¿Ha cambiado Ada Colau? ¿Ha cambiado Barcelona en Comú (BeC)?  Hay una cosa cierta: algo está cambiando a marchas forzadas en las filas de la formación morada. La alcaldesa, que tiene detrás el márketing diseñado por su consorte, Adrià Alemany, no vive sólo de política. Ante unas elecciones municipales que serán muy reñidas y broncas, Colau no desatiende la faceta menos seria de la política. No todo son consignas militantes y dedica una parte del tiempo para la estampa social: en la jornada de votación, por ejemplo, la alcaldesa colgó en las redes sociales las selfies que se hizo con las apoderadas de BeC en el colegio electoral donde acudió para depositar su voto.

BeC también dejó de lado por primera vez el veto a la Feria de Abril, la que quiso hacer desaparecer el primer año de gobierno morado en Barcelona. En el 2016, los organizadores de la popular feria ya avisaron que posiblemente sería la última que se celebraría en Barcelona debido a las trabas que ponía Colau y su equipo de gobierno a la celebración de esta efeméride en la capital catalana.

La intención de BeC era reducir a la mitad las casetas de la Feria con el objetivo de arrinconar un evento que, a primera vista, es un escaparate del voto españolista. Y eso ponía de los nervios a los más cercanos colaboradores de Colau, como Jaume Asens o Gerardo Pisarello.

UN GUIÑO AL VOTO ESPAÑOL

Pero desde entonces ha llovido mucho y ahora resulta que BeC ha plantado tienda en la propia Feria de Abril: por primera vez, el partido morado tuvo caseta en el corazón de la jarana andaluza. Podemos ya sufrió un varapalo en las andaluzas. Luego, en las generales. En las locales puede llegarse a la catástrofe, con la caída de Barcelona. Y sin el voto andaluz, Podemos lo tiene más crudo no sólo en la capital catalana, sino en todo el cinturón rojo. Se trata de un voto que se ha sentido maltratado por Colau y los suyos a lo largo de estos años. Y con las elecciones a la vuelta de la esquina, la alcaldesa (y BeC por extensión) quiere congraciarse contra los que hasta hace poco consideraba enemigos.

La acidez de las relaciones de Colau con los otros grupos parlamentarios contrasta con la indisimulada pretendida franqueza y cordialidad que respira la alcaldesa hacia otros colectivos sociales desde hace algunas semanas. Tras la aparición del reggaeton Ada is in da house (que algunos achacaron directamente a su equipo de campaña), la propia alcaldesa se dirigió a ellos desde su cuenta de Twitter: “¡Me encanta Ada is in da house y me encantaría conoceros! Bailando y con sentido del humor se vive mucho mejor”, escribió la candidata. Un guiño a una crítica que no es tal, ya que el vídeo tiene trampa: explica como si fuese desde fuera las propuestas y los principales ítems ideológicos del programa de BeC.

LAS DOS CAMPAÑAS DE BeC

Fuentes cercanas a la alcaldesa reconocen que la presencia en la Feria de Abril de Barcelona fue una jugada estratégica, pero matizan el volantazo en la estrategia. “Seguimos en la misma línea: pisar mucho la calle, incidir en el puerta a puerta, conocer lo que quiere el ciudadano y dar respuesta a sus necesidades”, subrayan fuentes de BeC a Metrópoli Abierta.

Otra fuente consultada por este diario señala que la alcaldesa “no da puntada sin hilo”, y subraya que “tiene una gran inteligencia intuitiva. Sabe lo que quiere en cada momento y sabe transmitir. Lo que nos puede chocar en un momento dado tiene un motivo, no está improvisado en un momento”.

De todos modos, hay que diferenciar entre la campaña de imagen de la alcaldesa y la campaña política de BeC. La del partido es la que pone las propuestas programáticas encima de la mesa. Paulatinamente, Colau y su equipo las irán desgranando sectorialmente durante los próximos días. La campaña de imagen es otra cosa y ahí es donde se centra una estrategia de comunicación que quiere vender a una alcaldesa cercana a la ciudadanía, campechana y transparente. Es la que presenta a la Ada actriz, la del Youtube, la del populismo buenista. La Ada que había estado ausente durante 4 años.