Construido entre los años 1905 y 1930, el recinto modernista de Sant Pau es considerado una de las grandes obras del modernismo catalán. Su arquitecto fue Lluís Domènech i Montaner y partía con una idea muy clara: diseñar un espacio que actuara al mismo tiempo como casa y como jardín para todos los enfermos que se encontraban allí ingresados. 

Desde su construcción, y hasta la actualidad, su funcionalidad se ha ido deslizando hacia convertirlo en uno de los atractivos turísticos más importantes con los que cuenta la capital catalana, especialmente entre todos los amantes de la arquitectura. Su creador es considerado, junto a Antoni Gaudi, una de las grandes voces de esta corriente arquitectónica.

PATRIMONIO MUNICIPAL POR LA UNESCO

Este edificio nació con la idea de descongestionar el hospital de la Santa Creu, en el barrio de El Raval. El ayuntamiento de Barcelona, en pro de proporcionar un mejor servicio a sus habitantes, confió en este edificio como espacio para cubrir las necesidades a nivel sanitario con las que contaba la Ciudad Condal. 

Tras su construcción, su impacto fue tal que la propia UNESCO decidió distinguirlo como Patrimonio Mundial en el año 1997, especialmente como consecuencia de su valor arquitectónico y artístico. Desde entonces, sus pabellones y todas las habitaciones de su interior fueron adquiriendo nuevos usos. Actualmente, las instalaciones de este recinto actúan como sede de diferentes organismos, como el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas o el Instituto Forestal Europeo, entre muchas otras. 

EL JARDÍN, SU PRINCIPAL ATRACTIVO

Uno de los principales reclamos con los que cuenta este recinto es su jardín, repleto de zonas para descansar y de diferentes tipos de plantas y árboles frutales. Inicialmente, la construcción de este jardín era convertirlo en un espacio terapéutico en el que todos los pacientes pudieran acudir a descansar, relajarse y desconectar de su rutina diaria. 

La construcción de jardines en edificios modernistas era una de las señas de identidad de la burguesía catalana. Sin embargo, llamaba la atención que en este caso fueran los propios pacientes del hospital los que pudieran beneficiarse de este tipo de comodidades, ¡y todo completamente gratis!