Ada Colau nunca ha tenido buenas sintonía con los sectores económicos de la ciudad. Ni con las grandes ni con las pequeñas empresas. Tampoco con el Gremio de Restauración ni con el Gremio de Hoteles. Y sus últimas medidas han suscitado un gran malestar.

Colau quiere multiplicar por cuatro las tasas que actualmente pagan los restauradores para instalar una terraza en la vía pública. Este incremento del 400% amenaza a muchos locales de Ciutat Vella, Eixample y Gràcia.

LAS ALTERNATIVAS

La medida tendrá unas consecuencias nefastas. Los restauradores están contra las cuerdas y solo tienen dos alternativas para sobrevivir: subir precios o bajar la calidad. O ambas cosas a la vez.

Esta medida perjudica claramente a los restauradores, pero también a los barceloneses, que deberán pagar más por menos. Colau, está claro, quiere que sean los turistas quienes paguen el pato. En vez de generar sinergias positivas, la alcaldesa es una amenaza para todos. Con ella, las tapas serán más caras y peores en Barcelona.

Bares y restaurantes lo han pasado muy mal en los años de la gran crisis económica. Desde 2015 solo han encontrado trabas por parte de la administración local. Colau, permisiva con el top manta, ha impuesto muchas sanciones a estos establecimientos. Y sus propietarios lo tienen claro: menos terrazas es igual a menos puestos de trabajo. Ahora, en 2019, la subida de las tasas es otro golpe mortal. 

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