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Cuerpo de serpiente, garras de león, alas de águila y fuego entre las fauces... El dragón es un animal fantástico muy presente en la mitología de diversas culturas, aunque con representaciones, simbología y significados diferentes. En Oriente es una figura vinculada al bien; representa lucha, fuerza y es visto como un guardián, poderoso y sabio que ayuda a mantener el orden que lleva al inicio de un universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. En Occidente, en cambio, el dragón va unido al mal, es considerado un animal indomable, peligroso, que representa a los espíritus malévolos.

Perteneciente al imaginario popular, el dragón es una de las bestias fantásticas más representadas en todo el mundo. Cataluña es un buen ejemplo de esta atracción por los dragones. En especial su capital, Barcelona, bautizada por muchos como “la ciudad de los mil dragones”, ha resultado ser un fantástico coto para los cazadores de este mítico animal.

Dicen que los primeros dragones “llegaron” a territorio catalán en el siglo XV, junto a la leyenda de Sant Jordi, una de las historias que se esconden detrás de la popular tradición con la que se celebra el 23 de abril en Cataluña.

UN PATRÓN DE LEYENDA

Lo cierto es que la imagen de aquel caballero protagonista de la leyenda, mártir cristiano para más inri, caló tan hondo que, en 1456, fue declarado patrón de Cataluña. Pero no fue tanto su perfil religioso, sino más bien su heroica gesta de dar muerte al dragón a punto de devorar a la bella e inocente princesa, lo que le convirtió durante la Edad Media, en uno de los mitos más extendidos por toda Europa. Y como en toda historia no hay bueno sin malo ni héroe sin villano, el malvado dragón también encontró un lugar destacado y echó raíces en la tradición, la cultura y el arte.

Solo en Barcelona se han identificado más de 400 ejemplares de esta fantástica bestia en elementos artísticos y arquitectónicos. Y lo cierto es que, si bien la Barcelona intramuros, aquella encajonada entre las murallas podría haber sido perfectamente el escenario ideal de la leyenda de Sant Jordi, la mayoría de dragones se concentran fuera de las antiguas murallas, en el Eixample.

Lógico, teniendo en cuenta, que fue en esta zona por donde se extendió la ciudad cuando, tras el incremento de la población debido a la revolución industrial obligó al derribo de las murallas bien entrado el siglo XIX. Se abrió la veda y proliferaron los edificios al gusto de la corriente modernista de la época. No es de extrañar que desde ese momento, las construcciones dieran cobijo a todo tipo de dragones, pues la leyenda de Sant Jordi fue muy utilizada dentro de la iconografía modernista, muy atraída por la figura del dragón debido a su origen mitológico y su conexión con un pasado medieval.  Además, la representación de estas bestias fantásticas está cargada de un gran simbolismo y es un claro reflejo de las ideas de la Renaixença: mitología, historia, religión y una revalorización de la cultura catalana.

Con alas y sin ellas, de forja, piedra, vidriera o trencadís, con Sant Jordi y su lanza o solos, en parejas o en grupos... los dragones y saurios que custodian Barcelona pueden encontrarse en todos los tamaños y colores, trepando fachadas con sus garras afiladas, bajo cornisas y balcones, o tomando el sol como las lagartijas. En cornisas, balcones, puertas e incluso en lámparas o picaportes...  Cayeron las murallas y las bestias salieron de su escondrijo para conquistar la parte nueva de la ciudad.

PRIMERA PARADA, PASEO DE GRÀCIA

Los dragones avanzaron por paseo de Gràcia, conquistaron sus 61 metros de sección -solo nueve menos que la primigenia avenida de los Campos Elíseos de París, y sus 1,6 kilómetros de longitud, se aliaron con la élite burguesa en el tramo conocido como la “Manzana de la discordia”, esa en la que los tres arquitectos más prestigiosos y vanguardistas del modernismo construyeron, casi rivalizando en belleza, tres majestuosos palacios: la Casa Lleó Morera, la Casa Amatller y la Casa Batlló.

La Casa Lleó Morera, en el número 35, es el resultado de un encargo recibido en 1905 por Lluís Domènech i Montaner para reformar el lugar que ocupaba la antigua Casa Rocamora. Considerada una de las mejores obras modernistas por la intensa aportación de 40 artistas y artesanos de la época, fue víctima del odio que los novecentistas profesaban hacia el estilo anterior. Los dragones la han protegido desde la fachada, montando guardia desde el principio entre las arcadas de la casa. Además, tenían refuerzos muy cerca.

