cabo, “ni las medidas que se han aplicado ahora ni las que se quieren aplicar en los próximos años serán suficientes [para rebajar los niveles atmosféricos]”, opina el investigador del CSIC, en referencia a los planes de la alcaldesa Ada Colau para reducir la contaminación. Tal como reflexiona, Barcelona necesita de medidas “mucho más drásticas” si quiere resolver un problema que contagia al resto de municipios vecinos.