Describir la casa y el jardín en la que Nuria Pla Monseny vivió y reunió una de las más importantes colecciones de mueble antiguo de España no es tarea fácil. Impresiona desde la puerta de entrada hasta el último rincón del inmueble, que ha sido sometido a un largo proceso de rehabilitación, aún no concluido, pero muy laborioso.

La casa, diseñada por el arquitecto Adolf Florensa, fue construida por su padre, el doctor Ramón Pla, que tuvo que exiliarse tras la guerra al haber ido en las listas electorales de la Unió Socialista de Catalunya y no pudo regresar hasta 1948, y su socio, el veterinario Joaquim Ravellat. Acogió el Instituto Ravellat-Pla, un laboratorio en el que se elaboraba un suero para luchar contra la tuberculosis. El suero llegó a ser exportado a más de 20 países. De ahí salió la fortuna que permitió a Nuria Pla, médica como su padre, mantener la casa y el enorme jardín de más de tres hectáreas que la rodea a salvo de especulaciones inmobiliarias. Ahora, la casa-museo es gestionada por la Fundación Ramón Pla Armengol, mientras que los terrenos adyacentes, cedidos al Ayuntamiento, se convertirán en un jardín abierto al público.

La joya de la corona del museo, un escritorio napolitano de 1609. / CR

Visitar la casa-museo y contemplar las decenas de muebles de diversa índole y procedencia allí guardados no tiene precio. Sillones, arcones, mesas, bargueños, bancos, armarios, escritorios, alacenas, camas, sillas, espejos... y el piano en el que Nuria Pla tocaba cada día.

PIEZAS ÚNICAS

"Tenemos una colección de más de 800 piezas" asegura Juan Ramón Ferrero, presidente de la Fundación Ramón Pla Armengol. "Todas ellas son impresionantes, pero algunas son únicas en el mundo. Y eso lo tenemos certificado por los mayores especialistas, que las han estudiado a fondo. De hecho, organizamos conferencias y jornadas en las que invitamos a los mayores expertos para que estudien las piezas y nos den todos los datos posibles sobre ellas y certifiquen su autenticidad".

Escritorios de la colección de Nuria Pla. / CR

Orgulloso del legado de Nuria Pla, "una mujer con un carácter y una intuición especial y que, sobre todo, disfrutaba mucho con lo que hacía", Ferrero tiene como prioridad concluir la rehabilitación de la enorme mansión para poder abrirla completamente al público y que pueda disfrutar de las obras de arte que allí se custodian. "Queremos que la gente vea como la propia Nuria Pla diseñó las habitaciones de la casa. Fue ella la que decidió qué muebles iban en cada habitación, y hemos querido respetar su voluntad. Hay que tener en cuenta que algunos muebles los compró para una estancia en especial, y es allí donde deben estar".

REFORMAS

"La casa estaba casi en ruinas, había humedades por todas partes, por las paredes se filtraba el agua y había zonas que se encharcaban. Ahora hemos conseguido aislarla completamente y poco a poco vamos rehabilitándola, aunque en una mansión como esta hay que invertir muchísimo dinero", reconoce Ferrero.

Bargueños y armario rústico. / CR

En las plantas superiores de la casa se acumulan decenas de muebles antiguos de enorme valor que son cuidados con mimo para poder, algún día, mostrarlos al público.

En la planta baja, que en su origen fue el laboratorio farmacéutico, se encuentran las salas del museo. Allí se pueden contemplar algunas de las mejores piezas de la colección, aunque son una mínima parte de las que adquirió Nuria Pla. Son varias las que llaman poderosamente la atención, pero la joya de la corona es un escritorio napolitano, de 1609, decorado con marfil y ébano, grabado y tintado, en el que se pueden observar los mapas de los 4 continentes conocidos en aquella época, más los planos de ciudades como Nápoles, Toledo, Sevilla, Messina o México. Una maravilla.