Pared con pared, en la entrada principal de la Casa Amatller, en el número 41, entre dos puertas asimétricas, destaca  a escultura de un dragón a punto de ser aniquilado por lanza de Sant Jordi, obra del escultor Eusebi Arnau. No es la única bestia que se oculta en esta otra joya modernista, proyectada en 1900 por Josep Puig i Cadafalch que ideó como encargo, para el industrial chocolatero Antonio Amatller, un palacio urbano resultado de la combinación del gótico catalán y el estilo flamenco. Merece la pena detenerse a ‘cazar’ dragones en la fachada, entre los arcos de la puerta y en la forja que adorna las lámparas de vidrio del vestíbulo.

Casa Amatller
Fachada de la Casa Amatller

Solo si el ojo está lo suficientemente entrenado podrá encontrar el dragón más grande de Barcelona, que se oculta en el solar contiguo, en el número 43 del paseo de Gràcia. Antonio Gaudí, el arquitecto más laureado del modernismo proyectó en 1906 la Casa Batlló como la representación en sí de la fantástica y mítica bestia protagonista de la popular leyenda de Sant Jordi. El diseño de la azotea, con sus sinuosas formas, revestidas por las piezas de cerámica de diversas tonalidades y con forma de escamas, recuerdan el lomo de un gigantesco dragón. Un magnífico ejemplar atravesado por la lanza de Sant Jordi, simbolizada por la torre de aguja en forma de cruz que corona el edificio.

Azotea de la Casa Batlló
Casa Batlló / MA

EJEMPLARES DE ZONA ALTA 

Sin duda, fue Antonio Gaudí quien utilizó la figura del dragón y las leyendas que lo mitificaron en sus obras más destacadas, y dándole un protagonismo sobre la ciudad. Quizá con la casa Batlló creó el dragón más grande de Barcelona, pero el más fiero de estas bestias legendarias creadas por Gaudí es la de hierro forjado que defiende la entrada de los pabellones de la Finca Güell, en la avenida de Pedralbes número 7, construida en 1887 por el arquitecto. Con sus cinco metros de envergadura, tiene alas de murciélago y, con sus fauces entreabiertas y sus ojos de cristal, representa a Ladón y hace de guardián del Jardín de las Hespérides, vencido por Hércules, según narra el poema La Atlántida, de Jacint Verdaguer, que el escritor había dedicado al marqués de Comillas, suegro de Güell.

Un bello ejemplar, aunque no tan fotografiado como el colorido dragón de trencadís que preside la entrada principal del Parque Güell y que representa a Pitón, la serpiente del templo del oráculo de Delfos que, según la mitología griega, cayó muerta a manos de Apolo. Este la enterró en el sótano del templo, lo que terminó convirtiéndola en protectora de las aguas subterráneas.

Más allá del paseo de Gràcia, sin salir del Eixample, otras bestias descansan agazapadas en otra de las grandes arterias de la ciudad. En el 373 de la Avenida Diagonal destaca con ciertos humos de inspiración plateresca el Palacio del Baró de Quadras, otra remodelación llevada a cabo por Puig i Cadafalch en 1906. Su fachada de piedra está esculpida con esculturas que casi tropiezan unas contra otras. Y entre esta recargada ornamentación, en la esquina izquierda pueden distinguirse la imagen de la legendaria hazaña de Sant Jordi, y junto a la puerta de entrada la de un solitario dragón.

Baró de Cuadras
Baró de Quadras

Un año antes de esa remodelación, en 1905, el mismo arquitecto fue el artífice en números 416-420 de la misma avenida de la Casa Terradas, más conocida como la Casa de les Punxes, por las seis torres coronadas por agujas de forma cónica que presiden el edificio, conferiéndole el aspecto de un auténtico castillo de cuento de hadas medieval. Un truco arquitectónico con la intención de rememorar un pasado glorioso, como el guiño en forma de colorido plafón cerámico que luce en lo más alto de la fachada trasera, con la imagen del caballero Sant Jordi, triunfante sobre la abatida bestia bajo la inscripción “Sant Patró de Catalunya, torneu-nos la llibertat”.

En Rambla de Catalunya 126, apenas dos años antes, en 1903, el mismo Puig i Cadafalch levantó un palacete renacentista para Pere Serra. Pero este, descontento con el resultado, no llegó a habitarlo nunca, de manera que aquel proyecto, tildado de “despropósito arquitectónico”, no fue más que el preludio, un ensayo de lo que acabaría siendo la Casa Terradas. En la fachada de este edificio que hoy acoge la Diputació de Barcelona, destaca un expresivo alto relieve en el que Sant Jordi y el dragón se miran muy de cerca, y dónde no prevalece ninguna de las dos fuerzas antagónicas.

LA RESERVA DE CIUTAT VELLA 

Pero la caza del dragón modernista no se detiene en el Eixample. Ya hemos visto dos ejemplos fuera de esta zona, en Pedralbes y el Parque Güell, y ahora es el momento de trasladar el coto de caza a Ciutat Vella.

Y en esta reserva de vestigios fantásticos destaca la Casa Bruno Cuadros, en el número 82 de la Rambla. El edificio, pionero del Modernismo catalán, data de 1858, el mismo año en el que un comerciante llamado Bruno Cuadros i Vidal instaló su modesto negocio de paraguas, abanicos y mantones en la parte baja. Y le fue tan bien que, en 1883, compró los pisos superiores y encargó al arquitecto Josep Vilaseca i Casanoves la decoración y reforma de todo el inmueble. Vilaseca, que acababa de volver de un viaje a Japón, dejó volar toda su inspiración oriental tanto el interior como el exterior del edificio. Decoró la fachada con vistosos esgrafiados orientales, paraguas abiertos, faroles y abanicos. Y para que custodiara y protegiera el negocio diseñó un enorme dragón de tres metros y 250 kilos, un magnífico ejemplar de zinc pintado (aunque muchos piensen que es de hierro forjado) que, aunque sin alas, sobrevuela la esquina, adornada la cola con un folclórico abanico abierto, y sujetando en sus patas delanteras un enorme farol.

Dragón de Casa Bruno Cuadros
Dragón de Casa Bruno Cuadros

Desde este punto, es una buena opción adentrarse por las callejuelas del gótico hasta alcanzar Portal del Àngel y, desde allí, acceder a la calle de Montsió número 3, donde se alza la Casa Martí, otro edificio modernista construido por Puig i Cadafalch en 1896 por encargo de la familia política del industrial textil Francesc Vilumara. En su planta baja se encuentra la taberna Els Quatre Gats, epicentro artístico y cultural de Barcelona entre 1897 y 1903, por donde desfilaron personajes tan ilustres como Ramon Casas, Santiago Rusiñol y Pablo Picasso. Y ahí está, en el ángulo que forma la fachada de la calle Montsió con la del pasaje del Patriarca, bajo la peana en la que reposa la imagen de San José, en un relieve que pide a gritos atención, un Sant Jordi se enzarza en una lucha infinita e inserta su lanza entre las fauces abiertas de un fiero dragón sin alas enroscado sobre sí mismo.

Dragón en la Forja del bar Quatre Gats
Dragón en la forja de la taberna Quatre Gats

Con alas o sin ellas, de piedra o de forja, con Sant Jordi o sin él, estos son solo algunos de los ejemplares de dragones modernistas más conocidos en la ciudad, pero hay otros muchos de la misma época y de otras, anteriores y posteriores, que se ocultan por toda Barcelona, algunos identificados y otros que esperan a ser descubiertos. Bienvenidos a la ciudad de los mil dragones; bienvenidos al más fantástico coto de caza.

DESPIECE:

La historia que hay detrás de Sant Jordi: una costumbre que mezcla tradiciones de distintas épocas.

·  El patrón Sant Jordi. En el santoral está fijado el día 23 de abril como el día de Sant Jordi o San Jorge. Éste habría sido un soldado romano de Capadocia que se convirtió en mártir como seguidor de Cristo que se enfrentó a la teología romana en los primeros siglos de nuestra era. En las reuniones cristianas se leían las crónicas sobre estos mártires coincidiendo con el día de los aniversarios de su muerte. A mediados del siglo XV las Cortes Catalanas oficializarían su patronazgo generalizando la festividad de este día con la celebración en el Born de torneos, justas y otros juegos de armas en honor del patrón de los caballeros. La bandera de Barcelona incluye dos cruces de San Jordi junto con las barras de la Corona de Aragón.

·  Leyenda de Sant Jordi y el dragón. Por otro, cuenta la leyenda que en Montblanc (Tarragona) un feroz dragón tenía atemorizada a la población que le ofrecía sacrificios humanos para calmar su ira. Los asustados habitantes establecieron un sorteo para ir seleccionando a las víctimas y un día le tocó a la princesa. Cuando se dirigía hacia el dragón, un caballero se interpuso entre ambos y atravesó al dragón con su espada. De su sangre brotaría un rosal de rosas rojas del que Sant Jordi cortaría una flor para dársela a la doncella rescatada.

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