No desmerecen en absoluto el resto de las piezas, algunas con un detalle en los grabados que alcanza un nivel que roza la perfección y por las que algunos expertos coleccionistas han llegado a ofrecer cifras astronómicas. "Pero Nuria Pla nunca quiso vender ninguna de ellas. Las sentía como suyas", asegura el presidente de la Fundación.

Arcón antiguo hecho con piel de vaca. / CR

El próximo paso es "abrir nuevas salas que ya estamos acondicionado", dice Juan Ramón Ferrero. "Allí irán piezas más grandes, como armarios, mesas, arcones... Nuestra intención es ir enseñando toda la colección, variando las piezas que hay en el museo. Y en un futuro, conseguir que toda la casa se convierta en un museo".

NUEVO MUSEO

Hay dos proyectos en los que Ferrero pone especial atención: un aula de formación para restauradores de mueble y el museo del laboratorio Ravellat-Pla.

El primero se ubicará en la sala en la que estaba la antigua biblioteca, vacía de libros y revistas que fueron donadas a la Universidad Autónoma. Quedan las impresionantes librerías que acogieron los centenares de libros, revistas de medicina y los miles de documentos recopilados por Ramón y Nuria Pla. Necesita una reparación, pero basta imaginarla como fue en sus buenos tiempos para saber que allí se reunía un conocimiento médico y científico de valor incalculable.

Aspecto actual de una de las salas de lo que fue el laboratorio. / CR

El segundo se situará en la parte baja del edificio, justo donde estaba la sala de extracción de sangre de los caballos. La idea de la Fundación es reunir las centenares de piezas de laboratorio que conservan para mostrarle al público toda la cadena de producción que allí había. Se podrán visitar incluso las dos cámaras en las que se conservaban los medicamentos a la temperatura adecuada.

¿Y EL JARDÍN?

La casa es impresionante y el jardín que la rodea no la desmerece. Pero actualmente está descuidado y abandonado, lleno de hierbas y arbustos que crecen incontrolados y que producen una cierta desazón. Visitándolo no cuesta imaginar cómo debían disfrutarlo los habitantes de la casa en su época de esplendor.

Este terreno, que ahora es del Ayuntamiento, tiene como destino futuro su conversión en un parque público de tres hectáreas que, entre otras cosas, servirá para acercar a los visitantes a la puerta del museo. También está previsto mantener una pequeña parte para que sigan instalados algunos pequeños huertos urbanos, así como un pequeño 'hotel biológico' que acogerá algunas especies animales.

La casa se encuentra en proceso de rehabilitación, los jardines lo estarán en breve. / CR

El acuerdo entre la Fundación y el consistorio establece que se deberán respetar y restaurar las esculturas y los bancos, el pozo de agua y la mayor parte del arbolado.

"El proyecto ya está en marcha"· asegura Eduard Vicente, gerente del distrito de Horta-Guinardó. "Se está elaborando el proyecto para abrir los jardines al público. Se trata de hacerlo más trasparente, eliminando el muro de la calle Cartagena. Se hará también un paso peatonal desde Cartagena a Torrent d'en Melis, se rehabilitarán los espacios respetando los elementos que ya existen, como esculturas, bancos de piedra, etc".

El proyecto ya se encuentra en fase final y "está previsto que las obras de remodelación de los jardín den comienzo en el primer trimestre del año próximo y duren aproximadamente un año", asegura Vicente.

Con ello se verá satisfecha una reivindicación de los vecinos del barrio, que durante mucho tiempo temieron que la espléndida casa y los enormes jardines fueran pasto de la especulación urbanística y se perdiera para siempre un lugar emblemático del barrio. La firmeza de Nuria Pla lo impidió y la tenacidad de la fundación que lleva el nombre de su padre ha permitido ver cumplido el sueño de aquella extraordinaria mujer.

Los jardines ofrecen una vista impresionante sobre Barcelona. / CR